La paz sirve a los trabajadores

La participación de los trabajadores y sus familias en la refrendación de los acuerdos y en la construcción de una paz estable y duradera, es fundamental

Trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, ETB. Foto J.C.H.

Trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, ETB. Foto J.C.H.

Alfonso Velásquez

Si a alguien le interesa que haya paz en Colombia es a los trabajadores. En medio de la violencia, lograron arrebatarles el contrato de trabajo, el salario, las prestaciones, la seguridad social, los recargos nocturnos, las horas extras en festivos y dominicales. Asimismo, se amenaza al SENA, a las cajas de compensación, en nombre de la libertad de empresa, de la denominada seguridad jurídica para la Inversión Extranjera Directa, IED, y desde luego, hemos perdido en los últimos cuarenta años alrededor de diez puntos sobre la participación en la riqueza creada por y para los colombianos.

Todo ello, en medio de la política contrainsurgente agenciada por el Estado colombiano con el patrocinio de los gobiernos de EE.UU. El neoliberalismo y sus agentes, han vendido los activos de la nación: Telecom, las empresas de energía eléctrica, la Caja Agraria, las carreteras a concesionarios privados, parte de los bienes minero-energéticos, el espectro radioeléctrico, el sistema de salud y parte de la educación.

Pretenden seguir enajenando los servicios públicos domiciliarios para dejar al sector público con el único encargo de administrar los impuestos que pagamos de diversas formas los ciudadanos. La distribución y uso de la tierra no fue objeto de discusión en el legislativo haciendo que hoy las empresas transnacionales sean propietarias de enormes porciones de tierras donde reposa el carbón, el petróleo, níquel, esmeraldas, oro y otros minerales de valor. Aun van por el agua y lo que queda de riquezas no renovables.

Un nuevo país

Se requiere una nueva nación, un nuevo Estado en el que tengan participación la enorme masa de marginados, entre ellos los trabajadores y las trabajadoras, los productores de la riqueza, junto a otros sectores damnificados por el modelo de acumulación actual. Está la tarea histórica de construir democracia, soberanía y una mayor equidad (somos de las naciones más inequitativas del mundo), solo así habrá una paz estable y duradera.

Es por esa razón que hay que ir a refrendar los acuerdos pactados entre la insurgencia y el Gobierno y de paso empujar la recuperación de lo que nos han conculcado; vamos por diez millones de votos por el sí, vamos por la recuperación del contrato de trabajo, de un trabajo digno, para fortalecer la demanda interna y garantizar un crecimiento que permita que el valor que se logre crear sea esparcido entre los 47 millones de habitantes y no para un pequeño núcleo de familias multimillonarias, que se han enriquecido con el trabajo de la sociedad en su conjunto.

Es claro que la paz no es la ausencia de conflictos, sino la forma de tratarlos, pues históricamente y en el marco del desarrollo de la guerra, los dueños de las empresas se han acostumbrado a que ellos pueden estar asociados pero los trabajadores no. Inclusive para algunos patronos de sectores como en el floricultor, la palabra más peligrosa de pronunciar es “sindicato” y cuando es pronunciada la cacería de brujas los lleva inclusive a despedir y perseguir a trabajadores que ni siquiera se han atrevido a asistir a ese tipo de reuniones.

Pues bien, los gremios empresariales en el marco del proceso de paz, deberán no solo permitir la creación de organizaciones de los trabajadores, sino estimular un diálogo fluido entre partes, superar esos temores de que las organizaciones de los trabajadores son para liquidar las empresas, estar dispuestos a desarrollar principios tan elementales como los artículos 53 y 56 de la Constitución Política, por ejemplo.

Así como hay que superar el “usted no sabe quién soy yo”, o aquel: “a usted lo contratamos para trabajar no para pensar” y otras frases que lastiman la dignidad de las personas. Hay que construir un país distinto, con futuro, con una familia que sienta que la empresa ha beneficiado a una parte de la sociedad.

De la misma manera los jueces, el Gobierno y los administradores de las entidades deben hacer un enorme esfuerzo por reconocer que son los trabajadores y el trabajo lo único que crea riqueza en un país; no olvidemos que el valor creado debe ser distribuido de mejor manera. Eso ha hecho que Colombia sea una de las naciones más inequitativas del mundo y que tengamos el mayor número de desplazados internos y un número muy importantes de personas que han tenido de irse a otras latitudes a buscar un ingreso para girarlo y sostener a sus familias.

Hay mucho por hacer y lo podemos lograr si hay voluntad política.

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