Manuel Cepeda, la flecha en el blanco

Esbozo biográfico del último senador de la UP, asesinado el 9 de agosto de 1994

Manuel Cepeda, dirigente del Partido Comunista y senador de la Unión Patriótica (UP)

Manuel Cepeda, dirigente del Partido Comunista y senador de la Unión Patriótica (UP)

Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

Pocos periodistas colombianos han logrado mantener una columna de opinión durante tantos años. La flecha en el blanco, firmada por Manuel Cepeda, nació en 1960 en las páginas del semanario comunista Voz, cuando este político de la izquierda contaba 30 años.

Solo desapareció de la escena editorial del país con su muerte, el 9 de agosto de 1994, tras 34 años de terca presencia semanal. Escribió más de 1.600 columnas caracterizadas por la condena más radical a las injusticias sociales y siempre insistiendo por una salida política al largo conflicto armado colombiano.

Quienes acallaron su voz con un pistoletazo que retumbó en todo el país aquella mañana del 9 de agosto, cerca a Banderas, a unas cuadras de su casa en el popular barrio Kennedy de Bogotá, integraban un escuadrón de agentes del Estado que cumplía al pie de la letra la Operación Tiro de Gracia que pretendía acabar de una vez con la Unión Patriótica.

Habiéndose posesionado como senador el 20 de julio de 1994, solo pudo actuar 18 días. Sin embargo, ya tramitaba un proyecto de ley sobre la búsqueda de la paz poniendo en acción todos los mecanismos del Estado.

Cepeda era el último senador de esta organización que llegó a contar con 12 parlamentarios desde su fundación, tras los acuerdo de Cese al Fuego, Tregua y Paz entre el gobierno de Betancur y las FARC en 1985.

El joven movimiento, que se presentaba como una real alternativa política en el país y que mostraba un sólido crecimiento electoral, sufrió el embate de la intolerancia: en menos de una década ya habían sido asesinados más de tres mil de sus cuadros y militantes. Entre ellos dos candidatos presidenciales, nueve congresistas y decenas de diputados, concejales y alcaldes.

¿Pero, quién era Cepeda? Manuel Cepeda nació en Armenia el 13 de abril de 1930 y tras hacer su secundaria en aquella ciudad cafetera, se trasladó a Popayán a cursar estudios de abogacía en la Universidad del Cauca.

En 1952, a sus 20 años, en plena dictadura de Laureano Gómez, decide ingresar a las filas del ilegalizado Partido Comunista Colombiano. “Era la única salida en medio de tantas frustraciones”, confesaría después. En ese año bandas criminales de la ultraderecha habían asesinado en Cali al popular dirigente de lo destechados Julio Rincón, en medio de la indiferencia nacional y bajo el clima de terror predominante.

En 1958 llega a Bogotá, en plena época del Frente Nacional. El Octavo Congreso del Partido Comunista lo elige al Comité Central y lo destina a reorganizar la Juventud Comunista (Juco), desmantelada por tantos años de represión. Era un estupendo orador haciendo vibrar los auditorios con un tono de voz bien atemperado.

A sus 26 años se convierte en el secretario general de la Juco, cargo que deja en 1964 tras una destacada labor y con presencia de la organización juvenil en todo el país. Acompañó al padre Camilo Torres en varias de sus giras por el país. En 1960 forma su hogar con Yira Castro, ella de 18 años y dos de militancia en la organización juvenil del partido.

En 1963 nace su hijo Iván, elegido en las elecciones de marzo de 2010 como representante a la Cámara. Dos años después nace María. Su esposa Yira Castro trabaja en la redacción de Voz de 1960 a 1966.

En febrero de 1964 Cepeda realiza un reportaje a varios dirigentes campesinos de Marquetalia, región que era objeto de una ofensiva mediática calificada como una “república independiente” que había que eliminar. Por estos reportajes Cepeda es puesto preso y permanece en la cárcel cerca de seis meses. En prisión, escribe un libro de poemas dedicado a Yira: “Vencerás Marquetalia”.

Sale para La Habana en 1966, junto con Yira, a representar al PCC en la OLAS. En el Museo de la Revolución Cubana es uno de los pocos dirigentes que aparece en una foto de la época de las jornadas de solidaridad con Cuba, hablando en un mitin en Bogotá.

A finales de 1967, parte de Cuba con su compañera Yira Castro y sus dos pequeños hijos a Praga a trabajar en la revista Problemas de la Paz y el Socialismo. Yira entra a colaborar en las tareas del secretariado de la Unión Internacional de Estudiantes (UIE).

Regresa a Colombia a comienzos de 1970 y es nombrado como director del semanario Voz Proletaria, después Voz, en reemplazo de Álvaro Mosquera, quien precisamente lo había reclutado en la época de Popayán. Mosquera, de 82 años, aún vive y continúa en las filas comunistas.

Yira, a su regreso con Manuel a Colombia en 1970, pasa al partido y en 1980 es elegida como concejal de Bogotá. Yira muere prematuramente a sus 39 años el 9 de julio de 1981.

Cepeda se retira de la dirección de Voz en 1989, tras 19 años continuos al frente del semanario; en 1990 es electo a la Cámara de Representantes por Bogotá. Uno de sus más memorables debates lo da contra la ley 100, enfrentándose con el ponente de la misma, el también representante Álvaro Uribe Vélez.

En la Cámara de Representantes, Cepeda logra sacar avante su proyecto de ley de la cultura, hoy una de las piezas claves en este campo. En 1994 sale elegido al senado con una de las más altas votaciones, siendo el último congresista de la UP.

El 8 de agosto, un día antes de su muerte, fue anfitrión del presidente Fidel Castro en un acto que contribuyó a organizar con numerosos sectores populares en uno de los salones del Hotel Tequendama. Castro había asistido el 7 de agosto a la trasmisión del mando al presidente Ernesto Samper.

Como periodista denunció el crimen del padre Ulcué y destinó para ello varias separatas.

Recortaba un sinnúmero de artículos de la prensa y disponía de un inmenso tarro de colbón con una espátula, y pegaba los recortes en hojas y hojas; almacenaba tantos recortes y los periódicos de otros partidos comunistas que sumaban tomos enteros y eran materia de su consulta para abordar temas. Su escritorio era una verdadera montaña de papeles y documentos y no permitía que nadie le tocara uno solo.

Cepeda alternaba perfectamente la dirección de Voz, la redacción, el periodismo y la dirección política del partido, pues desde 1960 era miembro del comité ejecutivo nacional. Hacía entrevistas, reportajes y crónicas y cuando le correspondía por el ejecutivo, redactaba el editorial. Había veces que se quedaba a dormir en su despacho de Voz pues allí tenía un sleeping bag por si lo cogía la noche.

Dirigía el Festival de Voz, que creara en 1979, y era el alma de los mismos. De disciplina férrea, exigía a todos cumplir con las tareas con mucha firmeza y vehemencia, pero pasado el mal rato, volvía a su espíritu jovial con una amplia sonrisa y una que otra broma, congraciándose de nuevo con sus colegas de la redacción.

Fue artífice del montaje de las dos grandes rotativas de Voz provenientes de la República Democrática Alemana; la última, un gigante de dos pisos, cuando imprimió su primer número en 1985, llena de luces asemejándose a una nave, y con el ruido de sus máquinas, hizo que Cepeda refiriera a ella diciendo: “zarpa este nuevo barco de la verdad del pueblo”.

Voz era el vocero de la UP y llegó en esos años de agitación bajo la dirección de Cepeda, a tirar 60 mil ejemplares a la semana.

Cepeda creó, entre otras, la muy leída sección El pueblo uniformado también es explotado, y le abre las puertas del semanario al coronel Hugo Ferreira quien fue injustamente destituido por sus posiciones críticas en la Policía.

Le tocó, como director, hacerle frente al grave atentado a la editorial Colombia Nueva donde se imprimía el semanario y sede de la redacción, en el occidente de Bogotá y a un aparatoso allanamiento del DAS a Voz que duró toda una mañana de 1988.

Siendo director tuvo que enfrentar la censura de Voz bajo el gobierno de Misael Pastrana, en dos periodos: marzo de 1971 y octubre de ese mismo año, pero se las ingeniaba para sutilmente dejar su posición duramente crítica al régimen. Por ejemplo, como había que divulgar en primera página y bien destacado el paro cívico nacional del 20 de marzo de 1971 y como la fecha coincidía con la definición del título mundial de boxeo de los pesos pesados, entre Casius Clay y Sony Liston, Cepeda acogió la propuesta de un redactor de poner un par de guantes de box, uno rojo y otro negro con un gran titular: 20 de marzo Gran choque y un texto sutil que engañó a la censura.

Contrario a lo que algunos sectores señalan, Cepeda siempre fue partidario de darle tribuna a otros sectores políticos, como Vásquez Carrizosa, y aceptó, por ejemplo, una entrevista muy destacada con Misael Pastrana y otras figuras no comunistas como Gerardo Molina, el general Matallana, y propició todo el despliegue posible a la UP con todas sus vertientes.

Cepeda, y lo demuestran sus escritos -radiografía de su pensamiento político-, mantuvo siempre una línea afín a la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado interno y saludaba todas las iniciativas en este sentido.

En junio pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el crimen de Manuel Cepeda y ordenó una serie de medidas, como una declaración de perdón del presidente por el magnicidio.

En frente del sitio donde fue asesinado Manuel Cepeda se levantó un pequeño monumento con una obra donada para tal fin por el destacado maestro de la escultura Édgar Negret.

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