La puja entre Trump y Hillary: No hay con quien

Una vez proclamados oficialmente los candidatos republicano y demócrata, la recta final de las elecciones en Estados Unidos, avanza por un camino escabroso, con las dos colectividades fraccionadas y un creciente escepticismo entre los electores

Donald Trump y Hillary Clinton.

Donald Trump y Hillary Clinton.

Alberto Acevedo

Finalizadas las convenciones nacionales de los partidos republicano y demócrata, y proclamados los nombres de sus candidatos oficiales, Donald Trump y Hillary Clinton, las elecciones presidenciales de los Estados Unidos entran en la recta final, en medio de una compleja situación, caracterizada por la radicalización de las campañas y el fraccionamiento de las dos colectividades tradicionales, que afrontan, cada una, serias dificultades internas por la calidad de sus aspirantes a ocupar la Sala Oval de la Casa Blanca.

Del lado demócrata, los directores de la campaña, ante el peso de su contendor, que acorta las distancias, hacen esfuerzos por presentar a Clinton como la figura más calificada de la política nacional en estos momentos, la más sagaz, astuta y comprometida, con su pueblo, para confiarle el destino “del país más poderoso del mundo” en la historia reciente.

Pero lo que los electores ven es que en el fondo, entre las dos opciones presentadas hay apenas diferencias de matices y ambos representan un mismo proyecto. Hillary Clinton es una figura del establecimiento. Entre amplios sectores de las comunidades afroamericanas y latinas, entre sectores mayoritarios de mujeres y de la juventud, no hay aceptación para ninguno de los dos candidatos.

Encuestas recientes indican que la candidata demócrata es rechazada por el 63 por ciento de los electores, en tanto que Donald Trump es rechazado por el 67 por ciento. A esto se agrega que la abstención en Estados Unidos, donde el voto no es obligatorio, ha tenido un nivel histórico del 49 por ciento. No es pues, la norteamericana, una democracia modelo.

Reprobados

Un sondeo independiente, de la agencia NextGen Climate, entre los jóvenes, indica que ellos sienten más simpatía por el mago villano Voldemort, de la serie Harry Potter, que por los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump, quienes les inspiran un mayor nivel de desprecio.

Clinton tiene, en estas condiciones, la distinción de ser la primera mujer que aspira al primer cargo de la Casa Blanca, como indica la propaganda oficial, pero también el poco honroso título de ser la candidata presidencial más reprobada por una amplia mayoría, casi dos tercios de los electores, en la historia reciente de los Estados Unidos.

Pesa mucho en la decisión de los ciudadanos al depositar su voto, el pasado de la señora Clinton. Siendo la primera dama, apoyó la política neoliberal de su esposo, las aventuras militares en otros países, que contribuyeron a derribar gobiernos, liquidar democracias e imponer a títeres de la Casa Blanca. La que hoy es presentada como “agente del cambio”, en realidad respaldó toda la política de recortes sociales y de ajuste económico del modelo de mercado, que llevó a la recesión del año 2007.

Respaldó tanto en esa época, como en su posterior desempeño como Secretaria de Estado, la política exterior norteamericana que giró a la derecha y se convirtió en aliado de Israel en su política de guerra contra los palestinos en el Medio Oriente. No fue ajena además a la seguidilla de ‘golpes blandos’ en América Latina ni a las conspiraciones contra los gobiernos progresistas en Venezuela, Argentina, Cuba y Brasil.

Endurecimiento

Trump, por su parte, vinculado al sector inmobiliario y apoyado por el Tea Party y lo que queda de las formaciones racistas y ultra reaccionarias del Ku Klux Klan, responde a los intereses de sectores marginales del capital y no representa siquiera a la totalidad del partido Republicano.

Moviliza a los sectores más atrasados de los Estados Unidos, a un sector obrero blanco, racista, a una expresión de la lumpen burguesía, que hoy levanta la consigna de revisar los tratados de libre comercio con otras naciones y el papel de los aliados de la OTAN, lo que ha producido pánico entre los aliados de la potencia del norte, que temen un dramático giro en la política exterior norteamericana, a tono con tendencias conservadoras y fascistas que tratan de levantar cabeza en varias regiones del mundo.

Lo que parece claro es que, cualquiera sea el candidato que llegue a la presidencia de los Estados Unidos, hay quienes vaticinan un endurecimiento de la política injerencista e intervencionista de ese país hacia América Latina, en una abierta confrontación con los gobiernos progresistas de la región, y contra China y Rusia, al otro lado del océano.

En el caso de nuestra región, Washington buscará mantener su hegemonía sobre los países que han desafiado su liderazgo, como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba, entre otros gobiernos de signo democrático.

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