Desde la academia

Una opinión sobre la paz desde la perspectiva académica. La paz es algo más que el silencio de los fusiles

Plaza Che Universidad Nacional

Pepe Álvarez*

De cuál paz hablamos y cómo se llegó a ella, es una inquietud válida en sectores de la academia universitaria. Indudable, y queda para la historia, lo que en un futuro vayamos a señalar… “vivimos, por fin en tranquilidad, sin confrontación por partes armadas”… y esto, no significa, que ya exista paz! La falta de oportunidades reales para cualquier ciudadano, desde la gestación hasta los ancianos, es un parámetro de medición inobjetable para tener en blanco- negro la realidad.

La paz, mencionada tan repetidas millones de veces, en un trabajo psicológico, muy conocido en los medios de comunicación y redes sociales, es el resultado del pavor que tienen los magnates de perder sus privilegios y, por el otro extremo, la presión subterránea, invisible y profunda de los actores centrales: uno, el movimiento alzado en armas, llámese como se llame, como fuerzas del pueblo, y dos, del otro lado, las organizadas representantes del respectivo Estado y gobierno, que padecen los avatares de la guerra sin fin.

Las profundas necesidades del capitalismo proveniente inicialmente del libre negocio, pasando por el modelo abiertamente liberal, con sus aperturas económicas y sus pactos continentales y regionales, llega al necesario modelo neoliberal, puerta que resiste más de medio siglo en nuestro medio, ofreciendo un mercadeo sospechosamente lucrativo para las arcas locales, internacionales y ahora, globalizadas, sin fronteras, banderas, crucifijos e himnos.

Utilizar los nobles sentimientos del derecho humano, elevados ahora, a nivel internacional, son innobles armas utilizadas por los negociantes de la paz, dejando de lado el sufrimiento, dolor y tragedia de los auténticos, quienes conscientemente escogieron el único resquicio que quedaba, para buscar la cristalización de su utopía…! Una Colombia, libre, independiente, soberana y socialista!

Derecho a subsistir

Defender el derecho a un pedazo de tierra; agarrarse desesperadamente a un lago, un río, una mina, una planta natural… para subsistir, fue y es un derecho fundamental de supervivencia. Está demostrado hasta la necedad, que los amos feudales, terratenientes, ganaderos y otros pelambres, generaron a la vista de los gobiernos desde los años 60 hasta hoy, la violencia, en donde claro, cayeron hijos de Colombia de las fuerzas militares institucionales y centenares de guerreros que, en defensa de sus intereses humanos murieron, en campos y ciudades.

Esta ha sido la guerra más perfecta concebida ayer, desde fuera de nuestras fronteras, exitosamente ejecutada por los poderosos enclavados en el poder, convirtiéndonos en unos títeres danzarines, de un enfrentamiento absurdo, generado por un capitalismo totalmente incapaz de satisfacer las mínimas necesidades espirituales y físicas de millones de trabajadores e inclusive, de gran parte de los vestidos oficialmente con el uniforme militar, cuyas familias, igualmente sufren como nuestro pueblo, de necesidades múltiples.

O es acaso, que no entendemos la necesidad y el interés de supervivencia del capitalismo actual, que necesita de una paz, para salvarse de lo inevitable… ¡su crisis final!

Por eso los grandes agentes de la oculta empresa de la paz, hablan del final del conflicto armado, en tanto que la academia, señala nítidamente, la aproximación a una etapa, con posibilidades de alcanzar unos post-acuerdos, que no eliminan para nada el conflicto social, ya que reconocemos, que el capitalismo, un sistema económico basado en la expoliación, ahora internacional, de unos trabajadores altamente calificados, otros medianamente aptos para manejar la tecnología avanzada y los que, por falta de oportunidades, han quedado rezagados, no tiene otra salida que generar conflictos por doquier.

Miremos cómo Europa se sacude desde sus cimientos en un barranco desesperado, que bien detectamos dónde comienza, pero que quizás no tenemos claro a dónde nos puede llevar.

Amantes de la paz

Clara es la existencia del Estado Islámico; la guerra en el cercano oriente; los combates entre israelitas y palestinos; la batalla en la Unión Europea; los atentados de baja intensidad y los golpes suaves contra gobiernos como la República Bolivariana de Venezuela; las aspiraciones de derrota de naciones valientes como Bolivia; Ecuador; Uruguay; Paraguay y Chile. ¿Por qué ese odio a naciones democráticamente constituidas?

Por el simple hecho de haber comunicado al mundo: No más modelo neoliberal; no más Fondo Monetario Internacional; no más Banco Mundial; no más bases militares extranjeras en nuestra tierra; no más neocolonialismo; no más fascismo disfrazado de oveja inocente.

Somos amantes de la paz, batallamos por ésta, que tan esquiva ha sido en nuestro continente. Pero por ello, no vamos a aceptar ser colchón “amable” para soportar una crisis irreversible del capitalismo, único culpable del atraso, el dolor, la tristeza de un continente tan valiente y hermoso como lo es América. Nuestros hijos vestidos de militares abnegados y valientes, defendiendo muchas veces lo que no entienden, pero que por disciplina castrense les corresponde proteger, y del otro extremo, los hijos de nuestra propia tierra, quienes batallan por lograr una auténtica paz, benéfica para los de abajo: soldados y guerrilleros.

* Docente. Universidad Autónoma de Colombia.

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