Mineros tradicionales defienden su actividad

A principios de junio, los pequeños mineros del norte y nordeste antioqueño realizaron un foro en el municipio de Yolombó.

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Agencia Prensa Rural

El norte y nordeste antioqueño se han caracterizado por ser zonas mineras. Las comunidades ya se acostumbraron a vivir del mineral que solventa todas sus necesidades económicas. Sin embargo, es una actividad que está amenazada por las nuevas leyes que el Gobierno ha implementado contra la minería artesanal. Los mismos mineros sienten el peligro frente a la ofensiva del capitalismo por despojarlos del territorio.

A principios de junio, los pequeños mineros de estas regiones de Antioquia realizaron un foro en el municipio de Yolombó. “Es un foro que nos permite reconocernos a los mineros del territorio, buscar maneras de defender la actividad, construir un plan que permita sostenernos y crear una mesa con el Gobierno nacional”, dice Baladier, minero tradicional de Yolombó.

“El minero no salió de la noche de la mañana, es una herencia que nos dejaron los indígenas. El minero no es un aparecido, encarna una tradición en este país y debemos empezar a reconocernos”.

“Los mismos mineros construimos las carreteras, el Estado no nos ayudó en nada. Nosotros hacemos minería y agricultura, desamparados por el Gobierno pero amparados por la alcaldía. El fallo de la Corte nos da tranquilidad porque tenemos alcaldes que nos respaldan, es un avance importante”.

Pero el Gobierno se ha obstinado en llamarlos mineros ilegales o criminales porque no tienen un título para extraer el oro. Ahora dice que creará un proyecto para acabar con el mercado del oro.

La pelea es por el lado ambiental

“Los impactos negativos de la minería ilegal representan uno de los peores atentados contra la naturaleza y el ambiente: deforestación, pérdida de la biodiversidad, tala de bosques, contaminación de suelos, erosión, cambio de cauces de ríos, vertimiento indiscriminado de mercurio y cianuro a ríos y fuentes hídricas, cicatrices en ecosistemas estratégicos”, dice el ministro de Medio Ambiente Luis Gilberto Murillo al periódico El Tiempo.

Pero los mineros argumentan que vienen implementando planes de mitigación dentro de las comunidades para contrarrestar el daño ambiental.

“La pelea minera se va a ganar por el lado ambiental, podemos demostrar que cualquier mina no va a contaminar el 30% de lo que contamina una multinacional. Además los pequeños mineros no sacamos el oro en tres años como las multinacionales, nosotros dejamos para nuestros hijos, nietos, para la tierra misma, porque sabemos que no lo podemos sacar todo”, dice Luz Daisy, líder del municipio de Anorí.

“Pedimos a la Agencia Nacional Minera una tregua para demostrar que nosotros no somos criminales ni ilegales. Hacemos lo que esté a nuestro alcance para que sea una actividad amigable con el medio ambiente. Pedimos un año y medio”.

“En la mina La Hinestroza somos legales. Empezamos un proceso de recuperación. Se está empezando a regular el trabajo en los ríos, pensamos en cómo recuperar los suelos”.

“Antes se trabajaba con martillo y neumáticos, ahora hay elevadores eléctricos. Tenemos un sistema de seguridad y salud en el trabajo. Molinos continuos para reducir el consumo de mercurio y mitigar el impacto ambiental. Tenemos pozos sedimentadores para evitar vertimientos en las quebradas”.

Debate en La Habana

La minería ha sido una de las causas del conflicto armado y social de nuestro país. Es por esto que el 26 y 27 de junio, representantes de varias organizaciones étnicas y raizales se reunieron con delegados de la mesa de conversaciones de La Habana para presentar algunas propuestas que apunten a la solución de este conflicto.

Ariel Quinto, de la Federación Minera del Chocó, uno de los asistentes a la reunión, explicó sus demandas: en primer término piden el reconocimiento de la tradición y de la centralidad minera de las comunidades étnicas; segundo, que la titularidad minera de esos territorios esté en cabeza de las organizaciones étnicas del sector; y tercero, que esa titularidad sea diferenciada a la del resto del país.

La declaración de ilegalidad de la minería artesanal es vista por Quinto como una estrategia para poder sacar y atropellar al pequeño minero y empoderar a compañías grandes y transnacionales. El Código minero fue reformado en beneficio de estas últimas.

No hay política pública que incluya al pequeño minero, y no es que el minero no quiera someterse a las reglamentaciones ambientales, sino que sencillamente a ellos les hacen las mismas exigencias que a una multinacional.

“Con el tema minero no va a ser fácil que haya paz porque lo que se está creando son más conflictos, y de mayor proporción. No olvidemos los antecedentes de muchas de estas compañías, quiénes andan detrás de ellos”, añade.

¿Los próximos enemigos?

Mientras en La Habana se proponen acuerdos para la minería, en el interior del país se aplican políticas que van en contra de esos acuerdos y una de ellas es el despojo de los territorios, también la criminalización de una actividad que la mayoría se ha visto obligada a ejercer por las pocas oportunidades laborales en el campo, además porque la agricultura hace mucho tiempo dejó de ser rentable.

Por ejemplo la quema de maquinaria minera es una de las mayores afectaciones, porque no hay sustitución del trabajo ni proyectos que generen entradas económicas. “Hace poco vimos en televisión unas fotos de Santos echando candela a unas retroexcavadoras, muy sonriente, como si fuera un triunfo, cuando con esas máquinas podía construir carreteras. Los helicópteros con que combaten la guerrilla hoy nos atacan a nosotros. ¿Será que vamos a ser los próximos enemigos?”, dice Óscar Gómez, minero de Anorí.

En Segovia la situación es compleja. La venta de la Frontino Gold Mines dejó más de dos mil desempleados. El municipio está en riesgo porque todas sus bases han sido explotadas y los habitantes temen que se hunda, porque las empresas sacan oro desordenadamente. “A diario somos acosados. Las multinacionales envían al Ejército a sacar a los mineros. Si nos cierran la mina se pierden empleos, dinero, el enfoque social y ambiental que nosotros le damos. El Estado dice que el pequeño minero apoya a los grupos armados, con ese pretexto le da el mensaje a las multinacionales para que nos saquen”, dice Dairo, minero de Segovia.

La construcción de un verdadero escenario de paz debe hacerse de la mano con las comunidades. “Nos van a apretar. Vemos la necesidad de juntarnos y crear una propuesta para defender la minería. Un movimiento que soporte la ofensiva que se viene. El Gobierno ha hecho caso omiso a las movilizaciones que hemos hecho. ¿Cuál será la presión que haremos para que nos escuchen?”, preguntan los mineros.

“Al minero en Colombia no se le ha escuchado. La intención de nosotros como pequeños mineros es que se nos tecnifique. Las comunidades debemos trabajar con el oro para el beneficio de las mismas comunidades. A los mineros también hay que repararlos: han muerto en las minas, silenciosamente, y también son víctimas”.

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