La Corte aprobó plebiscito

Consciente el Presidente Santos de la importancia de los tiempos que estamos viviendo ha dicho con toda la razón: “El plebiscito será el voto más importante de nuestras vidas”. En estos esfuerzos fundamentales por la Paz lo acompañamos, no existirá hacia el futuro una decisión más fuerte y profunda.

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Alonso Ojeda Awad
Ex Embajador de Colombia en Europa

La Honorable Corte Constitucional estuvo a la altura de las expectativas de la sociedad colombiana al autorizar la ley que convoca a un plebiscito a todos los ciudadanos para que definan si aceptan o no los Acuerdos de Paz firmados en los diálogos de La Habana. Se inclinó por la iniciativa propuesta por el Presidente Santos para refrendar lo pactado, así mismo definió el umbral del 13% de la votación, ajustada a la Constitución Política. Seremos los colombianos, con nuestro voto en las urnas, los que diremos “adiós a la guerra” para siempre, abrazamos la Paz y la democracia como el camino justo y necesario en la solución de nuestras discrepancias políticas y sociales.

Los mayores recordamos… Hace 59 años, cuando la nación vivía otra página de la violencia cruel anidada en nuestro país: Los representantes de los partidos liberal y conservador propusieron un mecanismo plebiscitario como el actual, para la superación de la violencia política que se había desatado entre “rojos y azules” (liberales y conservadores), después del doloroso asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el “Bogotazo” que desató su muerte. Efectivamente, se aclimataron las pasiones, surgió un nuevo modelo político conocido como el Frente Nacional y el país vivió por escaso tiempo un periodo de Paz.

Desafortunadamente, por haber cerrado las posibilidades políticas de “Gobierno oposición”, con la figura de la alternación de los periodos de gobierno entre los dos partidos antes en contienda, impidió que otras colectividades políticas diferentes a la liberal conservadora pudiese llegar al poder, fue el detonante que nos llevó al reinicio de la violencia de nuevo tipo (revolucionaria) que ya hoy parece agotada.

De la Paz que se firme en La Habana, surgirán los nuevos caminos de la representación ciudadana que harán posible la construcción de un modelo político respetuoso con todas las vertientes ideológicas y políticas, con un sólido sistema de conteo electoral que cierre por siempre las puertas a la violencia política y a la necesidad de utilizar las armas como camino para acceder al control del poder político del Estado.

Consciente el Presidente Santos de la importancia de los tiempos que estamos viviendo ha dicho con toda la razón: “El plebiscito será el voto más importante de nuestras vidas”. En estos esfuerzos fundamentales por la Paz lo acompañamos, no existirá hacia el futuro una decisión más fuerte y profunda para los colombianos, como la que tomaremos en las próximas elecciones plebiscitarias. Será la decisión entre: El odio de la guerra o el futuro radiante y esplendoroso de la Paz.

Escoger el segundo, es decir sí a la paz, la guerra no volverá a imponer sus reales en medio de la confrontación armada, muerte, orfandad y violencia. Las generaciones futuras agradecerán el gesto pacífico y fraterno de nuestra decisión de hoy, les permitirán construir una sociedad pacifica, solidaria, respetuosa entre los seres humanos y con la naturaleza.

Hemos venido sistemáticamente pidiéndole a los directivos del Centro Democrático y a segmentos duros del conservatismo que, en beneficio de los amplios sectores poblacionales como los campesinos, indígenas, afros y otros, tengan un gesto de compasión frente al mal de la violencia que ellos han vivido con crueldad extrema. Esto dice el Dalai Lama sobre el punto que nos obliga: “Para crear una paz, lo más importante es la práctica de la compasión y el amor, la comprensión y el respeto por los seres humanos. Los más poderosos obstáculos para ello son la ira y el odio, el temor y el recelo… mientras la gente habla de desarme en el mundo entero, el desarme interno es prioritario”.

Estamos convencidos que quienes persistan en una actitud agresiva hacia los esfuerzos de Paz, quedaran señalados en el futuro inmediato y en la posteridad como sectores insensibles al dolor y a la esperanza de poder construirnos como una sociedad mejor, más equilibrada y más respetuosa entre todos sus miembros. No quisiera, como ser humano y como colombiano, que en el futuro se les recuerde como hoy se recuerda al fatídico grupo “Kukuxklán” de los EE.UU., generadores de todo ese odio y rabia, que aún hoy en día le impide a la sociedad estadounidense encontrar verdaderos caminos de reconciliación y Paz. Aún es tiempo para rectificar el camino recorrido y asumir verdaderos comportamientos humanos y solidarios.

Son los tiempos para recordar a San Francisco de Asís, quien vivió en el siglo IX, fue el primero en la humanidad en hablar de servicio, tema hoy de primera actualidad, de quien su santidad el Papa toma su nombre, dada su proclama: La vida tiene sentido si estamos en capacidad de servir, de allí su Plegaria de Paz que tanta vigencia tiene para Colombia y para un mundo convulsionado en medio de la violencia y de la muerte:

“Señor, haz de mi un instrumento de tu Paz:
Que donde hay odio, yo ponga el amor.
Que donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que donde hay desesperación, yo ponga la esperanza.
Que donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que donde hay tristeza, yo ponga la alegría…”

Adenda: Senador Álvaro Uribe Vélez démosle una oportunidad a la Paz.

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Edición 504 – Semana del 22 al 28 de Julio de 2016

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