Con la lámpara de Diógenes: Uribe, narciso: Recógete

Su trastorno de personalidad es tan agudo que, a veces no lo expresa, o lo expresa sin venir a cuento el tema para discurrir sobre otros asuntos de la vida política o cotidiana.

Álvaro Uribe  Vélez.

Álvaro Uribe Vélez.

Rubén Darío Arroyo Osorio

Poco a poco la postura, las pretensiones y el discurso de Álvaro Uribe Vélez se van disipando tal como se desvanecía la imagen del joven narciso que se sentía más bello que todos los humanos, pero ni su orgullo ni su vanidad podían capturar aquel rostro dibujado en el estanque. Por eso murió solitario y fastidiado de sí mismo ante esa vanidad egocéntrica que lo consumió en propia impotencia.

Uribe Vélez, sigue sintiéndose superior a los demás humanos, infalible, intocable, carece de empatía, es hipersensible a las críticas, frente a las cuales reacciona con sentimientos de rabia, vergüenza, humillación y con un doloroso proceso de venganza. Su trastorno de personalidad es tan agudo que, a veces no lo expresa, o lo expresa sin venir a cuento el tema para discurrir sobre otros asuntos de la vida política o cotidiana. “Se cree especial, mas importante y mejor que el resto de los mortales; exagera sus logros y talentos, siempre espera elogios, admiración y persigue constantemente la atención de los demás; habla repetidamente de sí mismo, de sus logros, propiedades, conexiones especiales y se queja de los defectos de los demás…”.

En el contexto actual en Colombia se desarrolla exitosamente un proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Pero en su narcisismo Uribe Vélez, piensa y difunde su animadversión al mismo; contrario al apoyo nacional e internacional. según él habrá impunidad, entrega del país a los que han hecho daño, desnaturalización de la política con la participación de la extrema izquierda, estímulo al narcotráfico, engaño con el plebiscito refrendatorio con un umbral del 13%, etc.

El narciso también cae en depresión, hipocondría o fobia social. Este último trastorno parece marcar a Uribe. Ha visto disminuir la admiración por él, su expectativa de ser el más grandioso y los fracasos de sus expectativas han malogrado gravemente su autoestima, por ello proyecta una imagen de hombre duro y manifiesta constantemente su fobia social, previniendo el posible daño que le harían los obreros, los campesinos, los estudiantes, los grupos étnicos o de mujeres que han cuestionado sus acciones políticas y su ideología reaccionaria; por ello sueña con la guerra, más armas, más aliados poderosos en la ultraderecha o en gentes con poca formación política o muy pobres presa fácil de las promesas mesiánicas salvadoras.

Olvidó Uribe que en Santa Fe de Ralito no hubo plebiscito, que la dejación de armas de los paras fue una farsa y aunque extraditó a muchos cabecillas de estos criminales, la muerte sigue rondando contra los dirigentes sociales. Uribe, narciso, recógete.

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