¿Campaña política o nueva inquisición?

El tema de las cartillas de orientación sexual deviene una oportunidad para la ultraderecha, en cabeza del uribismo y respaldado por la Procuraduría General de la Nación, para aprovechar las circunstancias para sabotear el plebiscito que validará la refrendación de los acuerdos de paz.

Protesta contra la llamada “ideología de género”.

Protesta contra la llamada “ideología de género”.

Renata Cabrales

Una sociedad distópica, en algún lugar del mundo, se ha convertido en un sistema religioso y machista en el que las mujeres fértiles son propiedad del régimen establecido. Margaret Atwood, con mucha genialidad, logra construir todo un universo ficticio nada lejos de la actual realidad de las mujeres, en su novela El cuento de la criada.

La escritora canadiense nos introduce en una sociedad en la cual la religión se ha vuelto intolerante, pues convierte a las mujeres en objetos o máquinas de procreación. Dentro de la fanática sociedad, las mujeres son dividas en esposas, tías (quienes capacitan a las futuras criadas), marthas (las encargadas del trabajo doméstico) y las criadas, que visten de rojo y son usadas como máquinas de procreación porque hay una escasez de población infantil.

La protagonista es una mujer anónima, una “criada”, a quien le quitan a su hija y a su pareja y la privan de su libertad, para convertirla en una de esas máquinas para tener hijos para los comandantes, que son el rango más alto de esa sociedad. Una sociedad controlada por hombres religiosos, en la cual a las mujeres se les ha arrebatado la autonomía y hasta la identidad, pues muy poco se sabe sobre la protagonista narradora a quien se le prohíbe tener contacto con otras personas, pues su única labor es procrear.

En esta sociedad, como en muchas donde predomina la desigualdad, hay un grupo de resistencia que debe mantenerse en la clandestinidad para no ser castigado cruelmente por su desobediencia.

La obra de Margaret Atwood predice una sociedad dictatorial y fanática que denuncia el nivel de bestialidad al que pueden llegar los extremos religiosos con sus ambiciones de poder que limitan la libertad de las personas.

Persecución religiosa

La historia no miente y, cuando se habla de adoctrinamiento religioso, son las mujeres las que siempre han llevado la peor parte. Eso quedó demostrado con la Inquisición, durante la cual la Iglesia católica persiguió y torturó a miles de mujeres que, por su condición de libres, autónomas y sabias, constituían un peligro para una sociedad oscurantista, pues sólo eran mujeres con conocimientos de botánica, sexualidad y reproducción, por lo que fueron condenadas a la hoguera. Sus diversas formas de sabiduría ancestral eran descifradas como poder del Diablo, convirtiéndose en una amenaza dentro de una sociedad machista y religiosa.

La persecución religiosa, por ende machista, no cesa, y si las mujeres han sido siempre las principales víctimas, nada raro que ahora lo sean las personas con diferente orientación sexual, pues la homofobia es fruto del machismo y la misoginia. Homofobia que se manifiesta, en el caso colombiano, aun más, cuando se trata de mujeres que ejercen la política. Ejemplo de esto es la persecución que padece hoy la ministra de Educación, Gina Parody, por razón de su homosexualidad por ser un “pecado”. Si bien es cierto que su trabajo como ministra debe ser cuestionado debido a su lógica neoliberal, también es cierto que su homosexualidad nada tiene que ver con su incapacidad para ejercer este cargo.

La ministra es parte del gabinete del presidente Santos, cuyo gobierno se encuentra bajo la lupa debido a la desigualdad social a la que se ha visto sometido el pueblo, mientras, por otro lado, intenta ganar el título del presidente de la paz. El tema de las cartillas de orientación sexual deviene una oportunidad para la ultraderecha, en cabeza del uribismo y respaldado por la Procuraduría General de la Nación, para aprovechar las circunstancias para sabotear el plebiscito que validará la refrendación de los acuerdos de paz.

La ultraderecha toma ventaja

Si esta ultraderecha guerrerista se apoya en la doctrina católica, seguro logrará polarizar a un país de mayoría religiosa como el nuestro, lo que no conviene en este momento en que se busca obtener el sí a la paz en el plebiscito; pues el mensaje que desea transmitir es acerca de una paz de un presidente que desea volver homosexuales a niños y niñas, a través de la temida “ideología de género” implementada en unas cartillas de orientación sexual, elaboradas por el Ministerio de Educación.

Estas cartillas, que han causado tanto escándalo y pánico dentro de la sociedad religiosa, fueron realizadas con el fin de acatar el fallo de la Corte Constitucional que exige al MEN garantizar el derecho a la no discriminación de la población LGBTI en los colegios, debido al suicidio del joven Sergio Urrego, producto del acoso al que fue sometido en la institución donde estudiaba.

Las supuestas cartillas han devenido una excusa, según se advierte, del procurador Alejandro Ordóñez, para empezar, al parecer, una campaña política a su favor, con vista a de las próximas elecciones presidenciales y nada menos que en nombre de la religión católica, aprovechando que esta sociedad, a pesar de pertenecer a un estado laico, aún sitúa la religión por encima de los derechos humanos.

Mentira y manipulación

Durante el fin de semana pasado empezó a circular en redes sociales una cartilla con contenido sexual que, supuestamente, había repartido el MEN en algunos colegios. Su contenido sexual explícito, entre parejas del mismo sexo, se hizo viral y condujo a que padres de familia y directivos de algunos colegios convocaran a una marcha en defensa de los valores y de la familia, sin ni siquiera buscar fuentes confiables. La supuesta cartilla ha sido excusa para que fanáticos religiosos que hacen parte de la política del país, además del procurador Ordóñez, como la diputada de Santander Ángela Hernández, la muestren como una “colonización homosexual” a favorecer de la comunidad LGBTI, que lo que busca, en realidad, es no ser discriminada.

Parody desmintió que la cartilla fuera de la cartera, pues era obvio que de forma mal intencionada se usaron cartillas pornográficas para adultos de Bélgica con el fin de engañar a los padres, ya que el MEN aún no había distribuido nada.

La marcha y las expresiones de odio

En la marcha, realizada el miércoles pasado, hubo manifestaciones de odio hacia las personas LGBTI expuestas en carteles que afirmaban exabruptos como: “prefiero un hijo muerto que marica” e imposiciones de tipo religioso y de doble moral para exigir la educación de niños y niñas en las escuelas con la Sagrada Biblia y la doctrina católica, lo cual demuestra la doble moral de un país que impone la religiosidad por encima de una realidad que conlleva adolescentes embarazadas, suicidios de personas homosexuales por discriminación y madres solteras en extrema pobreza, producto de la falta de una verdadera cátedra de educación sexual.

Doble moral manifestada en el hecho de que estamos en un país donde la ultraderecha religiosa se encuentra a favor de un conflicto social y armado, que ha generado tanta injusticia social que conduce a que niños y niñas en extrema pobreza mueran de hambre o en medio del conflicto armado; a que haya niñas prostituidas por la miseria en la que viven y jóvenes embarazadas debido a la ignorancia y al abuso causado por el machismo e incluso niños violados por miembros de la Iglesia católica, y lo que es peor, jamás han sido merecedores de una marcha en nombre de Dios con el fin de poner fin a sus padecimientos.

En una sociedad distópica o desagradable (como el universo de Margaret Atwood) producto de la ideología religiosa extremista y del cruel sistema capitalista, las minorías discriminadas, en este caso, mujeres y comunidad LGBTI, serían víctimas de la peor forma de segregación y persecución en una nueva forma de inquisición. Por otro lado, para que esto no llegue a suceder, deberían tomar conciencia de su estado de vulneración y buscar una forma radical de emancipación de esta sociedad opresora.

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