Tres cazadores de historias

Enrique Santos Calderón, Carlos Lozano Guillén y Daniel Coronell, desde horizontes y formaciones distintas, claman por un nuevo país en paz, con más democracia, sin corrupción.

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Rosendo López

Tres periodistas toman una decisión importante, acercarse a la verdad desde horizontes ideológicos diferentes: Enrique Santos Calderón, retirado del oficio, hermano del presidente Santos; Carlos Lozano Guillén, director del periódico Voz, intelectual formado en las canteras de la Juventud Comunista Colombiana; Daniel Coronell conocedor del quehacer y del país político.

Así empezó todo

Se puede afirmar, con todas las dificultades existentes, que los últimos cuatro años han sido importantes para los acuerdos entre el gobierno del presidente Santos y las guerrillas de las FARC, cuyo fin es terminar definitivamente el conflicto armado ¿Cómo comenzó todo? La respuesta la tienen los designados por el gobierno y la FARC, para tan encomiástica tarea.

Uno de los que llevó la voz “cantante y sonante”, por parte del gobierno nacional, fue el hermano del presidente Santos: Enrique Santos Calderón. Agraciado y culto periodista, con gran experiencia en los procesos de paz, y quien en el gobierno de Belisario Betancur, fue miembro de la Comisión de negociación y diálogo.

Enrique Santos Calderón, en Así empezó todo, afirma: “Aún cuesta trabajo creerlo. A comienzos del 2012…el gobierno de Colombia y las FARC hablaron en total secreto durante seis meses en Cuba. Y nadie se enteró”, así comienza el texto. Enrique escribe desde la crónica y la investigación, allí está la clave cuando se trata de reconstruir unos hechos tan importantes para la historia de Colombia. No encuentro fanatismo ni de izquierda ni de derecha en sus escritos.

La paz es el camino

Extraordinaria investigación del periodista Carlos Lozano Guillén, son doscientas cincuenta y nueve páginas, donde se plasma con una pluma amena y elegante una reconstrucción, a manera de comparación, de los diferentes procesos de paz.

Son tres capítulos. El primero, explica con lujo de detalles los antecedentes de las conversaciones de La Habana; allí se engarzan, inteligentemente, como una unidad temática, la formación por el ex presidente Turbay Ayala de una Comisión de paz encabezada por Carlos Lleras Restrepo y John Agudelo Ríos. Este es el punto de partida del investigador Lozano, de allí en adelante y bajo un influjo de búsqueda de la verdad emergen los protagonistas de los diferentes procesos: expresidentes, insurgentes, presiones de Washington, sindicatos, desplazados, estudiantes, entre otros. Se finaliza este capítulo con una obra maestra: una crónica nombrada: La última vez que vi al comandante Marulanda.

El segundo capítulo, dedicado a crónicas, donde hablan los dirigentes y comandantes de las FARC. Son 13 entrevistas deleitables, bien escritas, donde los guerrilleros nunca hablan de la guerra sino del futuro, es decir, la terminación definitiva del conflicto.

El tercer capítulo de La paz es el camino, es un segmento de la historia reciente, arranca con el discurso de la insurgencia y el gobierno en Noruega; el almanaque marca: octubre de 2012. En vibrante artículo Carlos dibuja lo acontecido, y sin tapujos afirma:

Desde la “gran prensa” hubo insultos, mientras que las cadenas privadas de la televisión, Caracol y RCN cortaron de manera abrupta la transmisión de la rueda de prensa con la delegación insurgente. ¡Cuánta pequeñez! Y se atreven a hablar de ecuanimidad y libertad de prensa.

Es obvio que desde los discursos en Oslo -De la Calle e Iván Márquez- se vislumbraron puntos de vista diferentes sobre la paz; hacia adelante, y es lo más importante, el arco iris de los que promueven la paz se ha ampliado y se ha configurado un espíritu de paz que copa todos los espectros ideológicos y políticos. Así las cosas, la paz no tiene propietarios: No es del presidente Santos, ni de la insurgencia. Es un derecho del pueblo colombiano; y el pueblo es diverso étnica e ideológicamente.

El libro de Carlos Lozano, es necesario para la pedagogía sobre la paz, seguramente algunos desde la perspectiva puritana ideológica intentarán descartarlo por la formación marxista del autor. Orientación y militancia que Carlos no esconde. Todo lo contrario. Siempre la deja entrever en sus análisis. Lo importante aquí es que la narrativa está diseñada y pensada con un profesionalismo investigativo que necesariamente se convierte en un punto de referencia importante sobre el tema.

Recordar es morir

Recordar es morir es una investigación de alto impacto nacional o como afirma otro grande de las letras Daniel Samper Pizano: “Es una gran colonoscopia de la política colombiana”.

Entre los temas tratados por el investigador Coronell, con mucha responsabilidad y valentía, se destacan: La toma del palacio de justicia sigue siendo un caso abierto; La yidispolítica, una historia de absurdos; Conversaciones privadas en oídos de otros (Las chuzadas); El que le vendió el alma al diablo (Agro Ingreso Seguro); SaludCoop: un monstruo de mil cabezas; La historia oscura del procurador Ordóñez.

Recordar es morir es un libro de historia presente; es un tratado de cómo se hace la política en nuestro país. Causan indignación algunas revelaciones por su acérrima impunidad, a saber: la salida con vida del magistrado Carlos Horacio Urán de la toma trágica del Palacio de Justicia y “cuyo cuerpo inerte apareció un día después en la ruinas de la edificación.” Coronell y su equipo de trabajo recogió y cotejó, un sin número de videos, con una paciencia de orfebre hasta encontrar la verdad verdadera; sin afán justiciero se encuentra la verdad, labor u objetivo del trabajo investigativo.

Recordar es morir, narra cómo el doctor Alejandro Ordóñez participó e instigó una quema de libros, que según su apreciación dañaban las mentes juveniles; se reseña que los textos quemados fueron obras de: García Márquez, Rousseau, Marx y una biblia, que a juicio de los pirómanos era una edición protestante. Todo se efectuó a nombre de una organización llamada la Sociedad de San Pio X, de la cual el actual procurador hacía parte. El almanaque marcaba 13 de mayo de 1978; precisamente la deflagración fue en desagravio a la siempre Virgen María, cuyas fiestas se festejan en el mes de mayo.

El caso de SaludCoop es excepcional, y sólo puede suceder en un país como Colombia donde en lo corrido del año son incontables los niños Wayúu fallecidos por desnutrición, tragedia que colma los límites de la paciencia. Sin embargo, y en contraste con SaludCoop emerge Agro Ingreso Seguro (AIS), el derroche de dinero de AIS es fatigante; como en el film El Clan –película Argentina dirigida por Pablo Trapero- todos en la familia saben lo que sucede pero lo disimulan y se benefician de los eventos del protagonista. La yidispolítica, es más comedia que tragedia; interesante como la reseña y caracteriza el prologuista Daniel Samper Pizano:

“El más temible es Álvaro Uribe, líder conectado con un sinfín de escándalos, actos de persecución, y corruptelas de consecuencias históricas que en cualquier país realmente democrático estaría preso en una penitenciaría, sedado en una casa de reposo o hundido en un avergonzado silencio. En Colombia, no; aquí es un prócer buscapleitos a quien la ley no roza”.

Recordar es morir recopila en forma temática un pedazo de la reciente historia de nuestro país desde el 2007 al 2015, su lectura es indispensable para armar el acertijo de un país resquebrajado por la corrupción. Además, comparto la idea de la escritora Yolanda Reyes cuando comenta: leer no cambia el mundo ni garantiza un obrar recto; sin embargo, saber leer, discernir, analizar, comprender el discurso del otro acerca a otras versiones de mundo y de país.

Tres investigadores, desde horizontes y formaciones distintas, claman por un nuevo país en paz, con más democracia, sin corrupción; por esas razones recomiendo estudiar los textos. Seguramente en los años venideros surgirán muchos interrogantes sobre el tema. Entender y poder explicar lo que pasa en Colombia es una tarea pedagógica sin precedentes.

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