Los caminos de la duda: Dos tácticas del no

Claro que los acuerdos son restringidos en relación con los objetivos por muchos deseados de construcción de un nuevo país. Los cambios en la sociedad se generan y desarrollan por la sociedad misma y no se puede esperar que enviados del cielo o del infierno o del monte realicen la tarea que nos corresponde a todos.

Santa Marta. Foto: BID Ciudades Emergentes via photopin (license)

Santa Marta. Foto: BID Ciudades Emergentes via photopin (license)

Alfonso Conde C.

Desde orillas opuestas se conjugan posturas que invitan a votar no o a la abstención en el plebiscito que convocará Santos sobre la aceptación o rechazo a los acuerdos que se firmen en La Habana. Ambos hablan del inaceptable apoyo a Santos y a su política como si ello fuera el tema en debate.

De un lado el Centro Democrático, Uribe y sus áulicos, apelan a la ignorancia y a la estupidez de algún sector de la población al cual espantan con el fantasma del “castro-chavismo” que se implantará en Colombia tras la firma de los acuerdos. La defensa de los intereses de los latifundistas y su fijación por la guerra los induce a esa campaña negativa. Ella amerita espacio aparte en otra columna.

De otro lado, algunos amigos de posturas revolucionarias o democráticas se unen al objetivo uribista al plantear las limitaciones de lo firmado, que no conduce al cambio estructural del país; es decir, lamentan que las discusiones no pongan sobre el tapete la revolución por acuerdo. Se presenta la postura en formas diversas: desde el rechazo frontal bajo la consideración de una supuesta traición del movimiento guerrillero hasta el lamento por la aceptación del plebiscito como mecanismo de refrendación en lugar de la constituyente que, ella sí, produciría según ellos verdaderos cambios en Colombia.

Claro que los acuerdos son restringidos en relación con los objetivos por muchos deseados de construcción de un nuevo país. Los cambios en la sociedad se generan y desarrollan por la sociedad misma y no se puede esperar que enviados del cielo o del infierno o del monte realicen la tarea que nos corresponde a todos. Por eso se estimula con fuerza creciente la movilización popular en demanda de condiciones dignas de vida, en contra de la política oficial, en contra del modelo político, económico y social imperante… y por la paz con justicia social, que es del pueblo.

Los debates y acuerdos de La Habana son entre otras cosas catalizadores de la agitación social que, esa sí, conducirá a los cambios profundos que muchos trabajamos por construir. El plebiscito, o mejor, la campaña que lo rodea, profundiza la discusión política en Colombia sobre las causas, inicios y desarrollo de la guerra, que siempre fue de los explotadores contra los explotados, y facilita la comprensión y el avance de las fuerzas populares hacia una nueva política y una nueva sociedad.

Pero la agitación social por sí sola no conducirá a los cambios. Se requiere claridad en los objetivos y coordinación para avanzar. Ello implica la sumatoria de fuerzas hacia los objetivos fundamentales y en ese camino está la participación activa en la campaña por el sí en el plebiscito.

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