La calma después de la tormenta

A propósito de la campaña publicitaria en el plebiscito que abrió las puertas de la democracia en Chile

Escena de la película No.

Escena de la película No.

La película “No” de Pablo Larrain, muestra el acontecimiento del 5 de octubre de 1988, el plebiscito que dio por terminada la dictadura de Augusto Pinochet. Las campañas por el “sí” y por el “no”, por el sí que manifestaba la continuación de la dictadura hasta el 11 de marzo de 1997, y la campaña por el “No” que buscaba la terminación de una larga restricción de la democracia, de exilios, asesinatos, de desapariciones forzadas, en el pueblo de Chile.

El plebiscito condujo al fin de la dictadura como a la apertura de un nuevo periodo de transición en la construcción de un verdadero régimen democrático. Este fue el triunfo de los sectores democráticos y de izquierda de la sociedad chilena.

Propaganda creativa

La canción de la campaña por el No “Chile, la alegría ya viene / porque diga lo que diga / yo soy libre de pensar / porque siento que es la hora / de ganar la libertad / es tiempo de cambiar / por que basta de miseria / voy a decir que No / porque nace el arcoiris / después de la tempestad / porque quiero que florezca / mi manera de pensar / porque sin la dictadura / la alegría va a llegar / porque pienso en el futuro / voy a decir que no / vamos a decir que no / oh oh / vamos a decir que no / oh oh / todos a decir que no / por la vida y la paz / Chile, la alegría ya viene / Chile, la alegría ya viene /”.

Es una canción de cambio, de esperanza, de transición, aunque las letras preliminares fueron escritas desde el dolor “no más genocidas / no más dictadura / no más detenidos desaparecidos /el exilio, la tortura /”. No bombardearon a la sociedad con más miedo, sino con esperanza. La propaganda creativa con alto contenido de confianza en la democracia, y de libertad fue la que se impuso. Logrando con ello crear conciencia del tipo de sociedad en la cual se encontraban.

Por el sí

La propaganda por el sí, le apostó a consignas “si yo gobierno, ustedes gobiernan”, “por un país ganador, somos millones”, 15 minutos de pantalla, que la aprovecharon para unificar un solo discurso, y pensaban que la oposición que eran 17 grupos, se iba a pelear como un montón de gatos, cosa que no sucedió, la unidad ganó. Con otros discursos le apostaron al miedo, a la sociedad chilena los asustaron con el pasado del “socialismo”, la llegada del marxismo como pensamiento de atraso económico, con las grandes filas para comprar el pan, el estancamiento del país, la crisis económica, la inseguridad. La dictadura se apropió del concepto de democracia.

Los grandes medios de comunicación con su trasmisión persuasiva, iniciaron su discurso con la labor del miedo, las encuestadoras que daban como ganadores los promotores por el “Sí”, supuestamente con la autoridad de una firma reconocida, para moldear la opinión pública y cambiar el curso de los hechos, las mentiras mil veces repetidas que se transforman en verdad, fue la principal arma en el lenguaje, que es uno de los patrones de la propaganda de la derecha por medio de la manipulación mediática.

Propaganda autoritaria

La agitación política se centra en la idea del líder. Someter a examen la naturaleza y los contenidos de los discursos de los principales agitadores de la extrema derecha permiten ubicar las principales tensiones fundamentales en un proceso de apropiación de una idea, para ello es necesario observar lo siguiente: en primero lugar, que el discurso demuestra el desprecio por las masas, que se adecua en ciertos momentos en esa atmósfera de agresividad emotiva irracional que se promueve deliberadamente por sus principales agitadores.

Transformar la conciencia del común de la gente en simples acciones violentas sin ningún propósito político, a rendirse, sin discusiones, ante la poderosa arma mediática, que son recursos acomodados por el que el pensamiento popular accede al hechizo del pensamiento retardatario, esto se da por su alto grado de individualización, hijos de una la sociedad liberal y de consumo, competitiva, autosuficientes que actúan como buenos ciudadanos sin ningún tipo de formación política, fácilmente influenciables, propensas a miradas regresivas. Es a partir de la obra de Gustave Le Bon, que se reconocen estos propósitos con el nombre de “psicología de las masas” y el aporte de Freud en su libro “Psicología de las masas y análisis del yo”, publicado en inglés en 1922.

Un segundo lugar: los discursos son monótonos, repeticiones interminables, promueven nombres en apariencia grandes, hasta que los convierten en “el ideal de la masa”, la pobreza de ideas que se utilizan como ingrediente de la técnica de totalidad, es una regla mecánica con una unidad estructural que determina cada palabra a todas sus partes, abarca concepciones políticas que tienen algo de realidad como concepciones de manipulación psicológica.

Esta demagogia es su principio unificador. El concepto de amor se traslada a la abstracción de patria, el de democracia a la abstracción de seguridad, el concepto de trabajo incansable a la abstracción de sacrificio por un país, y quien lo implementa es una autoridad amenazante ante una actitud pasiva masoquista que renuncia a su “propia voluntad”.

En tercer lugar, la verdad sistemática, que cambia los discursos según las circunstancia, que interpreta los hechos para imponer el poder de la verdad, a través de los medios de comunicación para moldear el pensamiento y las subjetividades de las personas. El poder de cierta verdad, que tiene un determinado grupo para imponer su interpretación de los procesos para dominar y sofocar a las otras fuerzas. Que tiene como objetivo político la abolición de la democracia mediante el apoyo de las masas en contra de los principios democráticos.

Frente a ese poder se impusieron las resistencias de los sectores democráticos en Chile. El triunfo de la apertura democrática, el desarrollo de un gobierno civil de transición, que logró que llegaran gobiernos alternativos, pero igualmente se mantiene la derecha, que disputa el poder político para seguir profundizando su modelo económico. Han trascurrido más 27 años y la disputa por el poder continua entre el modelo neoliberal y un modelo alternativo impulsado desde la izquierda. El escenario político de la disputa es otro a diferencia de la dictadura.

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