Brexit… ¿ahora qué?

El voto de permanecer en la UE habría sido visto por las élites financieras, políticos y medios de comunicación como una reivindicación de su desprecio hacia nosotros, los trabajadores y migrantes.

Logo de la campaña de la izquierda contra la Unión Europea, Left Leave.

Logo de la campaña de la izquierda contra la Unión Europea, Left Leave.

Paul Salgado
Sindicalista británico, exclusivo para VOZ

El voto británico a favor de salir de la Unión Europea es el resultado de la desigualdad inconcebible de la nación, la destrucción de la clase obrera, la glorificación de la élite financiera, y el repudio —de la condescendencia y el desprecio— de la élite política y los medios de comunicación hacia la gente del común. Ahora, nos corresponde a nosotros organizarnos y luchar por los derechos de las personas migrantes y trabajadoras.

Recordemos que el voto tuvo lugar porque un hombre de la aristocracia, conservador y de mente cerrada (David Cameron) quería fortalecer su posición como líder de un partido increíblemente mezquino y racista, para que pudiera permanecer en su posición de privilegio y estatus. El quería superficialmente ‘unir’ a los conservadores antes de las elecciones del 2015 con la promesa de que permitiría esta votación.

La votación se convirtió en una oportunidad para que otro hombre aristócrata, conservador y de mente cerrada (Boris Johnson) tratara de avanzar en su ambición mezquina y egoísta de tener el mismo privilegio y el estatus de Cameron, su antiguo compañero de clase de una exclusiva y engreída escuela privada para la élite.

Johnson se unió a Nigel Farage, el líder político de la pequeña burguesía de Gran Bretaña, los empresarios y estafadores blancos y racistas que odian a los sindicatos de los trabajadores, y quienes habían alcanzado un cierto grado de riqueza a costillas de los trabajadores británicos, y cuya preocupación era solo pagar menos impuestos y quebrantar los derechos que les quedaban a los trabajadores, aquellos que los conservadores no pudieron reducir a cenizas.

Los medios de comunicación británicos e internacionales de la élite han estado totalmente obsesionados con el odio racista y antiinmigrante despotricado por extremistas como Farage, y es verdad que Cameron y los conservadores son responsables de permitir que la xenofobia, el autoritarismo, el racismo y el fascismo encuentren cabida en su lucha interna, irresponsable y narcisista de quién conducirá su partido político.

Pero satanizar e invalidar a 17 millones de británicos de clase obrera como “racistas”, “ignorantes” o “sin educación”, como se han apresurado a decir los periodistas elitistas, revela más las maniobras de los medios de comunicación que las razones por las cuales tantas personas rechazaron el consejo de sus supuestos “superiores”.

Ningún reportero es “independiente” y nadie en los medios de comunicación tiene la capacidad alguna de informar sin favorecer una determinada opinión, y en ninguna parte es tan evidente como en la presentación del informe de esta votación cuál es la posición de los medios de comunicación de la élite. Los periodistas quieren que el statu quo continúe, pues este les da estatus y un sentido de superioridad que presumen y que viene de ser asociado a las élites financieras y políticas, y a las instituciones que protegen y perpetúan el orden imperante.

Esta identificación de los periodistas con las élites —demostrada con más fuerza en los últimos días por la prensa, de copiar los tuits de un puñado de políticos de la derecha del Partido Laborista que atacan al líder del partido en un patético intento de golpe, sin tener en cuenta a los 250.000 miembros del partido Laborista que votaron a favor de este líder— los ha dejado desesperados y sin entender por qué ellos están tan completamente fuera de contacto con millones y millones de personas en su propio país.

Los conservadores tomaron el poder hace 37 años y nunca lo han dejado. Incluso cuando los líderes políticos supuestamente responsables afirmaron adhesión a otro partido, la destrucción de las comunidades obreras y las industrias que en realidad hacen algo —y la glorificación de la élite financiera tratando a la nación como un casino no regulado, a la vez que esta no contribuía en nada a la sociedad— continuó.

Trabajadores del acero, estibadores, constructores de barcos, mineros, trabajadores de imprenta, trabajadores de las fábricas de automóviles, ferroviarios —igual que sus sindicatos, sus comunidades, sus familias, y su salud y su futuro— se hicieron añicos gracias a las mismas personas que exigían que los sobrevivientes de esta devastación votaran en apoyo de un statu quo marcado por una desigualdad inconcebible. Un statu quo que beneficia únicamente a los ricos, quienes han desmembrado esta sociedad, y quienes se han beneficiado de la miseria causada, para luego enviar las ganancias a sus bancos en las islas del Caribe.

Yo era un niño en medio de esta destrucción … los recuerdos que tengo no son de fútbol o de dibujos animados, sino de regresar de la escuela para ver, todas las noches, noche tras noche, durante un año, la película granulada teñida de naranja proveniente de las farolas que iluminaban a las huelguistas en la madrugada del día en un pueblo minero. La película muestra a la policía uniformada de negro, golpeando a hombres desarmados —hombres como mi abuelo, como mi padre— en el suelo sólo porque ellos trataban de defender sus trabajos, sus familias y sus comunidades.

Noche tras noche tras noche, y mi abuelo y mi padre viendo en silencio, la luz de la pantalla del televisor en sus rostros. Ellos no tenían que decirme ni una sola palabra para yo saber de qué lado estaba. Ni siquiera tenían que explicarme que había dos partidos de los cuales yo podía elegir.

Y ahora que los banqueros, jefes, el Financial Times, presidentes y reyes y un primer ministro del Partido Tory, exigen un voto para proteger su statu quo, no deberían sorprenderse cuando nuestra clase reversa su condescendencia y desprecio por nosotros, hacia ellos.

Note que casi no he mencionado el tema migratorio… porque este no es realmente el punto. Quisiera ser completamente claro: los trabajadores no tienen patria. No debería haber fronteras. Haitianos, bolivianos, afganos, angoleños, sudaneses, indios, indonesios, filipinos… todo el mundo debería tener el derecho de venir a mi país —las personas polacas, rumanas, alemanas blancas y cristianas son bienvenidas en mi país, y por lo tanto las personas sirias, iraquíes y libias árabes y musulmanes también lo son.

La migración de personas a través de continentes, océanos y fronteras no se puede detener, no importa lo que los racistas como Farage y Johnson reclamen —los seres humanos siempre han migrado y siempre lo harán— no importa cuántos de nosotros, los militares y la policía y los gobiernos intenten matar, obligándonos a atravesar desiertos y mares, soportando coyotes, camiones sin aire y barcos sobrecargados.

Es una locura afirmar que la UE es una fuerza progresiva en pro de los derechos de los migrantes. Relativamente son pocas las personas, en su mayoría blancos y cristianos, quienes actualmente pueden beneficiarse del derecho a la libre circulación —muchos de los trabajadores más pobres en cada estado miembro de la Unión simplemente no pueden permitírselo, a pesar de que tienen el derecho en papel.

Con el voto británico de abandonar la UE, tal vez esas personas que pueden darse el lujo de tomar ventaja de este derecho tendrán que obtener una visa —después de 2019, cuando el Reino Unido deje legalmente la Unión Europea— pero hay que recordar que es la Fortaleza Europa la que obliga, literalmente, a millones de migrantes (que no son tan blancos, y tal vez no cristianos) a soportar peores situaciones que hacer una cola para obtener una visa…

La Fortaleza Europa obliga a estos migrantes a arriesgar sus vidas en el mar y deporta a los que sobreviven… la promesa de la libre circulación no aplica a aquellos que más lo necesitan —los más pobres, los que huyen de la guerra y la persecución. Además de que los líderes racistas de las supuestas “democracias” dentro de la Unión Europea pueden romper esta promesa de libre movilidad a su propia voluntad y volver a imponer controles fronterizos en un intento de detener a los migrantes que estimen “indeseables” sin consultarle a sus propios ciudadanos.

La lucha por los derechos de los migrantes no comenzó con el voto del 23 de junio —se ha luchado con tenacidad y valentía durante décadas… los sindicatos han organizado a los trabajadores documentados e indocumentados, organizaciones de derechos han apoyado y defendido a los migrantes contra los jueces y los políticos, y comunidades han luchado contra los racistas, fascistas y nazis en las calles… todo durante el tiempo que Gran Bretaña ha estado en la Unión Europea.

En este sentido, nada va a cambiar con el voto de salida —depende de nosotros, como siempre ha sido, nuestro deber de luchar por leyes y actitudes más progresistas hacia los migrantes. No más de depender de la fantasía de que los gobiernos de derecha en la UE harán leyes un poco más favorables para los refugiados y migrantes… el voto de permanecer en la UE habría sido visto por las élites financieras, políticos y medios de comunicación como una reivindicación de su desprecio hacia nosotros, los trabajadores y migrantes.

Los ataques a nuestra clase, los intentos de dividirnos con la profundización de la desigualdad y cada vez más restricciones violentas contra los migrantes y los refugiados, se habrían intensificado de todas maneras, bajo un gobierno conservador fortalecido y firmemente posesionado en el poder hasta el 2020.

La votación de salir debe ser tomado como un voto en contra de consentir esto, y ahora tenemos la oportunidad de actuar. No somos pasivos, tenemos sindicatos, un partido Laborista, organizaciones comunitarias —entonces ahora tenemos la oportunidad de utilizar nuestra imaginación para tomar ventaja de una élite dividida, dispersa y destrozada, y luchar por la tolerancia, respeto y dignidad.

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