Más allá de los sueños: In Memoriam 13 años sin olvido

En el mes de abril de 2003 fueron desaparecidos Edwin López Granados y Gerson Gallardo Niño, estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander

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Saúl Gómez Mantilla

Imaginemos una ciudad de frontera, con sus problemas de dependencia, su falta de industria, de un desarrollo cultural y con los problemas sociales que la falta de educación, trabajo e iniciativa para gestar cambios, origina; con una clase dirigente que se destaca por su mediocridad y por su falta de visión para pensar un lugar más amable y digno para sus habitantes. Imaginemos una ciudad llamada Cúcuta.

En ese contexto, en el mes de abril de 2003 fueron desaparecidos Edwin López Granados y Gerson Gallardo Niño, estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander. Ambos fueron llevados por la fuerza y alejados de su familia y sus amigos. Quienes dos meses después, el 5 de junio fueron torturados y asesinados, sus cuerpos fueron abandonados en la vía la Gabarra, en plena zona del Catatumbo. El día anterior, fue asesinado en pleno centro de la ciudad el político y poeta Tirso Veléz, candidato a la gobernación del departamento Norte de Santander por el Polo Democrático, a quien las encuestas daban como ganador. Todo esto sucedió en el contexto de los supuestos diálogos de Ralito.

Las razones de estos hechos, aún no han sido esclarecidas por los perpetradores de estos crímenes, sus razones son vagas, superfluas, sin peso. Ellos recurren a la idea que el pensar distinto es peligroso, que la inteligencia es sospechosa, que el amor por el arte y la cultura son conductas extrañas, que ponen en riesgo la vida y la integridad de las personas. Los grupos paramilitares, ante su incapacidad de ver más allá y de tener una visión de mundo compleja, silencian a quienes proponen un país donde todos piensen y vivan como dicta su conciencia, sin dañar al otro.

En tan solo trece años, el país ha experimentado cambios en su sociedad, se ha enfrentado a discusiones tabú y a temas vedados por el establecimiento. La legalización de las drogas, el matrimonio igualitario, los debates sobre la equidad de género, las luchas animalistas, la búsqueda de la soberanía alimentaria, la reconciliación y la convivencia con la diferencia, entre tantos otros; son temas que se han convertido en una lucha desde la razón, por encima de los estigmas religiosos y de clase.

Por ello, es lógico imaginar cuáles serían los aportes de Edwin y Gerson en el contexto actual, ya que como individuos propositivos y activos de la vida social, cultural y política de la ciudad, estarían inmersos en las discusiones y harían sus aportes en pro de la hermandad valiéndose de las artes, tomando el discurso de la equidad como una punta de lanza, asumiendo el discurso de la inclusión, para que el universo femenino y de género tuviesen cabida y derribaran los roles patriarcales.

Desde allí, el ser padre, amigo, hermano, sería resignificado. Ya que su herramienta de lucha en vida fue el amor por el conocimiento; su gusto por la lectura y su mirada crítica a la sociedad buscaba generar transformaciones más allá del discurso, desde la práctica y el ejercicio de una nueva ciudadanía crítica y transformadora.

Pero todos estos sueños quedaron truncados, no fue permitido por los señores de la guerra que ellos lucharan por sus sueños, que pudiesen desarrollar su gusto por el arte, Edwín desde las danzas y la poesía; Gerson desde la cuentería y la escritura. Es posible que la ciudad tuviese otro tinte, que sus opiniones y aportes hubiesen generado pequeños cambios, que de alguna forma esa frontera fuese otra.

Para sus amigos y amigas, no queda otra que imaginar una vida, tomar sus ideas y sueños y darles cabida en el aquí y ahora, como un compromiso para que su muerte no haya sido en vano, que se convierta en un impulso, otra razón por la cual los sueños puedan palparse en el día a día que construimos.

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