Hacia una nueva escala de la economía nacional

La realización del proceso de paz es una nueva oportunidad para concluir la industrialización con criterios ecosistémicos, articular más las regiones para consolidar nación y fomentar más democracia participativa real en torno a las políticas económicas del Estado.

Campesino colombiano. Foto Prensa Rural

Campesino colombiano. Foto Prensa Rural

Nelson Fajardo

La transición hacia mayores y claros niveles de democracia con soberanía, paz estable y duradera y justicia social, no es una cuestión fácil de alcanzar; más si observamos las características y los rasgos que han acompañado las clases dominantes de Colombia. Una característica de ellas es la enorme concentración de poder político y económico; y, un rasgo que complementa, es la avaricia y la tacañería.

El proceso de paz o transición hacia la paz se logra, no solo con los acuerdos políticos, sino que ellos requieren colocar en funcionamiento el dinero y el mundo de las mercancías; pero en el marco de un modelo económico con carácter redistributivo. Este proceso, se calcula, para consolidarse fuertemente, requiere de cerca de 160 billones de pesos, a distribuir durante diez años.

Los efectos de esa inversión deben articular la economía campesina al circuito económico en condiciones ecosistémicas, en las Zonas de Reserva Campesina, dar paso a las zonas para la integración y el desarrollo rural en lo económico y lo social (Zidres); articular la economía rural con la urbana, elevar la productividad de la actividad productiva de la nación, articular también el mercado nacional y proyectar la economía hacia el exterior.

Se trata del fortalecimiento de la economía doméstica, para trascender hacia las relaciones económicas internacionales. Desde la perspectiva del capital, esto implica desarrollar y ampliar la composición orgánica de los capitales (COC) en Colombia, y elevar la economía a una escala superior; es decir trascender la escala o nivel alcanzado hasta 2008, última crisis mundial.

Tabla No 1. Datos para composición orgánica de capitales en Colombia

Fuentes: Banco Mundial, Cepal, DANE, autor

Fuentes: Banco Mundial, Cepal, DANE, autor

La tabla que presentamos, elaborada con datos estadísticos de instituciones internacionales y nacionales, y procesamientos propios, dan cuenta de unos años especiales de la historia económica del país: pleno furor del modelo keynesiano de acumulación capitalista, crisis económica mundial del capitalismo y su modelo keynesiano, transición al mundo unipolar producto del fin de la Guerra Fría, la tragedia del acto terrorista de Wall Street, el furor por la puesta en funcionamiento del modelo neoliberal, transnacional y supraestatal, con los mandamientos del Consenso de Washington, la nueva crisis económica mundial del capitalismo (2008 a 2009), y, finalmente, 2015 como año que resume el estado recesivo constante de la economía capitalista mundial desde su última crisis.

Para entender ese fenómeno, ayuda mucho referirnos a la Composición Orgánica de Capitales.

Son seis momentos que dan cuenta de la ambivalencia e inestabilidad permanente en la que se mueve el capitalismo mundial, especialmente, en su versión colombiana.

Lo primero que salta a la vista es un salto del crecimiento del PIB colombiano, que pasó de 45,6 billones de pesos en 1960 a 804,8 billones en 2015. Teniendo en cuenta las oscilaciones entre devaluación o revaluación del dólar, encontramos que la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKc), durante el mismo periodo, pasó de 9 billones 200 mil millones de pesos en 1960 a 225 billones 400 mil millones de pesos en 2015. Al articular esa FBKc con el capital variable (V); encontramos que la composición orgánica del capital en Colombia arroja los siguientes resultados:

a) La COC de 1960 es abundante con la euforia keynesiana (1960); situación que se repite con la crisis neoliberal en 2008 y en la actualidad (2015)

b) Que por cada peso invertido en capital constante (C), se invierte en salarios desde 51 centavos de peso hasta 71 centavos, con largos momentos de reducción de su participación como 1973 y 2001; para alcanzar óptimos aumentos en 2008 y 2015. Esto último, para neutralizar los efectos de la crisis y la recesión.

c) Que la COC se sigue moviendo en el marco de la reproducción simple del capital y no trasciende a reproducción ampliada, que implica invertir una porción de la plusvalía obtenida de la explotación del trabajo ajeno de millones de colombianos, en la ampliación del proceso de producción, esto es industrialización inconclusa e insuficiente.

Los tres resultados sugeridos muestran que la realización del proceso de paz es una nueva oportunidad para concluir la industrialización con criterios ecosistémicos, articular más las regiones para consolidar nación y fomentar más democracia participativa real en torno a las políticas económicas del Estado. Lo cierto es que la actual escala de COC no es la que requiere el actual proceso de paz que estamos viviendo; se requiere más inversión en economía y sociedad.

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