Las encrucijadas de la sustitución de la coca

En Briceño (Antioquia), la mayoría no tiene claro qué paso dar, pues el nivel de organización es poco y el desconocimiento frente a los acuerdos en La Habana es grande

Alto de Chirí visto desde Toledo. Foto Bibiana Ramírez, APR.

Alto de Chirí visto desde Toledo. Foto Bibiana Ramírez, APR.

Bibiana Ramírez – Agencia Prensa Rural

La niebla bordea las montañas. La lluvia ha dejado su huella de la noche anterior y en esa tarde el cielo está gris, amenazando más lluvia. Los niños saltan por la cancha de la escuela después de clase, algunos hacen aseo, otros suben a los árboles y otros más juegan a las canicas. Altos de Chirí es una de las diez veredas escogidas para la implementación del plan piloto sobre sustitución de cultivos de coca en Briceño.

Para llegar allí hay que subir una empinada montaña. Hay dos vías. Una es entrando por el Valle de Toledo y demorándose, desde Medellín, cuatro horas en carro, o la otra es por Briceño, lo que tardaría unas siete horas de camino, mitad en carro y la otra mitad a pie. Ninguna pavimentada, por el contrario peligrosas.

El 10 de julio fue presentado el plan piloto en el corregimiento de Pueblo Nuevo, donde se acordó iniciar desde el 1 de agosto con el tema de divulgación y sensibilización comunitaria en todas las veredas.

La comunidad de Chirí se reunió para intentar generar una propuesta conjunta para presentarle al gobierno y a las FARC en el tema de la sustitución de la coca. Aún tienen muchas dificultades de organización y comprensión. Sin embargo empezaron por crear un comité cocalero.

Los demás puntos que hacen parte del plan, y que suman seis, quedaron registrados en un documento y se refieren a tierras, aguas y medio ambiente; infraestructura; desarrollo productivo; desarrollo social; y seguridad. También se inició con la instalación de una mesa de trabajo que busca, en el menor tiempo posible, que se suscriban los respectivos compromisos para el desarrollo e implementación.

Temores frente a la sustitución

Muchos recuerdan que a mediados de agosto del año pasado, cuando inició el desminado humanitario en El Orejón, no fueron consultados ni les preguntaron por sus necesidades y propuestas. La única manera de involucrar la comunidad fue en la prestación de servicios a los visitantes.

También tienen la experiencia con el proyecto de Hidroituango, donde hay muchas familias sin indemnizar y sin tierra, desplazados y dejando sus culturas en el olvido, con el temor de llegar a la ciudad.

Por lo tanto se preguntan: “¿Qué tan confiable es lo que prometen el gobierno y los acuerdos?”. Están a la expectativa de lo que va a pasar con la propuesta frente a la sustitución. La mayoría no tiene claro qué paso dar, pues el nivel de organización es poco y el desconocimiento frente a los acuerdos en La Habana es grande. “Aquí necesitamos es que nos aclaren bien, a nosotros nos cuesta entender en una sola reunión”, dice Albeiro, el presidente de la junta de acción comunal.

Y es apenas normal cuando la mayoría no fueron a la escuela y cuando les ha tocado inventarse mil maneras de sobrevivir en un lugar donde han sido despojados y encerrados por diferentes factores: la violencia, la coca, los megaproyectos, la falta de inversión estatal en vías, escuelas, proyectos productivos, etc.

“Todo esto surgió por el hambre, nosotros estábamos bien, sembrando nuestros alimentos y barequiando en el río Cauca, pero de allá nos sacaron. Entonces no debemos ser llamados terroristas, sino víctimas por sembrar coca”, dice Daniel, habitante de Chirí.

En diciembre del año pasado 19 veredas y dos corregimientos de Briceño salieron a paro cuando se dieron cuenta de que la sustitución de cultivos era el siguiente paso a dar en las negociaciones en La Habana. Los campesinos decían estar de acuerdo con la erradicación, pero al tiempo exigían “un plan integral de sustitución concertado con las comunidades, en las cuales se les garantizara la protección de los derechos humanos, la generación de condiciones de infraestructura, y plazos de tiempo para poderse acondicionar a otros cultivos”.

Pero el gran problema que tienen son las difíciles vías de acceso a las veredas, por eso no pueden comercializar los productos que cultivan. Lo paradójico es que EPM sí tiene vías pavimentadas, con luz para llegar a las ciudadelas que construyeron en todo el cañón del río Cauca, donde construirán Hidroituango.

El carro que nos llevó a Altos de Chirí por el Valle de Toledo, esa misma tarde, haciendo otro viaje, perdió los frenos y quedó totalmente destruido, con la fortuna de que Albeiro, el conductor y presidente de la junta de acción comunal, salió ileso e iba solo. Lo que demuestra que están en constante peligro. Cuentan que por esa vía los accidentes son comunes, pero les queda más fácil ir al Valle que al mismo Briceño.

¿Qué sembrar?

¿Qué lleva a un campesino a sembrar coca? “No había manera de sobrevivir de la agricultura hasta que la hoja se convirtió en nuestra economía campesina y es un problema que no se resuelve con lo militar, ni erradicando ni fumigando”.

Una de las propuestas hechas por el Gobierno es que las comunidades tienen la tarea de sustituir los cultivos ilegales y se comprometen a la no resiembra de los mismos, así como a no estar involucradas en labores asociadas a los cultivos ilícitos ni a su comercialización. “En dos meses aspiramos a tener una hoja de ruta y los compromisos definidos para iniciar la sustitución. Esta es una medida de confianza”, dijo Rafael Pardo, el consejero del posconflicto, en el evento en Pueblo Nuevo.

Hay muchas familias que han dejado de sembrar otros cultivos porque la coca les da más. “Cada dos meses me quedan dos millones y medio libres para los gastos familiares y para ahorrar para la siguiente cosecha, pero ahora también nos la van a quitar. Los pobres, ¿de qué vamos a vivir?”, dice César, otro habitante de la vereda.

La coca terminó vinculando a toda la familia en ese oficio. De esos cultivos vive una larga cadena integrada por raspachines, arrieros, fumigadores, macheteros y señoras que les cocinan, aunque muchas de ellas también raspan. Además se preguntan “de qué manera el Gobierno tiene en cuenta a los adolescentes que crecieron sembrando coca o las mujeres que cambian el hogar por el trabajo en los cultivos”.

“Nos dijo el Gobierno, cuando estábamos en Pueblo Nuevo, que así como hemos sembrado coca, sembremos otra cosa. Pero mientras se produce otra cosa, ¿de qué nos vamos a alimentar, con qué vamos a pagar la costosa energía que nos cobran? Están dando semilla de cacao, pero la mayoría tampoco tenemos tierra para sembrar”, dice Daniel.

“No venimos con palines a erradicar, venimos a construir un programa con el conjunto de las comunidades y los aportes del gobierno para poder sacar adelante la vida de los campesinos en Colombia”, dijo Pastor Alape en el evento en Pueblo Nuevo.

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