El crimen atroz de Sacco y Vanzetti

La barbarie de la “democracia” en Estados Unidos

Bartolomeo Vanzetti (segundo de derecha a izquierda) y Nicola Sacco (al extremo derecho), interpretados en la película de Peter Miller.

Bartolomeo Vanzetti (segundo de derecha a izquierda) y Nicola Sacco (al extremo derecho), interpretados en la película de Peter Miller.

Carlos A. Lozano Guillén

Nicola Sacco y Bartolo­meo Vanzetti, dos emigrantes italianos, fueron ejecutados en la silla eléctrica, el 23 de agosto de 1927, hace 89 años, en South Braintree, Masachussets, Estados Unidos, después de un infame proceso judicial, originado en la acusación de ser responsables de un atraco y del asesinato de un vigilante de una prestigiosa empresa capitalista. El juicio y la condena desataron protestas y manifestaciones en todo el mundo.

Sacco y Vanzetti pasaron a la historia. Los inmortalizó Giuliano Montaldo en una impresionante película, estrenada en 1971, en donde demostró que fue un crimen atroz por medio del cual el sistema estadounidense quiso cobrarles a los dos su militancia revolucionaria. El fiscal los acusó de comunistas. Estaba fresca la victoria de la Revolución de Octubre y en la antigua Rusia de los zares, el partido bolchevique con Lenin a la cabeza, comenzaba, desafiante, a construir el socialismo. Era una herejía para el entonces naciente capitalismo de los Estados Unidos.

Sacco y Vanzetti eran militantes revolucionarios, se proclamaban anarquistas, estaban contra el capitalismo y querían otro mundo posible. Eran tiempos difíciles, de formación de las organizaciones revolucionarias y de múltiples complejidades en la lucha popular y de masas.

Después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos estaba preso de su prepotencia, de su carrera a convertirse en la primera potencia mundial de occidente y no estaba dispuesto a tolerar que unos judíos italianos proclamaran la existencia de ideas revolucionarias y que se llamaran a sí mismos anarquistas.

El juicio fue una farsa. No hubo pruebas concretas, menos lo que hoy se llama el debido proceso. En todas las latitudes se reconoció como una violación de los derechos civiles, los mismos que se violan todos los días en la potencia yanqui y que es calificada por los lacayos de todos los pelambres como la más perfecta democracia en el mundo. La democracia que no vaciló en botar sobre Hiroshima y Nagasaki la bomba atómica, que dejó miles y miles de muertos y horribles secuelas en sus generaciones posteriores. Las que fueron visitadas hace pocas semanas por el presidente Barack Obama sin que tuviera el coraje de pedir perdón por el holocausto y el daño causado.

La democracia que revelaron los informes del Congreso en 1975, que no vaciló en poner en práctica un programa criminal del FBI, conocido como Counter Intelligence Program, programa de contrainteligencia que le permitía a sus agentes irrumpir en casas y oficinas para implantar micrófonos de forma ilegal y hasta ejecutar asesinatos. Y en 1969 el FBI colaboró con la policía de Chicago para asesinar a dos líderes de “Panteras Negras”. Siempre con licencia para matar. La democracia que invade a otros países con falsos argumentos como las armas químicas en Irak que nunca aparecieron. La democracia que impuso el criminal bloqueo contra Cuba y auspició el golpe militar fascista en Chile en 1973. La democracia que fomenta la barbarie en el cercano oriente y en todas las latitudes.

Veintiséis años después, en plena guerra fría y en desarrollo del anticomunismo de Maccarthy, fueron también llevados a la silla eléctrica, el 19 de junio de 1953, los esposos, Ethel y Julius Rosenberg, militantes comunistas, acusados de entregar información secreta atómica a la Unión Soviética. El testigo David Greenglass, hermano de Ethel, reconoció en 2001 que había cometido perjurio al acusar con falsedad a su hermana y a su cuñado. Jean Paul Sartre, en 1953, calificó la ejecución de los esposos Rosenberg como “linchamiento legal”.

Celestino Madeiros, un portugués preso junto a Sacco y Vanzetti, reconoció que había sido el autor del robo y del asesinato por el que juzgaron a Sacco con el que tenía enorme parecido, pero nada de eso sirvió para abrir de nuevo el juicio contra los dos trabajadores: Sacco, zapatero y Vanzetti, pescador. En 1977 el Gobernador de Masachussets declaró que Sacco y Vanzetti fueron ejecutados a pesar de ser inocentes y se mostró partidario de reivindicar sus nombres.

Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron electrocutados por un crimen que no cometieron. “La democracia” de Estados Unidos no les perdonó que fueran revolucionarios y anarquistas que luchaban contra el capital. Prefirió asesinarlos, no toleró su condición ideológica. También fueron linchados “legalmente”.

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