Con la lámpara de Diógenes: Paz, sin alimentos

Todo depende aquí del transporte de carga. Todo se estará pudriendo en los depósitos y el hambre empezará a rondar por los hogares de los más pobres. Y la paz con hambre no existe, señor presidente.

Foto: Fernando Sotelo Castro via photopin (license)

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Rubén Darío Arroyo Osorio

Todavía los colombianos de a pie no han asimilado los contenidos de los acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC ni los alcances de la misma. No obstante la rancia catadura de derecha del Centro Democrático y sus aliados hacen campaña desesperada por subestimar dicho proceso o para rechazarlo frontalmente. El paro de camioneros abona el terreno para quienes sostienen que los acuerdo fueron una entrega de Santos a las FARC, ni más faltaba.

Hay que denunciar franca y claramente que un Estado que ha marchitado la producción agropecuaria nacional con su política de desequilibrio de la balanza económica, apoyada en el TLC y demás acuerdo bilaterales, leoninos para el país, no puede resolver un problema complejo como el transporte de carga con pañitos de agua tibia. Es decir no podemos seguir importando 30 millones de toneladas de alimentos y exportando solo cuatro toneladas. ¿Cómo no va a afectar un sostenido paro de transportadores el flujo de alimentos importados y los insumos necesarios para mantener aún viva lo que queda de producción agropecuaria nacional?

El ministro de Transporte dice que las negociaciones quedan en cero luego que los transportadores se levantaran de la mesa de negociación y los camioneros deben ceder para no afectar la canasta familiar de los colombianos. Estos afirman que “no aceptamos las propuestas del gobierno, ninguna de ellas asiste a nuestras peticiones, este documento no adelanta nada de lo que hemos hablado en el tema de fletes… no quieren asumir nuestras peticiones; nos quieren desplazar…”.

El puerto de Buenaventura donde circula gran volumen de mercancías, para el caso, los granos importados como el maíz amarillo que alcanza un volumen de 300.000 toneladas está estancado. Así no habrá alimentos para tres millones de gallinas ponedoras; no se alimentarán 62 millones de pollos de engorde; tampoco se ha podido transportar la leche en varias zonas del país como Nariño, Cauca, altiplano Cundiboyacense, Costa caribe: hasta ahora en Bogotá los pequeños productores han podido abastecer el mercado y según Rafael Mejía, presidente de la Sociedad Colombiana de Agricultores, este itinerario llevaría a que al final del año la inflación alcanzaría en el sector un 8%.

De seguir el paro sin solución y la temeridad del Estado habrá mayor escasez de cebolla, tomate, zanahoria y muchas verduras más; pronto no habrá tampoco arroz, ni café, ni panela, nada. Todo depende aquí del transporte de carga. Todo se estará pudriendo en los depósitos y el hambre empezará a rondar por los hogares de los más pobres. Y la paz con hambre no existe, señor presidente.

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