Los migrantes cubanos en Urabá: Verdades ocultas

Cuba está dispuesta a entregar hasta 20 mil visas anuales a quienes deseen visitar los Estados Unidos. Pero el consulado americano en La Habana impone demoras angustiosas y elevadas tarifas para evitar una migración masiva a su país

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Alberto Acevedo

El tráfico ilegal de inmigrantes en Colombia está en manos de una poderosa mafia, que tiene vínculos con al menos cinco entidades del Estado, según informe reciente de prensa, conocido al finalizar la semana pasada.

Se ha establecido que sus principales cabecillas son antiguos agentes y oficiales del DAS, la misma entidad que tuvo un tratamiento privilegiado durante las dos administraciones del presidente Uribe Vélez y que, bajo inspiración suya, fue el organismo encargado de la ingrata tarea de “chuzar” los teléfonos de personalidades de la administración de justicia, el periodismo, y el movimiento popular y democrático.

En manos de este “cartel de inmigrantes” el fenómeno se disparó en los últimos seis meses, y al menos 9.377 personas en condición de ilegales han sido detectadas, y en la mayoría de los casos deportadas. Sin embargo, la presencia de 1.273 cubanos, que no representan la tercera parte de las personas en esta condición, ha ejercido una particular y morbosa fascinación de los grandes medios de comunicación en nuestro país.

El perfil de los migrantes cubanos no es igual al de los provenientes de casi una decena de países diversos que se refugian en Urabá y otras regiones fronterizas de nuestro territorio. No presentan la condición de casi indigencia de, por ejemplo, los africanos.

En manos de traficantes

Constituyen una suerte de refugiados privilegiados, que de ninguna manera reportan el cuadro de necesidades y desesperación que las informaciones de prensa insisten en presentar. Las fotografías muestran otra cosa. Varios de ellos aparecen hablando por celulares de alta gama. Presentan una cara y cintura rozagantes, a pesar de que nos quieren hacer creer que consumen apenas una comida en el día. Están pagando un arriendo costoso en una bodega privada donde reside el grupo más numeroso.

Los demás pagan igualmente arrendamientos caros en casas de familias o en dormitorios clandestinos. Y asumen ese costo, porque esa es la tarifa que les cobran ‘coyotes’ e intermediarios inescrupulosos que manejan las rutas del comercio ilegal de personas.

Los inmigrantes cubanos hoy asentados en Urabá, han hecho, sin embargo, un largo y tortuoso recorrido desde el mar Caribe hasta Ecuador, que dejó de pedirles visa, y luego un ascenso por la abrupta geografía boscosa latinoamericana hasta intentar llegar al soñado paraíso de los Estados Unidos. Investigaciones de inteligencia dan por hecho que cada inmigrante paga a los intermediarios y traficantes que controlan las rutas, entre cinco, diez y veinte mil dólares, para garantizar no solo el transporte, sino el suministro de documentación falsa que permita pasar los controles aduaneros y de inmigración.

Violando acuerdo migratorio

Pagar hasta 20 mil dólares es indicativo de que de ninguna manera son inmigrantes pobres y desvalidos. En el caso de los cubanos, además, muchos de ellos son profesionales altamente calificados, como es el caso de algunos médicos que desertaron de programas asistenciales en Venezuela.

Esta información, ya deja entrever que las versiones de prensa con las que hemos amanecido en las últimas semanas, no han dicho toda la verdad del contexto de la inmigración cubana.

Hace tres o cuatro años, el tráfico de ciudadanos cubanos no era particularmente significativo. En el esfuerzo por normalizar las relaciones con los Estados Unidos, el gobierno de la isla suscribió un acuerdo migratorio con la Casa Blanca, y aprobó a su vez una nueva ley interna, que permite el acceso al pasaporte y la visa a cualquier ciudadano de la isla, para que viaje al país que desee, a condición de que regrese antes de 24 meses, para que no pierda la condición de residente.

Los países occidentales, con Estados Unidos a la cabeza estuvieron reclamando a las autoridades cubanas “libertad de viajes”, para que cualquiera pudiera salir cuando quisiera, son ellos ahora los que no le conceden visa en sus embajadas en La Habana a quienes quieren salir. La ley cubana establece un cupo de hasta veinte mil visas por año a las personas que deseen hacer uso de ellas, paran viajar a los Estados Unidos.

Filtros odiosos

Pero el consulado americano en la isla establece unos filtros odiosos, en los que en primer lugar impone un elevado costo y plazos demorados a quienes quieran visitar a su país, y en segundo lugar prefiere a visitantes profesionales de alto perfil o ciudadanos que tengan ya familiares en Norteamérica.

En esas condiciones, los que no obtienen la visa americana en La Habana, intentan llegar ilegalmente a territorio norteamericano. Quienes aspiran a ello, saben que existe la denominada ‘ley de ajuste cubano’ que les permite disfrutar de gabelas especiales si logran ingresar a los Estados Unidos. Estas tienen que ver con que reciben de inmediato un permiso de trabajo y un año después del ingreso, si permanecen en el país, les dan automáticamente visa de residentes permanentes.

Existe además una especie de enmienda legal, conocida como de “pies secos, pies mojados”, que implica que si a un inmigrante cubano lo sorprenden en aguas marítimas es deportado de inmediato a su lugar de origen. Pero si alcanza a pisar territorio norteamericano, es acogido con todos los privilegios mencionados. Basta con que diga: “me acojo a la ley de ajuste”, y lo reciben. Si la declaración se produce en zona de frontera, le costean el pasaje hasta el lugar que señale como futura residencia.

Esta situación, desde luego, no sucede con los refugiados mexicanos o centroamericanos que son maltratados y humillados y en la mayoría de los casos devueltos a sus países. Los Estados Unidos le dan un manejo político a la migración cubana, violando inclusive los acuerdos suscritos con el gobierno cubano en el proceso de normalización de relaciones bilaterales.

Motivaciones económicas

En el caso de los ciudadanos que hoy se encuentran en Urabá, no son refugiados políticos, no salieron de Cuba en forma ilegal, no son perseguidos políticos, disponen de recursos económicos para pagar la larga cadena de intermediarios y traficantes, y pueden regresar a su país cuando quieran.

Está además, la situación particular de los cubanos de alto nivel profesional, especialmente los médicos, que si solicitan ingreso, reciben de inmediato una visa por 90 días. Pero en este caso, se trata de una política para robar profesionales de la salud al gobierno cubano y sabotear los programas de solidaridad con América Latina. Esos médicos no pueden ejercer su profesión en Estados Unidos.

La motivación real es que ante el duro impacto que en el nivel de vida de los cubanos ha dejado el criminal bloqueo económico de más de 60 años impuesto por Washington, un número importante de personas en la isla aspiran a trabajar en Estados Unidos para aumentar sus ingresos, ahorrar lo más que puedan y regresar con algún dinero para sus familias. Lo irónico es que muchos vendieron su casa y su carro, para conseguir con qué pagar a los intermediarios y los retenes en la larga cadena de traficantes por el continente americano.

Esta situación perdura, entre otras cosas, por la prevalencia de una serie de enmiendas que el presidente Obama podría derogar, en el momento en que lo desee, si tuviera una actitud más sincera y condescendiente con su discurso de acercamiento al gobierno socialista de la isla.

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