Historias sepultadas en el miedo

En refugio humanitario en Antioquia, comunidades de El Bagre resisten ante la violencia paramilitar.

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Bibiana Ramírez – Agencia Prensa Rural

Estos son los relatos que los habitantes de Puerto López, corregimiento de El Bagre, Antioquia, han tenido que callar porque el miedo los ha condenado al silencio. Ahora han declarado todo el corregimiento en campamento de refugio humanitario, donde alguna esperanza se vislumbra a pesar de tantos años de violencia. Sin embargo muchos no se atreven a acercarse al refugio, porque saben que las consecuencias pueden ser peores. Hay 69 líderes amenazados y ya asesinaron a uno de ellos.

El río era venturoso

Llegué a Puerto López en 1967. Había solo monte. Nada más estaba la casa de Eugenio Pérez y José Contreras. No había tráfico, no había caminos. La salida de nosotros era en botes o canoas para buscar la merca. Había días que éramos de malas y durábamos ocho días en esos ríos, porque se subían. Fueron llegando más familias. Como a los dos años de estar aquí, ya teníamos buena cosecha de arroz para llevar al pueblo. Desde El Bagre venían las canoas hasta el corregimiento. Allá se salía por el río Nechí y luego cogía el Tigüí, que es el que pasa aquí al lado.

El primer profesor en Puerto López fue Nariño, así se llamaba. Yo fui fundador de esto aquí. Cuando llegó el Ejército nos daba muy mal trato. Todo ha sido muy modificado. No teníamos mortificación de guerra. Vinieron esos paracos hace quince años. Eso aquí no quedó gente en estas tierras y el que se quedó, lo mataron. Y desde ahí no ha parado la violencia.

Duelen los muertos

He puesto once familiares para la guerra. Eso es triste. El muerto que hubo en Puerto López, en abril, era hijo mío. Es lo que más me ha dolido. A estos 75 años son muchos los dolores que he tenido que soportar. Sin embargo aquí sigo luchando. Uno no se puede rendir y menos a esta edad, aunque duelan los muertos.

Yo soy de los pocos agricultores que quedan en esta región. Todos se fueron detrás del oro. A mí no me convenció eso. Vea todos los problemas que ha traído para nuestros territorios. Este pueblo era muy bueno hace muchos años, vivíamos tranquilos, el comercio era productivo. No teníamos que ir a otro lado a comprar nada. Las puertas las podíamos dejar abiertas y no pasaba nada. Ahora las cosas han cambiado. Salir se ha convertido en un problema. Este parque ha estado vacío durante meses.

Tres días de camino

Cuando ustedes se vayan, ¿qué vamos a hacer nosotros aquí? Porque es en serio que esta gente la coge contra nosotros. Dicen: ¡ah, ustedes eran los que estaban apoyando al refugio! Tenga, y van matando. Ellos están informados de todo. Dicen que estamos apoyando a los guerrilleros. Porque por eso es por lo que más nos señalan. Y como esto es zona guerrillera. Yo por ejemplo cuando me vaya para el Guamocó, donde vivo, no me voy por El Bagre, porque sé que es peligroso. Prefiero irme por aquí. Caminar tres días por el monte para llegar a la casa.

Noches oscuras

En el 2014 se realizaba la final del torneo de fútbol en el parque del corregimiento. Ahí mismo está la cancha. Estaba totalmente lleno. Cada rincón estaba ocupado por una persona. Los niños corrían por ahí. Entraron los elenos y mataron a unos paramilitares en medio del partido, porque también tenían equipo. Aquí y allá quedaron los cuerpos. Desde esa vez no se ha vuelto a realizar un torneo. En las noches ya la gente no sale al parque.

Tres armas

Yo tengo 29 años. He estado en tres grupos armados. Primero en las FARC dos años. Fueron muy duros los enfrentamientos con el Ejército. Perdí muchos amigos. Un día quise salir. Pedí el permiso y me lo dieron. Luego me cogió el Ejército a pagar servicio, ahí también estuve dos años. Me ofrecieron quedarme pero no quise. Luego me cogieron los paras y estuve cinco días. Me pusieron la prueba de matar a una persona y no fui capaz. Ellos ponen pruebas así. Como el jefe era amigo, me dijo que no había problema, que me fuera. Cuando niño quise estudiar. Entré a la escuela de la vereda, pero fui desplazado junto con mi familia. A mi padre lo asesinaron y tuve que trabajar. Rodando por ahí estudié hasta noveno. Ahora me gustaría entrar a la universidad.

Huellas que perduran

Hay casas con huellas de balas en el corregimiento. Más de cien viviendas están desocupadas. Algunos campesinos de estas veredas llevaban más de cuatro años sin salir, por el miedo. En todas las veredas hay gente amenazada. ¿Para qué queremos un alcantarillado, vivienda, si nos van a dar plomo?

Lo que no pudo ser

El problema de la violencia no es desde ahora y las organizaciones sociales tampoco son de ahora. Aquí desde hace mucho nos han violentado y también hemos luchado. La región más grande en riqueza y oro es ésta. No nos faltaba nada. Llevo aquí más de cuarenta años. Nos ha tocado trabajar duro. Este corregimiento pudo ser una ciudad. Mire ahora lo que hay: un desastre. Se llevaron casi todo el oro y nos están matando. ¿Será que nos va a quedar grande defender nuestros derechos?

Arraigo territorial

Vivo en el resguardo Los Almen­dros. Soy coordinador de la guardia indígena. Siempre hemos vivido lucha tras lucha. Como indígenas hemos permanecido en el territorio. Una de las mayores resistencias nuestras es el arraigo territorial, la autonomía. Pero también han vulnerado nuestros derechos. Nos han asesinado a los caciques. Quieren desaparecer nuestra cultura y nuestras tradiciones.

La lucha es permanente

Queremos apoyar el refugio a capa y espada. No tenemos armas para defender nuestros derechos, pero si nos van a matar, que nos maten hablando. Aquí no tenemos garantías, estamos en una reunión y siempre nos están observando. Luego nos señalan a los paramilitares, porque ellos preguntan. Uno no expone la vida de los demás, es la de uno. Pero luchar es nuestro único camino.

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