Fensuagro: La unidad es la clave

Eberto Díaz Montes, presidente de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, hace un balance de la Minga Nacional y sus perspectivas

Agencia Prensa Rural

–¿Cómo surge la Cumbre Agraria?

–Desde el 2013, con el gran paro agrario, convocado por diferentes sectores del movimiento campesino, comenzó la alerta máxima en cuestionamiento a las políticas neoliberales que se habían venido aplicando en el campo, la aprobación de los tratados de libre comercio, y toda la política anticampesina que se había venido desarrollando durante muchas décadas en el territorio nacional, agregada a la violencia histórica, la persecución y el señalamiento contra los campesinos.

Todo esto nos fue llevando a buscar la unidad entre quienes vivimos en el campo colombiano. Por eso nos dimos a la tarea de buscarnos, encontrarnos y organizarnos.

En el 2014 surge oficialmente la Cumbre Agraria. Ya en el 2013 habíamos hecho un proceso de lanzamiento, ante el Pacto Agrario que el Gobierno había decidido proponer como una salida al paro.

La Cumbre Agraria presenta un pliego de ocho puntos al Gobierno nacional. En el 2014 y 2015 nuevamente asumimos el reto de ir a movilizaciones ante el no cumplimiento del Gobierno y dijimos que el 2016 era el año de la movilización social, de la confrontación a las políticas neoliberales, y de la búsqueda de salidas concretas a la crisis estructural que vive el campo colombiano; en un momento político muy importante, en el desarrollo del proceso de paz entre la insurgencia de las FARC y el Gobierno, y las posibilidades de abrir también el diálogo con el ELN.

–¿Por qué se convoca la Minga?

–En el 2014 el Gobierno llegó a un acuerdo con la Cumbre Agraria, que se materializó a través de un decreto y la discusión del pliego de los ocho puntos. Finalmente, después de dos años de discusión con el Gobierno nacional, hemos visto que han existido estrategias de dilación de parte suya que han llevado al incumplimiento de la negociación.

El pliego busca políticas de choque para enfrentar el problema social, económico de las comunidades en el campo, pero también busca salidas de carácter estructural que le den solución definitiva a la crisis que vive el campo colombiano en materia social, política y económica, reivindicaciones que hemos exigido desde hace muchas décadas los campesinos, los pueblos indígenas y los afros que hoy estamos en la Cumbre Agraria.

Todo esto nos llevó a salir nuevamente a las carreteras, para decirle al Gobierno que estamos en pie de lucha, y que si no ejecuta las políticas que saquen de la crisis al campo colombiano, y saquen de la situación de empobrecimiento en que vive su población, pues no vamos a tener una paz satisfactoria, una paz digna.

Por eso surge desde la Cumbre la convocatoria a la gran Minga nacional, donde efectivamente hubo una participación masiva de parte de los campesinos, de los pueblos indígenas, de los pueblos afros, que se han visto afectados por todas las políticas que han venido implementando no sólo este Gobierno de turno sino los anteriores, y que ha sido lo que ha rebosado la copa para que los pueblos rurales hoy se manifiesten de manera directa a través de la toma de carreteras, a través de acciones sociales y políticas que digan que los campesinos siguen vivos y que queremos un campo con campesinos, no un campo sin campesinos como se viene proponiendo desde el Establecimiento.

–¿Cuál es el balance de la movilización?

–En el desarrollo de la movilización se manifestó una alta participación de las regiones: campesinos de más de 27 departamentos, organizaciones campesinas, de pequeños productores, organizaciones indígenas y afro, pero también sectores populares barriales, comunales, estudiantiles, los camioneros, sectores del movimiento sindical que estuvieron no solo acompañando sino ayudando a organizar la Minga Agraria en el país.

El resultado de la Minga en materia de violación de los derechos humanos por parte del Gobierno es de tres personas asesinadas, cerca de 200 heridos y centenares de detenidos que finalmente fueron puestos en libertad como producto de la negociación.

El Gobierno trató de llegar a las regiones para buscar las grietas y buscar acuerdos con las comunidades locales, pero la unidad al interior de la Cumbre posibilitó que cerráramos las intenciones del Gobierno de dividir. Afortunadamente las fuerzas que estuvimos en la Minga logramos consolidar nuestras posiciones políticas para defender los intereses del campo colombiano.

A partir del acuerdo, han comenzado a instalarse las mesas sectoriales donde se están discutiendo temas fundamentales como la relación campo-ciudad, las garantías y los derechos fundamentales de los campesinos y el tema de la minería.

Estamos proponiendo una moratoria minera, una reversión de los títulos mineros que se han hecho inconsultos. Estamos proponiendo la defensa de la economía campesina, de las semillas, y el rescate de la soberanía alimentaria.

Todas estas son las mesas que hoy se están trabajando y que esperamos que el próximo 22 de junio, en la reunión que vamos a tener con el presidente, se ratifiquen estos acuerdos y que finalmente el Gobierno, en su recta final, tome la decisión de concretar con marcos normativos todas las exigencias que estamos haciendo desde la Cumbre Agraria y desde la Minga que estuvo en movilización en estos días.

–¿Cuáles son las perspectivas del movimiento campesino en este momento?

–Fensuagro es una de las organizaciones que siempre ha luchado por la unidad popular, porque la unidad es pieza fundamental para lograr las grandes reivindicaciones sociales, económicas y políticas que necesita el pueblo colombiano. Por eso nosotros creemos en la unidad en la Cumbre Agraria.

Sabemos que hay fricciones. Siempre, en un movimiento tan diverso como la Cumbre Agraria, a veces hay posiciones distintas, pero también esa es la riqueza de la Cumbre Agraria, porque este movimiento ha surgido desde la carretera, desde la confrontación, y esa es la unidad que nosotros privilegiamos, porque es la que enfrenta al sistema.

Esa unidad, a pesar de sus posibles contradicciones, también tiene muchas posibilidades de ser el puente para llamamientos mucho más ambiciosos, que nos permitan también ir construyendo una convergencia social y política, que nos permita ir avanzando y ganar en la calle y -¿por qué no?- la posibilidad de tener un gobierno alternativo en el país.

Desde la Cumbre Agraria decimos sí al proceso de paz, pero también somos conscientes de que hay que enfrentar las políticas neoliberales que el Gobierno ha venido profundizando en medio del diálogo. Por eso es necesario que fortalezcamos espacios unitarios como la Cumbre Agraria, que nos permitan, en el posacuerdo, tener los caminos expeditos hacia la unidad popular que nos permita converger en procesos de transformación.

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