La izquierda latinoamericana: Convertir reveses en victorias

La XXII versión del Foro de Sao Paulo se reunió en San Salvador del 23 al 26 de junio en un momento de contraofensiva conservadora e imperialista. Enseñanzas y tareas para un nuevo momento

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Gabriel Becerra Y.
@gabocolombia76

Son varias las enseñanzas que deja la reciente reunión de la izquierda latinoamericana que contó con una rica programación de conferencias y debates distribuidos en 10 reuniones regionales y diálogos, ocho talleres, cinco encuentros sectoriales, un panel central sobre experiencias de gobiernos alternativos y la sesión del Grupo de Trabajo que debatió y aprobó varias declaraciones con la participación directa del Partido Comunista Colombiano, como integrante pleno en su condición de miembro fundador del Foro, y la participación unitaria de Marcha Patriótica, la Unión Patriótica y Progresistas.

Experiencia salvadoreña

Desde la fundación del Foro, hace ya 26 años, esta es la tercera vez que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), asume su organización (1996-2007-2016), pero la primera que lo hace en su condición de partido de gobierno nacional que ejerce desde hace siete años, primero con Mauricio Funes (2009-2014) y ahora con el presidente Salvador Sánchez Cerén, comandante Leonel González durante su periodo de lucha guerrillera.

Esta capacidad organizativa y política del Frente es un primer aspecto que vale la pena resaltar del XXII Foro. El FMLN representa un proceso de lucha y organización unitaria del pueblo salvadoreño, que ha sabido transitar por diversas etapas y fortalecerse; entre ellas la lucha guerrillera revolucionaria, la negociación política y el acuerdo de paz firmado en el año de 1992, hasta convertirse en una fuerza decisiva del país que hoy cuenta con 31 diputados nacionales, 86 alcaldías, y la Presidencia de la República.

En su primer congreso realizado a finales del año 2015, el FMLN refrendó su proyecto revolucionario y los objetivos políticos para esta nueva etapa, después de 20 años de gobiernos de Arena, partido de derecha que impuso la dolarización de la economía y el modelo neoliberal.

Sin posturas triunfalistas los gobiernos del FMLN han venido impulsando un programa de reformas y cambios sociales para desmontar el neoliberalismo, recuperar la soberanía política y económica, y garantizar la paz con justicia social a los casi siete millones de salvadoreños. Al igual que los demás gobiernos progresistas, enfrenta una disputa permanente con la derecha en sus diversas manifestaciones, especialmente políticas y mediáticas, y con sus planes desestabilizadores para retomar la agenda neoliberal en asocio con la derecha continental.

Conocer la experiencia del FMLN en sus diversas etapas durante sus 35 años de existencia y los esfuerzos que actualmente realiza como partido de gobierno para estrechar su relación con el pueblo y mantener en alto las banderas de la izquierda, ha sido uno de los aportes más importantes.

¿Fin del ciclo progresista?

El Foro aunque registra con preocupación las derrotas y campañas de desestabilización en contra de varios de los procesos de izquierda y progresistas en América Latina y el Caribe durante el último año, como los ocurridos en Argentina, Venezuela, Bolivia y Brasil, entre otros que se encuentran en pleno desarrollo, y llama a profundizar en las causas para asumir correctivos autocríticos por parte de las fuerzas políticas que los orientan, así como en sus experiencias de gobierno, no asume una postura derrotista ni mucho menos concluye, como lo pregonan los ideólogos de la derecha e inclusive algunos de la izquierda, que estos hechos representan el fin de los procesos políticos alternativos en Nuestra América.

No hay cierre de ciclo, entre otras razones porque la alternancia nunca ha sido una opción durante los más de 200 años de dominación de las oligarquías. En una guerra de posiciones, en donde se presentan flujos y reflujos de las luchas políticas, muchas de estas conquistas de la derecha, logradas por muy poca diferencia, pueden ser reversadas si se retoma y profundiza en la lucha ideológica, política y popular. También si se recupera la iniciativa con un programa antineoliberal, antiimperialista, de justicia social y en perspectiva socialista y emancipadora, capaz de convocar un amplio y unitario movimiento de fuerzas en cada país y a nivel regional.

El Foro repasa las conclusiones de sus eventos y propone un balance de lo ocurrido, atendiendo causas económicas del orden estructural y externo, pero también limitaciones y errores en los procesos que deben ser analizados de manera más rigurosa llamando a recomponer una estrategia continental desde las particularidades de cada país y a potenciar la capacidad creadora de las izquierdas, renovándose y fortaleciendo el vínculo directo con el pueblo.

El Foro de Sao Paulo reconoce que no se está frente a una exclusiva lucha política institucional y electoral de disputa por los gobiernos y los estados; llama a encarar sin vacilaciones la lucha ideológica y cultural en contra de la hegemonía capitalista dominante y sus guerras de cuarta generación; sus valores individualistas y consumistas, y a reforzar la solidaridad con las luchas de los pueblos y gobiernos hermanos que como Cuba, Venezuela y Bolivia enfrentan una estrategia diversa y permanente de agresión y desestabilización. No está dicha la última palabra. Todo dependerá de la capacidad de respuesta, rectificación e iniciativa de las fuerzas de izquierda y progresistas.

Junto al reconocimiento de los retrocesos no hay que perder de vista ni minimizar después de 200 años de dominación oligárquica, lo que ha implicado para las clases subalternas, los sectores populares y marginados en general, las conquistas políticas de los últimos años. Millones de personas salieron de la pobreza, miles de nuevos liderazgos populares empezaron a construir nuevas experiencias de gobierno; surgieron instituciones como la Celac, Unasur, entre otras que comenzaron a romper décadas de subordinación y sometimiento al imperialismo, y se atrevieron a promover nuevos tipos de integración basados en la solidaridad y la complementariedad entre las naciones.

Esta correlación de fuerzas también ha influido en conquistas como el cambio de táctica de los EU respecto a Cuba en el proceso de normalización de relaciones, después de más de cinco décadas de bloqueo criminal; en el avance del proceso de paz en Colombia en contra de las corrientes guerreristas, defendiendo la idea de América Latina como territorio de paz, y en el alistamiento de nuevas generaciones en las luchas democráticas y revolucionarias de sus países.

Es así, que de lo que se trata no es de negar las derrotas y los retrocesos, sino de ser capaces, como lo enseñó Fidel, de aprender de ellas y no renunciar a los objetivos. Hoy como en el Moncada, habría que hacer propias las palabras del líder de la revolución cubana: “El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias (…) Trincheras de ideas fueron más poderosas que trincheras de piedras. Nos mostró el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas…”.

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