El nacionalismo

La concepción de la nacionalidad colombiana y la batalla del Puente de Boyacá desligadas de Bolívar son algo impensable.

Simón Bolívar.

Simón Bolívar.

Óscar Dueñas Ruiz

Causa tristeza la ignorancia de muchísima gente respecto a la formación de la nacionalidad colombiana y el desconocimiento de nuestra historia. Se requiere la idea fuerza de un concepto serio sobre Colombia y su profunda identidad, que no puede confundirse con los colores de una camiseta de fútbol o un determinado sombrero o interpretación musical.

Claro que ese deber constitucional no puede llegar a la versión ortodoxa de patria, de matriz conservadora, que ha degenerado en episodios xenófobos más que en historia real, conduciendo a situaciones como las que se ven actualmente en sectores de Europa y de la sociedad norteamericana.

Vivian Trias, el ideólogo del socialismo uruguayo, describe así a la nación: “Los más diversos autores, desde diferentes y hasta opuestas ópticas ideológicas, coinciden en entender que es un anudamiento, una armónica conjugación de comunidades o solidaridades humanas; una economía común, una historia común, un territorio y una lengua comunes, un carácter colectivo común”1.

Hay que cohesionar signos, especialmente históricos, con proyectos de futuro. “Una nación no se puede constituir sin la existencia previa de un pueblo ya solidarizado por una historia común, por fastos victoriosos que conmemorar, por derrotas que llorar, por caudillos legendarios, por padecimientos y logros comunes, por hechos y mitos enraizados en los hondones de la conciencia colectiva”2.

El concepto de nación

Hay que reconocer que conceptualizar la expresión “nación” es muy difícil.

Un tema histórico a resolver es si las nacionalidades indígenas, existentes desde antes de la conquista, son la base de la nacionalidad colombiana. Es indudable que hacen parte de la nacionalidad.

Sin embargo, una respuesta doctrinaria sería que el concepto de nación proviene de las revoluciones burguesas, es decir, es un producto del mundo occidental europeo (Arnold Toynbee). Visión del nacionalismo progresista que luego se pervirtió y lo que se apreció en Europa fue un “chauvinismo” reaccionario, por ejemplo, el “espacio vital” de los nazis; “la carga del hombre blanco” (Kipling) durante el imperio británico, que en los últimos años resucita con la disculpa de impedir la llegada de refugiados.

Para la conjunción de Estado y Nación un elemento importantísimo es la respuesta que se de en el país para la solución de los conflictos a fin de lograr una sociedad justa, progresista y en paz, resolviéndolo todo dentro del respeto a nuestra historia, admitiendo, en el caso colombiano, que hace parte de la historia la memoria de quienes han sufrido por el conflicto interno que viene desde el 9 de abril de 1948.

Como en Iberoamérica no existía una clase burguesa en el nacimiento de las repúblicas independientes porque la producción estaba en la etapa precapitalista, entonces las élites, subjetiva y objetivamente, eran dependientes, económica e ideológicamente, de la metrópoli europea, como diría Sartre, “burguesías de hojalata”. Elites que en el Congreso de Cúcuta de 1821 se apartarán del ideario bolivariano y adoptarán un modelo europeizante.

El proceso independentista

Se puede decir que uno de los gérmenes importantísimos de nuestra nacionalidad, en apreciación más o menos cercana a la concepción occidental, se halla en el caso de la genial estrategia de Simón Bolívar al determinar que su ejército cruzara los Andes, en una epopeya que duró semanas, se hizo con inmensos sacrificios y se cristalizó en las batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá, no siendo necesario otro combate en las afueras de Santafé de Bogotá porque el virrey había huido al saber que el ejército realista había sido derrotado en el espacio al rededor del río Teatinos.

La concepción de la nacionalidad colombiana y la batalla del Puente de Boyacá desligadas de Bolívar son algo impensable.

La batalla se desarrolló alrededor del puente sobre el río Teatinos, el 7 de agosto de 1819, culminó hacia las cuatro de la tarde y, al día siguiente, desde Ventaquemada, Bolívar dictó el decreto de la Orden de Boyacá para enaltecer a quienes participaron en la batalla que viabilizó el concepto de la nacionalidad colombiana. Una idea fuerza que identifica nuestra patria.

El ejército libertador, compuesto por criollos, indígenas, negros, zambos y mestizos hizo que la nacionalidad adquiriera una dimensión más caracterizada, aunque aún no se ha logrado un perfil definido porque la época de la República, en los siglos XIX y XX, se preocupó más por la formación del Estado que por la formación de la Nación.

Existe una relación estrecha entre la nacionalidad colombiana y el espacio donde se desarrolló la batalla del Puente de Boyacá para derrotar el absolutismo, buscándose la independencia, la unidad, la integración y el anticolonialismo. En el Puente de Boyacá se sembró la nacionalidad colombiana porque el naciente país adquirió su propia singularidad. Olvidar lo anterior es miopía intelectual por no emplear otro calificativo.

El nacionalismo

Antes que todo es indispensable aclarar que el nacionalismo ha evolucionado en los últimos dos siglos:

a. Dice Vivian Trias que, en una primera etapa, fue el nacionalismo burgués, antifeudal, revolucionario y que dio sustento al Estado liberal.

b. Según Trias, ese nacionalismo se trastoca en un nacionalismo agresivo, de ahí que “Un fenómeno político progresista deviene, dialécticamente, en otro retardatario y negativo. Para Inglaterra se trata de ‘la política de los mares’ o ‘la carga del hombre blanco’, para Francia de la ‘grandeur’, para Estados Unidos del ‘destino manifiesto’, más tarde para Alemania de la ‘superioridad racial’. Nacionalismo que exige el avasallamiento de otros pueblos, colonialista, rapaz”3 o, en escala inferior, el patriotismo franquista que producía escalofríos.

c. Debido al profundo malestar por el orden económico global, por la afirmación de que la soberanía nacional ha pasado de moda (ver Habermas), por el desempleo, por el recorte de los derechos sociales y por el desmonte en Europa del Estado de Bienestar y las imposiciones inhumanas de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, FMI), surge subterráneo y luego a plena luz del día un nacionalismo basado en emociones xenófobas, con la disculpa de “frenar” a los inmigrantes que van a quitar puestos de trabajo o a hacer disminuir el salario4; además, se aprovecha la debilidad del movimiento sindical y la entrega de la socialdemocracia al neoliberalismo; de ahí viene el auge de movimientos de extrema derecha, que como un fantasma recorren Europa y los Estados Unidos.

Lo acontecido en la Gran Bretaña llama a reflexión. Roberto Savio, miembro del Comité Internacional del Foro Social Mundial, dice al respecto: “El brexit no es más que la versión insular británica de la actual implosión que vive el mundo del miedo y la codicia… miedo a los inmigrantes, miedo a perder el control de las fronteras, miedo a quedar sometidos a los caprichos de Bruselas, … si el miedo es el argumento para salirse de la Unión Europea, la codicia es de quienes abogan por quedarse” (Red 21, Montevideo, 17 de junio de 2016).

d. Últimamente, ha surgido en nuestro continente un nuevo nacionalismo antiimperialista y popular, muy en la línea del pensamiento de Bolívar, que debería apuntar hacia la búsqueda de una sociedad justa y próspera. Pero hay quienes no están de acuerdo con ese nacionalismo libertario, por eso minimizan la historia y sólo están pendientes de la economía de mercado y de modelos extranjerizantes. Desde la misma época de la emancipación, dice Indalecio Liévano Aguirre que, “uno de los fenómenos más curiosos de anotar en el Nuevo Mundo, por aquellos tiempos, es el peculiar sentido revolucionario de los criollos: quieren la revolución contra España para conservar el orden tradicional heredado de la misma España”5.

  1. Colección Obras de Vivian Trias, Tomo 15, “Bolívar, personajes y episodios”, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1992, pág. 22
  2. Colección de Obras de Vivian Trias, ya citada, pág. 22
  3. Colección Obras de Vivian Trias, antes citada, pág. 71
  4. por eso aparecen políticos como Norbert Hofer, Víctor Orban, Jean Marie Le Pen, Geert Wilders, Matteo Salvini, Donald Trump, con masas que los siguen.
  5. Lievano Aguirre Indalecio, Bolívar, Intermedio Editores, Bogotá, 2001, pág. 63.

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