Palabra itinerante: Paradojas

De Colombia salen algunas de las pocas buenas noticias que conoce hoy el mundo y tienen que ver con los avances de las negociaciones de paz de La Habana, a lo que habría que agregar las alegrías y simpatías que despertaron en las carreteras del tour de Francia los corajudos escarabajos.

Santa Marta. Foto: BID Ciudades Emergentes via photopin (license)

Santa Marta. Foto: BID Ciudades Emergentes via photopin (license)

Jaime Cedano Roldán

Hace no muchos años oíamos decir a Álvaro Vásquez del Real que Colombia caminaba en contravía al rumbo que llevaba América Latina. Que en la región se abrían procesos de avances democráticos y progresistas y el país caminaba como el cangrejo. Para atrás. Eran los tiempos del embrujo autoritario del uribismo.

En estos últimos meses y semanas las cosas han venido cambiando, comparativamente incluso con noticias relevantes de Europa donde los titulares diarios son estremecedores.

Perdidos entre esos titulares ensangrentados no se alcanzan a leer las noticias que hablan de la acelerada llegada del fin de un conflicto armado inmerso en las historias de dos siglos de guerras interminables, alzamientos permanentes y de la institucionalización de la las armas y la violencia como vías para resolver las diferencias, defender la vida, acceder o controlar el poder, hacerse escuchar o incluso tener ascenso social en regiones abandonadas a sus tristezas y soledades.

Hoy es un poco diferente. De Colombia salen algunas de las pocas buenas noticias que conoce hoy el mundo y tienen que ver con los avances de las negociaciones de paz de La Habana, a lo que habría que agregar las alegrías y simpatías que despertaron en las carreteras del tour de Francia los corajudos escarabajos y ese resplandecer permanente de banderas tricolores junto a los precipicios y las cumbres, entre ellas, una inmensa bandera que decía que si a la paz.

Todo un alegre carnaval de fervor y esperanzas que recorrió Los Alpes junto al coraje de Nairo, las explosiones de Pantano y el silencioso pero efectivo trabajo de Henao y Anacona y por supuesto con la admiración y asombro de los europeos que contagiados de esa maravillosa fiebre del tour no llegan a entender el desborde de la afición ciclística colombiana.

No se imaginan que corriendo como locos con la bandera patria al lado de nuestros ciclistas lo hacemos pensando en la paz y en milenarios sueños y frustraciones. Por todo esto resulta paradójico e inescrutable el comportamiento del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Es evidente que Santos quiere pasar a la historia como el presidente de la paz.

Pero no se entiende entonces que hable del temible Esmad como la policía del pos-conflicto y peor aún con un código de policía inspirado en las tácticas de la “seguridad democrática” y el autoritarismo. No se entiende que desarrolle una política agraria y ambiental para tiempos de guerras y despojos. No se entienden los bestiales desmanes y atropellos del Ejército contra las legítimas movilizaciones sociales. A nuestros valientes escarabajos les falta muy poco para la conquista definitiva de los Alpes y los cielos. A la paz tantas veces traicionada también poco le falta.

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