Ofensa a las Madres de Plaza de Mayo

Acusación contra Hebe de Bonafini

Hebe de Bonafini, líder de las Madres de Plaza de Mayo.

Hebe de Bonafini, líder de las Madres de Plaza de Mayo.

El jueves 4 de agosto, el juez Marcelo Martínez di Giorgi consiguió estremecer a la opinión pública argentina al impartir una orden de detención contra la líder histórica del grupo de víctimas y sobrevivientes de la dictadura militar de ese país, Hebe de Bonafini, cuya organización es conocida como las Madres de la Plaza de Mayo.

Según el funcionario judicial, Bonafini deberá responder por un faltante de dineros, estimado en 138 millones de dólares, de un programa de viviendas sociales conocido como ‘Sueños compartidos’, que en realidad estuvo manejado por los hermanos Sergio y Pablo Schoklender, y que recibió alguna financiación durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Para los sectores democráticos del país austral, la decisión judicial avergüenza a la administración de justicia en Argentina. Bonafini, una venerable mujer de 87 años de edad, cuyos hijos y yernos fueron desaparecidos y asesinados durante los años de la dictadura militar, se ha convertido en símbolo de la resistencia antifascista.

Por su simpatía y solidaridad con los gobiernos Kirchner, se le han formulado críticas por algunos sesgos ideológicos en la conducción de su movimiento, pero jamás se le acusó de manejos deshonestos. Por el contrario, el heroísmo con el abordó las tareas de la resistencia contra la dictadura, la convirtieron en símbolo moral de la lucha por los derechos humanos y la democracia, en Argentina y América Latina.

No todos son iguales

El juez di Giorgi, al responder las críticas por la citación a la líder de las Madres de Mayo, dice que “todos somos iguales ante la ley” y ella debe responder por la responsabilidad que le quepa en el manejo fraudulento de los fondos del aludido programa de vivienda.

En realidad, en Argentina, no todos son iguales ante la ley. Comenzando por el cuerpo de jueces, que disfrutan de privilegios especiales, y que en el pasado se hicieron de oídos sordos ante los crímenes de la dictadura y sus secuaces. Aun ahora, en los tiempos de la ‘democracia’, nunca libraron una orden de captura contra defraudadores del erario como los Menem, los De la Rúa, los Cavallo y otros que están libres, disfrutando sus inmensas fortunas de origen oscuro. Ningún empresario, inmerso en hechos de corrupción, ha sido puesto en prisión.

Las Madres de la Plaza de Mayo no deberían ser iguales ante la ley. Hay dirigentes que deben tener reconocimientos vitalicios, por su lucha de años, abnegada, sacrificada, insobornable. Ellas, sobre todo, que fueron testigos de las desapariciones, las torturas, los choques eléctricos, a quienes el Estado les arrebató a sus hijos, a sus novios, a sus maridos, y ahora ese mismo Estado pretende juzgarlas. Hebe de Bonafini es un símbolo viviente de esa lucha.

La justicia no tiene autoridad moral para juzgarlas. Los sectores populares, el pueblo, han reclamado respeto por la memoria de los desaparecidos y sus víctimas y han dicho a estas luchadoras sociales: Madres de la Plaza de Mayo, el pueblo las abraza”.

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