¡Cesó la horrible noche!

Júbilo en Colombia y en el mundo

El acto fue sobrio y corto a pesar de la solemnidad y el carácter histórico del acuerdo suscrito.

El acto fue sobrio y corto a pesar de la solemnidad y el carácter histórico del acuerdo suscrito.

Hernando López

El acto de celebración del acuerdo para el fin del conflicto armado en Colombia, realizado en el salón de Protocolo de El Laguito, en La Habana, Cuba, el pasado jueves 23 de junio, fue sobrio y corto a pesar de la solemnidad y de su trascendencia histórica a nivel planetario.

Contó con la participación de seis mandatarios latinoamericanos, los presidentes Raúl Castro Ruz de Cuba, Nicolás Maduro de la República Bolivariana de Venezuela, Michelle Bachelet de Chile, Enrique Peña Nieto de México, Danilo Medina de la República Dominicana y presidente pro tempore de la Celac, Salvador Sánchez de El Salvador, del Secretario General de la ONU Ban Ki-moon y altos funcionarios de las Naciones Unidas, del canciller del Reino de Noruega, Borge Brende y un numeroso destacamento de personalidades colombianas. Jaime Caycedo, Secretario General del Partido Comunista Colombiano, Aída Avella, presidenta de la Unión Patriótica e Imelda Daza, estuvieron entre los asistentes.

Los dos protagonistas principales fueron el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las FARC-EP Timoleón Jiménez, cuyos discursos fueron escuchados con atención por los participantes y por millones de personas en el mundo a través de la transmisión en directo por las cadenas de televisión en varios países. En Bogotá y otras capitales fueron instaladas pantallas gigantes para que los ciudadanos pudieran seguir paso a paso la histórica reunión. Adultos y jóvenes, hombres y mujeres, se unieron en un haz de voluntades para celebrar lo que fue calificado como el fin de la guerra en Colombia. El júbilo fue total.

Humberto de la Calle Lombana e Iván Márquez, así como los delegados de los países garantes, Cuba y Noruega, firmaron el texto del acuerdo, que de inmediato fue entregado en nota de estilo por el presidente Raúl Castro al jefe de Estado colombiano y al Comandante de las FARC-EP.

La otra cara de la moneda

En contraste, el ahora senador Álvaro Uribe Vélez y sus amanuenses rumiaban la derrota. Lo mismo hacía el procurador Alejandro Ordóñez, flamante representante de la sociedad, quien actúa en contra de sus intereses y de la paz que desea la gran mayoría de los colombianos. Uribe Vélez, con cara destemplada y sin mucho ruido, se dedicaba e recoger firmas contra la paz. “Uribe no fue capaz de derrotar militarmente a las FARC, ahora quiere hacerlo con firmas”, decía un tuiter que recorrió las redes sociales la semana pasada. Fue la otra cara de la moneda.

Luego de la lectura del Acuerdo Nro. 76 por los garantes de Cuba y Noruega, siguieron las intervenciones del Secretario General de la ONU, del presidente Raúl Castro, el comandante Timoleón Jiménez y el presidente Juan Manuel Santos. Este último estaba más sereno y distendido, diferente a la ocasión anterior cuando se presentó el acuerdo sobre víctimas en septiembre del año pasado, saludó sonriente al jefe de las FARC y le obsequió un “balígrafo”, una bala punto 50 convertida en bolígrafo con la leyenda: “Las balas escribieron nuestro pasado, la educación nuestro futuro”.

Pero el momento de mayor éxtasis fue cuando llegaron las intervenciones de Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez. Antes, Raúl Castro había dicho en medio de aplausos que “el proceso de paz no tiene vuelta atrás”. Ban Ki-moon resaltó el camino del diálogo y la paz con dignidad que se está logrando.

El último día de la guerra

El comandante de las FARC recordó a Marquetalia en 1964 cuando el ataque gubernamental cerró toda posibilidad de diálogo y empujó a la guerra a los campesinos que resistían al poder bélico del Estado con el respaldo de Estados Unidos. Respondió de forma tajante a quienes aseguran que las FARC llegaron vencidas a la mesa. “Ni las FARC ni el Estado son fuerzas vencidas”. Valoró el acuerdo logrado y dijo que “este sea el último día de la guerra”. Recordó que desde Marquetalia los guerrilleros plantearon los diálogos de paz. “Fueron varios y dolorosamente frustrados los intentos por conseguirlos, pero siguieron intentándolo una y otra vez, y hoy vemos los frutos de su persistencia(…)”.

Tal vez percibiendo futuras dificultades dijo: “El acuerdo final será la llave para dar vuelta a esta cerradura, pero requerirá de la organización y movilización constante de la gente por su cumplimiento, lo ponen de presente la insistencia oficial en la Zidres pese a lo pactado en La Habana, y al reciente Código de Policía que choca con el acuerdo de participación política suscrito en la mesa”, Instó a las Fuerzas Militares a trabajar juntos por la paz, la reconciliación y el desarrollo del país. Señaló que hay mucho por hacer en la causa de la democracia y el progreso social.

Un día histórico

El presidente Juan Manuel Santos dijo que “hoy es un día histórico para nuestro país”. Celebró que se hubiera llegado al fin de las confrontaciones, “sino que también se definió un cronograma preciso para que las FARC dejen las armas para siempre. Esto significa –ni más ni menos- el fin de las FARC como grupo armado”.

“¡Nos llegó la hora de vivir sin guerra! ¡Nos llegó la hora de ser un país en paz, un país con esperanza!” dijo con emoción. Prometió las garantías para la actividad política de las FARC. “(…)Como jefe de Estado y como colombiano defenderé -con igual determinación (a como los combatió)- su derecho a expresarse y a que siga su lucha política por las vías legales, así nunca estemos de acuerdo”. En clave de perspectiva el mandatario advirtió que “el fin del conflicto no es el punto de llegada. El fin del conflicto es el punto de partida para que construyamos juntos –unidos en la diversidad- un país donde haya espacio para todos”.

Tanto el mandatario colombiano como el Comandante de las FARC reconocieron que el camino será difícil. Faltan puntos por concretar y es menester lograrlo en corto tiempo sin la fatalidad del mismo. Cada quien asumiendo su papel y confiando en el apoyo popular. Con disciplina en ambas partes.

En este sentido, empezó mal el Gobierno, el afán del protagonismo empujó al ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, quien al día siguiente de la firma del acuerdo, expidió un comunicado de prensa donde fija la dimensión de las Zonas Veredales y campamentos cuando son temas aun en discusión.

Las FARC no ocultaron su inconformidad y dieron a conocer el siguiente comunicado, escueto y concreto: “Con sorpresa reciben las FARC-EP la lectura precipitada del Ministerio de Defensa sobre la dimensión de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización y campamentos, cuando la subcomisión técnica, que continúa reunida en La Habana, todavía no ha consensuado, en especial, el tamaño de los ocho campamentos. Estas conductas, sin duda, generan confusión en la opinión pública. A fin de no afectar lo que está en construcción con contenidos infundados, sugerimos al Gobierno procurar una vocería única”.

Cesó la horrible noche de la guerra pero falta camino por recorrer. En ello estará dedicada la mesa de La Habana en los próximos días. Hoy el país respira más tranquilo, aunque hay demasiados conflictos sociales que resolver y la superación de los mismos son parte de la construcción de la paz a la que se llamó en el acto de celebración en La Habana, Cuba. El Gobierno Nacional tiene la palabra.

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