El sí es por Colombia

La godarria se une alrededor de Uribe Vélez para atizar la guerra y cerrar filas en contra de un nuevo orden político y social, apegada, como siempre ha estado, a la violencia desde el poder para mantener el régimen plutocrático y de gabelas a la clase dominante burguesa y latifundista.

Los firmantes son dráculas del siglo XXI, que se nutren de la sangre de los colombianos.

Los firmantes son dráculas del siglo XXI, que se nutren de la sangre de los colombianos.

Editorial del Semanario VOZ

Circuló en días pasados una carta dirigida al senador Álvaro Uribe Vélez, a la ex candidata presidencial Martha Lucía Ramírez, al abogado Jaime Castro, a dirigentes gremiales y a otras personas opuestas al plebiscito y –a través de ellas- “a otros numerosos colombianos que ejercen similar liderazgo en las más variadas organizaciones (…), para hacerles un llamado fervoroso”.

El efusivo mensaje a nombre de la “Unidad Republicana” y el “llamado fervoroso” es a oponerse al plebiscito y a la paz que anhelan la gran mayoría de los colombianos, según lo demuestran todas las encuestas, a pesar de la carga beligerante de la mayoría de los grandes medios de comunicación que alientan el odio contrainsurgente y de paso la oposición a los acuerdos de paz y de una Colombia democrática y más justa.

Los flamantes firmantes republicanos son conspicuos representantes de la vieja y la nueva caverna colombiana, ultraderechistas y simpatizantes del nazifascismo, opuestos a un país de libertades y de mayor igualdad social. No es casual que la misiva vaya dirigida a Álvaro Uribe Vélez y a Martha Lucía Ramírez, en primer lugar, declarados enemigos de los diálogos de La Habana y de la reconciliación nacional después de sesenta años de violenta confrontación.

La godarria se une alrededor de Uribe Vélez para atizar la guerra y cerrar filas en contra de un nuevo orden político y social, apegada, como siempre ha estado, a la violencia desde el poder para mantener el régimen plutocrático y de gabelas a la clase dominante burguesa y latifundista. El argumento de fondo consiste en que los diálogos significan, “torcida conjunción del Ejecutivo con una organización guerrillera que hasta hace pocos años se encontraba derrotada militar y políticamente, y ahora ha sido revitalizada, se ha convertido en la mayor amenaza para el futuro de la República”.

Como quien dice, para ellos el principal peligro en Colombia son los diálogos de paz de La Habana. Los firmantes son dráculas del siglo XXI, que se nutren de la sangre de los colombianos. ¿Guerrilla derrotada? Ni siquiera con todo el rigor de la “seguridad democrática” pudo ser aniquilada. Los uribistas fracasaron en el empeño. ¡Que lo diga Martha Lucía Ramírez, primera ministra de Defensa del gobierno Uribe, que anunció su desaparición en 90 días en el colmo del optimismo y la desesperación!

Uribe, más hábil que los peones firmantes de la carta, al anunciar la campaña por el no en el plebiscito, explicó que su eventual victoria no implica la ruptura del diálogo con la guerrilla, pero sí, aclara con su acostumbrada mentalidad tramposa, que deberán ir a la cárcel “a purgar sus delitos”, mientras él, acusado de horribles tropelías de las cuales es presunto responsable, permanece arropado de impunidad. Uribe hace la campaña con camisas negras como los fascistas y acudiendo a los acostumbrados engaños como el de utilizar la imagen publicitaria de Juanes, treta que fue denunciada y rechazada por el mismo artista.

Este arranque de la extrema derecha es una amenaza para la paz. No es el simple anuncio democrático de la campaña por el no, la argumentación está cargada de odio y de violencia. Ya se conoce como comienzan disfrazados de demócratas y terminan apoyándose en actos demenciales y provocadores.

La izquierda arrancó ya en la campaña democrática por el sí, que implica la paz y también los cambios para Colombia. Es lo que atemoriza a estos siniestros personajes que siempre se han apoyado en la violencia y las restricciones a las libertades para mantener sus privilegios.

Es evidente la diferencia entre quienes promueven el sí y los que agitan el no, más allá de algunos que están equivocados. Aun en la izquierda hay unos pocos confundidos que creen que la paz dialogada limita la movilización social y equivale a darle respaldo al gobierno neoliberal de Santos.

El sí es por Colombia, por la democracia, por la justicia social, por los cambios, contra el paramilitarismo y la Asamblea Nacional Constituyente.

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