Juegos Olímpicos: ¿Escenario de la “guerra fría”?

Acusación de dopaje a Rusia

La atleta rusa Yelena Isinbáyeba, campeona mundial y olímpica de salto con pértiga.

La atleta rusa Yelena Isinbáyeba, campeona mundial y olímpica de salto con pértiga.

Alberto Acevedo

Como ‘injustas’ y ‘desproporcionadas’, han sido calificadas por las autoridades rusas las sanciones impuestas por distintas instancias directivas de los Juegos Olímpicos, contra un grupo de 68 deportistas, acusados de dopaje, de los 387 que se disponían a integrar la delegación rusa a las justas mundiales de Río de Janeiro, que comienzan este 5 de agosto, y que amenazan con el retiro de toda la delegación deportiva.

Desde el presidente de Rusia, Vladimir Putin, hasta los directivos del Comité Olímpico nacional de ese país, coinciden en señalar que las competiciones han sido víctimas de un nuevo montaje, de tinte policíaco, detrás del cual se esconden los hilos de titiritero del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que trasladarían un escenario de confrontación entre grandes potencias a las arenas deportivas internacionales, en una especie de reedición de la ‘guerra fría’ en el deporte, y que amenaza con poner en juego los ideales olímpicos.

El andamiaje de las acusaciones se basa en el llamado ‘informe McLaren’, que a su vez estructuró las acusaciones de dopaje con base a las declaraciones de un desertor de Rusia, Grigori Rodtchenkov, antiguo colaborador de los laboratorios antidopaje rusos.

En el mundo son famosos los montajes de los servicios de inteligencia norteamericanos con base en declaraciones de informantes a sueldo, para justificar incluso agresiones a países, como fue el caso de Libia, tras el cuento de que ese país poseía un arsenal nuclear, que jamás existió.

Acusación injusta

Ahora se edifica una hilarante y truculenta historia, en la que se menciona que supuestos agentes de la inteligencia rusa habrían construido edificios con túneles como ratoneras, por donde se desplazaban ejércitos de agentes para trasladar subrepticiamente en las horas de la noche muestras de sangre de los deportistas estrella, para cambiarlas por otras en las que había desparecido cualquier rastro de dopaje. Práctica nociva que por cierto, según el informe, obedecía a una orientación institucionalizada del gobierno ruso.

Aleksander Zhukov, presidente del Comité Olímpico de Rusia, tras calificar de injustas las anunciadas sanciones contra sus deportistas, dijo que “no se puede penalizar todo un país por el mal proceder de algunos”, en caso de que se comprobara alguna infracción.

Manipulación

Pero ni siquiera existe un veredicto objetivo de una autoridad internacional del deporte. Periodistas deportivos recuerdan el caso de la estrella rusa del tenis, María Sharapova, que en enero de este año dio positivo en una muestra de dopaje y fue sancionada por ello. En realidad, las pruebas de laboratorio detectaron en su sangre una substancia llamada Meldonium, un medicamento cardiaco, que la deportista usaba desde 2006 por disposición médica.

De acuerdo a un informe de la CNN en español, el medicamento fue catalogado como “sustancia prohibida” a comienzos de 2016, una década después de que la deportista lo venía usando, justamente unas horas antes del Abierto de Australia, donde participó la competidora rusa y fue sancionada.

Desde luego, casos de dopaje reales se han presentado desde hace mucho tiempo y han implicado a todos los países. CNN en un reportaje fotográfico reciente, indicó que los diez deportistas más famosos del mundo han sido sancionados por dopaje, y estos, en su mayoría son norteamericanos. Es el caso de los atletas Michael Phelps y Tyson Gay, el ciclista Lance Armstrong y el extenista Andre Agassi, entre otros. En América Latina está el sonado caso de Diego Armando Maradona.

Sin embargo, jamás hasta ahora, las autoridades olímpicas internacionales se plantearon amenazar con excluir un país por estas prácticas. No lo hicieron con Estados Unidos, a pesar de los reiterados casos de dopaje entre sus hombres, ni con Francia o Alemania. A pesar de que en Estados Unidos las prácticas de dopaje sí tienen tintes de institucionalidad. El dueño del laboratorio Balco en Estados Unidos, Víctor Conte, quien protagonizó un escándalo por el uso de esteroides, dijo que en ese país existen medicamentos estimulantes que no son detectados por los controles antidopaje.

Con toda la saña

Pero en el caso de Rusia la cosa es distinta. Se ha descargado toda la saña contra el gobierno de Putin. Están frescas aun las noticias de que en la última cumbre de la OTAN se acordó tender un cerco de bases militares sobre la frontera rusa con el Mar Báltico y construir un escudo antimisiles, que constituye una amenaza nuclear contra ese país.

En el episodio deportivo, se reclama que toda la delegación rusa sea excluida de los Olímpicos de Río 2016. Sin conocerse aun el Informe McLaren, la Agencia Mundial Antidopaje, WADA, recomendó al Consejo de la Federación Internacional de Atletismo suspender a la Federación de Rusia “por evidencias de dopaje masivo”.

El Comité Olímpico Internacional dijo por su parte que “no patrocinará” ningún evento deportivo en Rusia, incluyendo los juegos europeos ya previstos. Esta actitud amenaza con un boicot general para los juegos olímpicos de Moscú de 2019. Incluye el llamado a las federaciones que realizan deportes de invierno para que se abstengan de programar eventos en Rusia, incluyendo mundiales, y que busquen sedes en otros países. La conspiración está de bulto. No podía haber más saña contra un país que también se combate en otros escenarios, de acuerdo a la geoestrategia norteamericana de gran potencia.

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