Crisis capitalista: Retos de la izquierda

En lo corrido del presente año, se suman la baja del crecimiento del comercio internacional y las caídas de las bolsas de valores en el mundo, con los cuales, la crisis económica y política del capitalismo se acelera de manera peligrosa, lo que nos conducirá irremediablemente a una recesión económica profunda.

Represion - foto economia

No bien el capitalismo había disminuido levemente los efectos de la crisis económica del 2008, agravada por la crisis de la Unión Monetaria de Europa de 2011-12, cuando se evidencian en este momento claras señales de un nuevo agravamiento de su crisis económica. Desde principios del año inmediatamente anterior han venido apareciendo nuevos fenómenos económicos negativos que agravan los anteriores.

En lo corrido del presente año, se suman la baja del crecimiento del comercio internacional y las caídas de las bolsas de valores en el mundo, con los cuales, la crisis económica y política del capitalismo se acelera de manera peligrosa, lo que nos conducirá irremediablemente a una recesión económica profunda.

Se comparte la hipótesis de que la actual crisis económica del capitalismo tiene como causa más profunda el elevado aumento de la Composición Orgánica del Capital (C.O.C.) como producto del gigantesco desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado en nuestra época. Con esto, estamos diciendo que, fundamentalmente, la crisis económica estructural de largo plazo, generada a finales de la década de los sesentas del siglo pasado, la está determinando la utilización generalizada de las nuevas fuerzas productivas como la energía nuclear, la electrónica, las materias primas sintéticas, la computación y la informática, y la biotecnología, en los procesos de producción desde ese entonces.

Así, en la etapa actual, la utilización generalizada de la tecnología de punta basada en la computación y la informática en la automatización de los procesos productivos, ha venido provocando la actual crisis económica, con una tendencia al estancamiento y recesión económica, cada vez mayor.

Este proceso se inició en 1995, pero es a partir del 2010, cuando los EU, Europa, Japón y otros países altamente desarrollados, se estancan en su productividad. Lo que nos indica el inicio de un nuevo proceso de estandarización del límite máximo de desarrollo de las fuerzas productivas, ahora con las nuevas tecnologías en los procesos de producción utilizados por estos países capitalistas, está generando el proceso de estancamiento económico.

Esto no quiere decir que no existan los medios tecnológicos para revertir todos los problemas que presenta hoy día el capitalismo, sino más bien que dichos mecanismos tecnológicos no son rentables dentro de la limitada lógica de la acumulación de capital. Y también, porque esas soluciones tecnológicas ya existentes, chocan directamente con esa perversa lógica capitalista de relación del hombre con la naturaleza, que saquea, destruye y agrede a esta última como si fuese un reservorio inagotable y pasivo de recursos.

Otra manifestación de la aguda crisis económica mundial, es el explosivo crecimiento de la deuda externa de la mayoría de los países de la periferia, como el espectacular crecimiento, en todos los países, de la economía llamada ‘informal’, o ‘subterránea’. Pero también en la galopante pérdida del poder adquisitivo real de los salarios de las clases trabajadoras, lo mismo que en el desempleo creciente que caracteriza cada vez más a todas las economías del mundo. En el marco de esta crisis económica planetaria se presenta el proceso, lento pero indetenible, de la decadencia total de la hegemonía norteamericana, la que se prolonga claramente hasta nuestros días.

El olvido de la economía real

La hegemonía neoliberal norteamericana logró imponer una supremacía de las finanzas. La economía real quedó relegada a un segundo plano, absolutamente subordinada. Hoy en día, por cada dólar en funcionamiento en actividades económicas con alguna base material, existen 20 dólares colocados en el mundo financiero. Se bifurcaron los caminos de dos dimensiones que debían estar perfectamente sintonizadas en forma complementaria. El capital ficticio es el gran actor.

Según datos del Bank of America, desde el año 2007 los bancos centrales han creado 12,2 billones de dólares para comprar activos a entidades financieras. El objetivo de esta política monetaria no ha sido otro que tapar el gran agujero en el que se ha visto envuelto el sector financiero. Pero el parche no ha servido para reactivar la economía mundial tal como se había pregonado. Los resultados saltan a la vista. Todas las previsiones para este y los próximos años siguen siendo pesimistas.

¿Por qué son insuficientes o ineficaces estas políticas centradas en lo monetario para avivar la economía mundial? La respuesta está en la propia raíz del orden económico del capitalismo neoliberal. En tanto todas las fórmulas estén centradas en la política monetaria, en salvaguardar a la banca, la economía seguirá cojeando sin ningún tipo de indicio de recuperación.

El capitalismo parte de una premisa esencial: la concentración es la base para su patrón de acumulación. Actualmente, son 147 corporaciones las que controlan el 40% de la economía mundial. Estas “súper entidades” son conglomerados que abarcan diferentes dimensiones del universo económico global (financiero, comercial, productivo, etc.) llegando a controlar hasta el 80% de las cadenas globales de valor. El 1% de la población mundial posee tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante de la población mundial.

Esta concentración es más avanzada de la que existiera en el siglo pasado. El neoliberalismo, basado en una economía financiarizada globalmente y fragmentada geográficamente en lo productivo, es el gran responsable de esta involución desigual.

En el 2015, las empresas estadounidenses obtuvieron beneficios récord por un valor de más de 1,6 mil millones de dólares; de los cuales solo invirtieron el 31%. Dicho de otra forma: de cada 10 dólares que obtuvieron como ganancia, sólo se invirtieron 3, y los 7 restantes se acumularon en forma de patrimonio improductivo, ocioso, alejado de la economía real.

Esos 7 dólares se quedaron descansando sin ganas de producir. Grandes caletas de dinero no destinadas a ninguna actividad económica. Una cantidad cada vez más grande pero cada vez más ineficiente. Una suerte de abundancia inútil.

El actual capitalismo no es eficiente ni siquiera bajo sus propios criterios económicos. Acumula sin reinvertir. Pero además tampoco le gusta la competencia. Todo lo contrario. Cada vez más, existen gigantes corporaciones con alto poder de mercado impidiendo un verdadero grado de competencia.

Estamos en la era de las megafusiones entre corporaciones de alcance global. En 2015, las grandes empresas del mundo dedicaron 4,7 billones de dólares para comprarse entre ellas y crear conglomerados todavía más grandes (cifra récord en la historia mundial; un incremento de 42% frente al año anterior). Abusando de los eufemismos, a eso es lo que le llaman ser más competitivos. Lo que sucede realmente es que son más grandes porque se comen a las más chicas.

El capitalismo prefiere trabajar lo mínimo para ganar lo máximo. Puede que esta dinámica sea considerada como eficiente desde la perspectiva de la maximización del beneficio de unos pocos privilegiados. Es ineficiente ambientalmente, es inútil para mantener una demanda estable, es infructuoso para crear empleos con salarios dignos, ineficaz para aumentar sostenidamente la productividad.

Por lo tanto, es difícil comprender la situación mundial presente, sin considerar que atravesamos ahora una etapa que sólo se ha presentado muy excepcionalmente en la vida histórica de la humanidad, y que es la situación de una bifurcación histórica, y en este caso particular la de la crisis terminal del sistema histórico capitalista. Situación de verdadero caos sistémico y que es la clave explicativa del verdadero colapso terminal e irreversible que hoy vive todo un conjunto vasto de estructuras de nuestra propia sociedad, tales como la del Estado moderno, o la actividad misma de la política, o la lógica económica basada en la acumulación de capital, etc.

Vale la pena plantearnos el tránsito firme y decidido hacia el socialismo. Para lo cual, los socialistas deben con el conocimiento, dominio y utilización del enfoque y método filosófico científico comprender, por una parte, la crisis económica del capitalismo, y derivar un programa económico y político de transito de la sociedad capitalista a la socialista mediante una propuesta de modelo de desarrollo social. Resuelto esto, derivar, en consecuencia, una propuesta de estrategia política para acceder al poder político.

En el caso particular de América Latina la derecha viene tomando la iniciativa. Y en algunos lugares lo han logrado, aprovechando las debilidades y errores cometidos por diferentes gobiernos progresistas. ¿Qué va a pasar, en qué momento estamos, qué viene a futuro? No debemos asustarnos. Ni debemos ser pesimistas ante el futuro, ante estas batallas que se vienen. Marx, en 1848, cuando analizaba los procesos revolucionarios, siempre hablaba de la revolución como un proceso por oleadas. Nunca imaginó como un proceso ascendente, continuo, de revolución. Decía, la revolución se mueve por oleadas.

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