Palabra itinerante: Embrujos

No será fácil tener que soportar a Mariano Rajoy y sobre todo no será fácil soportar la chulería de sus portavoces. No se trataba de estas elecciones. Se trata de las próximas generaciones.

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Jaime Cedano Roldán

Los resultados electorales en España recuerdan de alguna manera los de aquellas elecciones en las cuales Álvaro Uribe ganó la reelección. Ningún escándalo le afectaba. El país estaba sumergido en la paramilitarización, la corrupción, los falsos positivos, los escándalos del DAS y cualquier otra cantidad de tropelías antidemocráticas, pero a Uribe todo le resbalaba. Situación similar se ha vivido con Mariano Rajoy y el Partido Popular. Nunca antes un partido había tenido tantos señalamientos procesales por corrupción. Ridículas las inconsistencias verbales del presidente candidato y la campaña electoral se clausuró con la noticia de que desde el Ministerio del Interior se fraguaban falsos positivos judiciales para desprestigiar a los opositores.

Y por el otro lado la ilusión estaba desbordada. La ilusión se mantuvo durante todo el domingo. Se vio en las sonrisas cómplices de los votantes con los apoderados del corazón en la credencial y alcanzó a llegar hasta el momento de las encuestas de pie de urna. Pero luego el desencanto. Esperemos que no llegue en muchos a la desmovilización, renuncias y ajustes de cuentas internas. La desilusión no puede ocultar los logros conseguidos. Ya quisiera cualquier partido de la izquierda europea tener el bloque parlamentario que se tiene ahora en España. Es aún muy temprano pero ya empiezan a escucharse los análisis. Quizás puedan tener algunos el sinsabor del desencanto.

Las redes sociales sirven para mantener encendida la llama en la propia casa pero no son suficientes para transformar un país. Las convergencias pactadas desde arriba así se hagan con referendos aprobatorios son insuficientes. Y una de las cosas quizás más importantes y determinantes: que sin movilización en las calles, ni indignaciones organizadas, la ilusión puede evaporarse en unos segundos.

Habría que agregar que los enemigos a derrotar tienen mucha fuerza, mucho poder y mucha astucia y en estas elecciones supieron manejar algo que aunque se diga que ya no existe lo sigue siendo y es la estrategia del miedo. Y convirtieron en credo lo del miedo a los radicales, a los populistas y a los inexpertos. Un discurso dicho y repetido sin descanso que tiene al final los resultados del Brexit como un potente e inesperado aliado.

El escenario que viene es muy interesante y propone un espacio con grandes probabilidades si se logra superar la derrota, si se organiza una oposición muy sólida en el parlamento y muy combativa en las calles. Un gobierno en minoría, un parlamento fraccionado y con alianzas posibles para reformas democráticas y mucha movilización callejera podrían ser más fructíferos pensando a largo plazo. No será fácil tener que soportar a Mariano Rajoy y sobre todo no será fácil soportar la chulería de sus portavoces. No se trataba de estas elecciones. Se trata de las próximas generaciones.

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