Un sí contundente para los acuerdos

Culminó el arduo trabajo de la Subcomisión de Género, el domingo 25 de julio en La Habana, en un acto solemne, en donde se dio a conocer públicamente la incorporación de la perspectiva de género con miras a la construcción de un nuevo escenario colombiano.

Algunas arquitectas del acuerdo de paz con perspectiva de género.

Algunas arquitectas del acuerdo de paz con perspectiva de género.

Ana Elsa Rojas Rey

El 15 de diciembre del 2014 se instaló formalmente la Subcomisión de Género en la Mesa de La Habana con la anuencia de los negociadores, en que las dos partes reconocen la necesidad de incluir en los puntos de negociación la perspectiva de género como elemento esencial para la construcción de la democracia en Colombia, con la premisa de que la perspectiva de género “es una categoría analítica, que acoge a todas aquellas metodologías y mecanismos destinados al estudio de las construcciones culturales y sociales propias para los hombres y las mujeres, lo que identifica lo femenino y lo masculino, que supone la existencia de una desigual distribución del poder” (Carta Conferencia Pekín 1995).

Distintos estudios sociológicos han demostrado que la guerra es la acción social de mayor fuerza para afianzar los modelos de poder, subyugando directamente a las mujeres.

Genialidad de la Subcomisión de Género

La genialidad en las negociaciones entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP consiste en interpretar dialécticamente el deseo del movimiento social de mujeres, que en sus elaboraciones teóricas plantea que “los estudios feministas sobre el patriarcado, y la constatación de que se trata de una construcción histórica y social, señalan las posibilidades de cambiarlo por un modelo social justo e igualitario”.

Estos acuerdos comprometen la reflexión seria y juiciosa, dándole el rigor teórico que se merecen estas categorías nuevas para quienes han estado peleando durante muchos años y concluyen que, “en términos generales el patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas, basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero, instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia” (Mujeres en Red).

Con estas interpretaciones generales los y las negociadoras llegaron al acuerdo de enriquecer los diálogos, como parte de una nueva visión que corresponda a la existencia de nuevas subjetividades incluyendo las y los nuevos actores que se vinculan nuevamente a la vida política y social por fuera de las armas.

Durante el año y medio de trabajo de la Subcomisión de Género, que partió de los postulados teóricos y de la práctica del movimiento social de mujeres en sus distintos documentos presentados por las 18 mujeres en representación de las plataformas de mujeres colombianas, y las conversas con las insurgentas, recogiendo en sus planteamientos, el reconocimiento a la diferentes expresiones sociales, culturales y a la diversidad sexual, por lo que el Gobierno nacional y las FARC culminan con éxito reconociendo las distintas formas de lucha iniciada por las mujeres para lograr con éxito la defensa de sus derechos, negados algunos de ellos durante el conflicto social y armado.

Qué acordaron

Primero, reconocer por las dos partes que había una deuda histórica con las mujeres que en el proceso del conflicto se había agudizado, como el despojo de tierras, el desplazamiento forzado, las violaciones a los derechos humanos, las violaciones sexuales, la utilización de los cuerpos de las mujeres en toda la cadena del narcotráfico, la desaparición forzada, falta de garantías en el ejercicio de la política, el exilio obligatorio y una pobreza rampante que tiene rostro de mujeres, lo que ha llevado al rompimiento del tejido familiar y social.

El acuerdo se selló con la intervención de María Paulina Riveros, delegada del Gobierno, quien, con satisfacción, anunció las acciones afirmativas para la construcción de una paz estable y duradera, reconoció que una sociedad donde las mujeres participan activamente es una sociedad más democrática, anotó que ante la grave violación al derecho internacional humanitario y la violación a las mujeres víctimas de la violencia, en el fin del conflicto es la oportunidad para resarcir el daño causado a las mujeres y las poblaciones diversas. Resaltó el compromiso para la reparación y la protección a las mujeres víctimas de la violencia.

La comandante Victoria Sandino, en representación de las FARC-EP, en un saludo efusivo valoró amorosamente la presencia las distintas delegaciones que se encontraban en el evento, reiteró el compromiso de cumplir lo pactado, dijo que apenas a casi dos años de la existencia de la Subcomisión estaban haciendo entrega de acuerdos fundamentales con enfoque de género, el reconocimiento de las víctimas durante el conflicto armado, la modernización del campo, la participación política, los cultivos de uso ilícito y lo que falta por pactar. Estos enfoques parten por reconocer el gran papel que han jugado las mujeres para la construcción de paz con justicia social, pues la violencia contra las mujeres está presente tanto en lo público como en lo privado.

El acuerdo de paz, una oportunidad

El acuerdo de paz es la ocasión para promover acciones que lleven a terminar los modelos sociopolíticos discriminatorios hacia las mujeres, niñas y niños. Humberto de la Calle Lombana reconoce que una sociedad moderna no puede estar al margen de los enfoques de género, dijo que son múltiples las iniciativas de paz que provienen desde las mujeres y se dirigen a impactar a toda la sociedad.

Las mujeres han sido esenciales en la reconstrucción de la memoria, como también son esenciales en la conservación del patrimonio cultural como elemento indispensable para tener una identidad social y política y en el acuerdo de víctimas para las políticas públicas se necesitaba la justicia de género para ver las necesidades más gravosas en la vida de las mujeres; aseguró, finalmente, que ese es el gran mérito de estos acuerdos.

Por último el comandante Iván Márquez hace un recuento de las luchas de las mujeres y dice que en el nuevo movimiento político las mujeres farianas tendrán los mismos derechos que han tenido como guerrilleras protagónicas de la lucha revolucionaria, plantea sin ambigüedades que la discriminación de las mujeres es indudable producto del sistema patriarcal que viene de las clases dirigentes que han gobernado el país, que entre otras cosas han sido los mismos responsables de la guerra.

Luego de la intervención de las dos representantes de la mesa, se pasó a la firma del acuerdo por parte de la representación de los países garantes y Humberto de la Calle Lombana e Iván Márquez como representantes de la mesa.

De esta manera culminó el arduo trabajo de la Subcomisión de Género, el domingo 25 de julio en La Habana, en un acto solemne, en donde se dio a conocer públicamente la incorporación de la perspectiva de género con miras a la construcción de un nuevo escenario colombiano. El significado de este acuerdo es el principio de la construcción de una paz generosa donde la verdad, la justicia y la reparación son la columna vertebral de los acuerdos. Con esta bandera histórica las mujeres tienen suficientes argumentos de porqué los acuerdos de La Habana deben de terminar en un sí contundente del plebiscito que próximamente se realizará.

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