Cúcuta: Crisis económica tras una cortina de humo

¿Cuándo se vio en Cúcuta la proyección de una verdadera economía local, que genera no solo la identidad con la región o el país, sino la garantía de un empleo digno y un desarrollo económico propio?

Incautan productos venezolanos en supermercados en Cúcuta. Foto La Opinión.

Incautan productos venezolanos en supermercados en Cúcuta. Foto La Opinión.

Carolina Tejada

Cúcuta es una de las ciudades fronterizas, limítrofes con Venezuela, con un número de habitantes de 650.011 y una población potencialmente activa de 408.550 personas. Esta ciudad, capital del departamento de Norte de Santander, tienes dos vías de acceso que la comunican con el resto del país. Por ellas transita el intercambio comercial y turístico, siendo la ciudad de Bucaramanga, la más cercana a esta capital, encontrándose a seis horas. Su ubicación y cercanía con el hermano país venezolano, cuyas ciudades aledañas, San Antonio y Ureña, se encuentra a 15 minutos aproximadamente, la han situado históricamente en una relación estrecha con la economía, cultura y vínculos sociales y familiares; miles de las familias nacidas en la frontera, tienen doble nacionalidad.

Una crisis de antaño

Para el año de 1996, la Cámara de Comercio de Cúcuta, la cual era presidida por Alberto Santaella Ayala, animaba los análisis de crecimiento industrial de la ciudad. Santaella, comentaba en ese entonces que Cúcuta; “a raíz de la globalización y la apertura, puede ser aprovechada para capitalizar las ventajas de la integración”. Se esperaba que la ciudad pasara de ser una zona de paso, de intercambio comercial, a ser una zona en donde la producción industrial ayudara a proyectar el desarrollo local. La producción de azúcar, los tejares y cerámicas ubicados en las áreas metropolitanas, junto a la producción del calzado, textiles entre otros, se veían como un ejercicio prometedor en términos de la generación de empleo y desarrollo económico de esta capital.

Sin embargo, varios factores llevaron a que muchas de las industrias, no solo se trasladaran a Venezuela o Bucaramanga, sino que además, cientos de ellas quebraran. Entre otros factores porque lo que terminó imperando, no fue el apoyo gubernamental a la pequeña, mediana o gran industria, sino la corrupción, la búsqueda del dinero fácil y el contrabando. Mientras pequeñas empresas trataban de subsistir, grandes comerciantes bajo el beneficio del cambio de la moneda, comerciaban con productos venezolanos a muy bajos costos.

Colombia le cedió la subsistencia de Cúcuta a Venezuela y ahora reniega del vecino

Uno de los negocios comunes por muchos años, fue el de la compra de útiles de aseo, o los utensilios desechables, que eran contrabandeados desde Venezuela. Ya en Cúcuta se les cambiaban los empaques y miles de estas mercancías salían a diversas partes de Colombia.

Esto mismo pasaba con los medicamentos, partes de vehículos y lo más visto, el combustible. Y no era para más, una botella de agua en Cúcuta llegaba a costar más que un galón de gasolina comprado en Venezuela. Cada galón tenía un costo de 740 pesos, el mismo que se contrabandeaba hacia Cúcuta para ser vendido en 1.120 pesos de manera informal. Esto sin mencionar los miles de carrotanques con gasolina y ACPM que entraban al año por trochas para el procesamiento de coca.

Otro producto famoso era la cerveza Polar, transportada en las cajuelas de los carros, en los mismos que eran modificados para llevar más combustible de lo normal y cuyos sillones traseros tenían un compartimento especial para guardar harinas y demás alimentos perecederos para ser vendidos en Colombia. Miles de cucuteños han vivido por años gracias a la economía venezolana, y muchos más han tenido, tiendas en sus casas, chazas o en canastas de icopor, la venta de estos productos para garantizar una entrada económica en sus familias. ¿Cuándo se vio en Cúcuta la proyección de una verdadera economía local, que genera no solo la identidad con la región o el país, sino la garantía de un empleo digno y un desarrollo económico propio?

Se cierra la frontera y empresarios colombianos hacen su agosto

Desde que el presidente de Venezuela Nicolás Maduro, ordenó cerrar la frontera, entre otros elementos por la paramilitarización, la violencia social fronteriza y el contrabando de alimentos de la canasta familiar venezolana, Colombia solo habla del vecino, como un mal vecino, pero se le dificulta mirarse a sí misma. Lo que ha existido del lado colombiano por miles de años, es un abandono total del Estado, una ausencia de control ante los altos índices de corrupción, de una política económica que garantice la no dependencia del hermano país, de la promoción de la industria con la comprensión de que, el libre comercio tal y como está planteado deja en desventaja a los pequeños empresarios colombianos.

Mientras las mafias ayudan a desangrar la canasta familiar venezolana, en Cúcuta el contrabando continua bajo la incapacidad de las autoridades de cada país. En ambos países se especula con alimentos y otras mercancías. En Colombia, en lo que va corrido del año, acaparan los productos como el azúcar, el arroz y suben los costos mientras señalan a Venezuela del acabose económico.

Tan pronto abrieron la frontera, miles de venezolanos llegaron a la ciudad, fueron recibidos en el puente internacional en buses pagados por el Éxito y otros almacenes de cadena, para que accedieran a los productos colombianos, con la gran sorpresa que mientras venezolanos caminaban por las calles cucuteñas, encontraban en las miles de ventas ambulantes, productos venezolanos que no se consiguen en su país.

No menos complejo es el manejo que los empresarios de la región le dan a la canasta familiar. El presidente del Comité Departamental de Ganaderos de Norte de Santander, Andrés Hoyos, comentaba a los medios que el gremio arrocero está viviendo una bonanza, pues la arroba de arroz que antes se vendía en 10 mil pesos, con el cierre de la frontera la venden a 17 mil. Es decir, en lugar de que los altos costos de los productos bajen ante el aumento de la demanda y la nula competencia, lo que han hecho los empresarios es incrementar los costos, ahondando en la crisis de la ciudad.

Mientras se especula, la crisis económica aumenta

En Cúcuta se vive una crisis económica, laboral y social sin precedentes. La Cámara de Comercio en un informe sobre la medición del impacto económico después del cierre de la frontera, menciona que el desempleo en la ciudad está superando el 17,9% mientras que el estimado en el país es de 10,11%. Para diezmar esta crisis, se aumentaron los créditos con Bancoldex, los cuales pasaron en el 2015 de $13.042 millones, a $77.977 en lo que va del 2016, sin tener mayores resultados.

Mientras tanto, la opción de la gente sigue siendo el del dinero fácil para poder sobrevivir. Según autoridades locales, desde que se cerró la frontera se han aprehendido $13.887.035.833 en mercancías de contrabando, representadas en 3.261 actas de aprehensión, relacionadas en $4.142.744.810 en Textiles, $1.698.015.627 en Automotores, $1.262.134.019 en medicamentos, etc.

La delincuencia viene creciendo, existen enfrentamientos constantes entre la fuerza pública y los comerciantes y continúa el fortalecimiento de los grupos paramilitares que tienen el control territorial, principalmente en las zonas de Puerto Santander y Tibú, por donde contrabandean el combustible para el procesamiento de la coca.

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