Sin arte ni poesía no puede haber un nuevo país

En el 26º Festival Internacional de Poesía de Medellín, diversas culturas resaltaron el papel de la tradición poética para promover el arte de la creación, el respeto por las diferencias, el fortalecimiento de la libertad de expresión, de pensamiento y de movilización.

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Comunicaciones Regional Antioquia

El pasado sábado culminó el 26º Festival Internacional de Poesía de Medellín. Una semana de diálogo constante con una apuesta por la paz y la reconciliación de Colombia desde la cultura.

En este Festival, diversas culturas del mundo con sus manifestaciones resaltaron el papel de la tradición poética para promover el arte de la creación, el respeto por las diferencias, el fortalecimiento de la libertad de expresión, de pensamiento y de movilización.

Alrededor de 100 poetas, músicos, diplomáticos y académicos provenientes de 36 países, junto a los ministros de cultura de Venezuela, Freddy Ñáñez y de Ecuador, Raúl Vallejo, apoyaron el papel renovador, transformador y revolucionario de la cultura desde el punto de vista del lenguaje y el diálogo.

El ministro de cultura de Grecia, Aristides Baltas, en un mensaje al Festival manifestaba como la cultura es un factor vital para la cohesión social, que orienta, moviliza y sensibiliza a los ciudadanos en favor los derechos humanos y el diálogo entre los pueblos.

Frente a la cultura de la muerte, impuesta en la ciudad, este Festival, con su escuela de poesía pretende a través del arte y la educación formar una nueva generación de colombianos dialogantes, con principios de justicia, dignidad y vida.

Y propone a los jóvenes artistas populares crear semilleros con apoyo de poetas con mayor experiencia vinculándolos a procesos pedagógicos con la infancia, a cadenas de creación y trasmisión pedagógica de distintas formas de arte y cultura.

Por otra parte, el Festival rindió homenaje al poeta francés Arthur Rimbaud, que con su espíritu rebelde y su compromiso con el destino del pueblo francés, participó en la Comuna de París, en la lucha por los derechos humanos. También se recordó los Misterios de Eleusis, antigua ciudad Griega, cuna de la cultura occidental, que se enmarcó en una insistente búsqueda espiritual.

De esta manera, se estableció una relación con las cosmogonías americanas pues se realizaron varios actos ceremoniales con líderes espirituales indígenas en vía a la reconciliación y la sanación como profunda expresión de paz.

A pesar del apoyo internacional, este año el presupuesto del Festival, así como lo destinado en general a la cultura, se redujo considerablemente por parte del Gobierno. Una preocupación latente para estos gestores culturales, que en un periodo previo al posacuerdo insisten que la cultura y el arte pueden ayudar a sanar las heridas y a tender puentes hacia una nueva democracia.

Pero continúan con la esperanza, de que algún día se reconocerá la importancia del arte como vehículo para tejer lazos entre distintas manifestaciones de la cultura de Colombia y el mundo, resaltando el papel del arte de la creación y de la imaginación popular para la resolución de las diferencias y para movilizarse en oposición a la guerra y a la extrema violencia.

¿Sabías qué?

Desde 1991 que en Colombia se veía una guerra total donde coexistía el Cartel de Medellín, la guerra de guerrillas contra el Estado y otros conflictos derivados de la existencia del paramilitarismo apoyado por el Estado. En oposición a la extrema violencia que se llevó a una gran cantidad de dirigente de la Unión Patriótica, un grupo de poetas decide fundar el Festival. Mientras se vivía un experimento fascista de aniquilación donde estaban prohibidas las reuniones de más de 4 personas. Los poetas le apostaron a la palabra, y hoy ya han realizado dos Cumbres Mundiales de la Poesía por la Paz de Colombia, en 2003 y 2015,y varios encuentros nacionales de artistas e intelectuales en el mismo sentido.

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