Columna libre: Bandos en torno a la paz

No hay lugar para el escepticismo, y más bien sí para el compromiso en un trabajo arduo, que lleve a cada comunidad a conocer el contenido de los acuerdos y a reconocer la necesidad de organizarse y disponerse a dar la pelea que haga posible que todo lo acordado se transforme en realidades

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Rodrigo López Oviedo

A Uribe y sus amigos les repugna la paz. Y si bien es este un sentimiento extremo para el cual difícilmente encontrarán nuevas compañías, hay otros sectores que, aunque quieren la paz, no creen encontrarla por los caminos del diálogo con Santos, pues son muchos los compromisos que el Mandatario les ha incumplido a las organizaciones sociales.

La paz es un viejo anhelo del movimiento popular, incluidas las FARC. Por eso el hecho de tener una mesa destinada a buscarla es ya un triunfo de merecida celebración.

Esta Mesa ha sido pródiga en resultados para los más necesitados, especialmente para el sector campesino; y si bien pueden considerarlos excesivos quienes hoy detentan el poder político, estos saben que es el costo que deben pagar por unas condiciones nuevas, a partir de las cuales puedan invertir y ganar más dividendos, y están dispuestos a tomar las medidas necesarias para consolidar el proceso e implementar los acuerdos, todo con el fin de que no haya camino de regreso.

La anterior consideración podría ayudarnos a romper el escepticismo, pues le da al proceso cierto blindaje. Sin embargo, hay otras.

La primera tiene que ver con el amplio respaldo internacional con que ha contado. Además de seis países amigos, ha sido avalado por las Naciones Unidas, organismo en el cual quedarán inscritos los acuerdos.

En segundo lugar, los resultados de los diálogos adquirirán la condición de “Acuerdo Especial”, lo cual les permitirá que ingresen al bloque de constitucionalidad.

Y si a lo anterior le sumamos el recurrente llamado que en los mismos acuerdos se hace para que las comunidades se organicen y exijan su implementación efectiva, incluyente y con transparencia, casi podríamos decir que no hay lugar para el escepticismo, y más bien sí para el compromiso en un trabajo arduo, que lleve a cada comunidad a conocer el contenido de los acuerdos y a reconocer la necesidad de organizarse y disponerse a dar la pelea que haga posible que todo lo acordado se transforme en realidades, sin lo cual no sería posible hacer de la paz así lograda un hecho estable y duradero.

Sabemos que hay incrédulos bien intencionados. A quienes están en este bando les corresponde demostrar esa buena intensión integrándose al torrente que trabajará por la materialización de los acuerdos. Esto también toca con los uribistas de buena fe, que están contra el proceso de paz solo porque Uribe lo está, mas no porque conozcan y rechacen el preciado ramillete de realizaciones que podrían venir con el cese de hostilidades. También ellos son necesarios. Para la tarea que se nos vino encima, nos necesitamos todos.

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