¿Nuevo enemigo interno?

Las expresiones homofóbicas de quienes marcharon contra la igualdad y el respeto a la diferencia, son muestras fehacientes de ese país retardatario y violento que muy seguramente odia a quienes hoy están ad portas de firmar el fin del conflicto armado, desmovilizarse y someterse a la institucionalidad…

homofobia-Colombia

Germán Ayala Osorio
Comunicador social y politólogo

Los colombianos votaremos el plebiscito en medio de una fuerte y peligrosa polarización política e ideológica. La misma que ha venido alimentando la Gran Prensa bogotana, en particular aquellos medios, periodistas y columnistas afectos a lo que se conoce como el “uribismo”1.

Tan fuerte, riesgoso y determinante es el radicalizado enfrentamiento entre el sí y el no para refrendar el acuerdo final de La Habana, que cientos de miles de ciudadanos están pasando, por esa óptica, varios temas y hechos públicos de especial complejidad.

Y en esa lógica, proponer que se respeten las diversas identidades sexuales de inmediato se asocia, de manera perversa, con el plebiscito, la refrendación de lo que se acuerde finalmente en La Habana, así como con la defensa del socialismo; todo lo anterior, consecuencia de los miedos que genera el posible apoyo político-electoral que las FARC como partido político podrían recibir en un inmediato futuro cuando dejen de hacer política con armas.

Es decir, toda una mezcla inconveniente de ideas, nociones, preconceptos y conceptos que bien puede terminar en la creación de un nuevo enemigo interno, a juzgar por las violentas marchas que se sucedieron en días pasados para “defender la familia tradicional y proteger a los menores”. Claramente ese nuevo enemigo interno es la homosexualidad, y por supuesto, los homosexuales (mujeres y hombres) y todos aquellos que apoyen y validen lo que los sectores conservadores del país, incluyendo a la homofóbica Iglesia Católica, califican como acciones, decisiones y expresiones disonantes porque justamente van en contra de la idea hegemónica de familia: papá, mamá e hijos.

Al sentir que la doctrina de Seguridad Nacional se debilitará con la desmovilización de las FARC –y ojalá muy pronto la del ELN–, los sectores retardatarios y godos de Colombia ven la posibilidad y quizás la necesidad de crear un nuevo enemigo al cual perseguir o sobre el cual llamar la atención mediática, mientras que esos sectores de poder tradicional preparan, pulen y ejecutan los mecanismos para torpedear la implementación del acuerdo final al que llegarán, si o si, las delegaciones de paz del Gobierno y de las FARC.

Tan peligroso podría resultar este nuevo tipo de enemigo interno, que estaríamos ante la germinación de conflictos entre identidades sexuales: de un lado, la tradicional, conservadora y hegemónica; y del otro, una identidad sexual liberal, de nuevo cuño y fuertemente anclada al propósito de buscar la felicidad, así ello implique pasar por encima de los “valores tradicionales”.

En una anterior oportunidad afirmé que Colombia tiene miedo2. Sí, un profundo miedo a que el fin del conflicto armado interno y la apropiación social y cultural de esa idea de paz y convivencia que inexorablemente se desprenderá de ese nuevo escenario político, permitan la apertura de caminos de respeto, reconciliación y la expresión, sin tapujos, de la idea que cada ciudadano y ciudadana tiene en torno a ser feliz.

Las expresiones homofóbicas de quienes marcharon contra la igualdad y el respeto a la diferencia, son muestras fehacientes de ese país retardatario y violento que muy seguramente odia a quienes hoy están ad portas de firmar el fin del conflicto armado, desmovilizarse y someterse a la institucionalidad, mientras mantiene su admiración y respeto por aquellas élites responsables por haber generado y mantenido las circunstancias que legitimaron el levantamiento armado en los años 60.

La conexión que deberían hacer los ciudadanos y ciudadanas no es entre homosexualidad, familia tradicional, libertad, identidades sexuales, socialismo y FARC como movimiento político, sino entre Estado débil, cooptado por mafias, élites incapaces de liderar un proyecto de nación incluyente, el cumplimiento de los mandatos constitucionales y el derecho a la paz.

Ojalá lo planteado aquí en torno a ese nuevo enemigo interno que podrían estar concibiendo la Iglesia Católica, los sectores de poder tradicional, el Centro Democrático y sectores sociales retardatarios, no tenga asidero. De lo contrario, el país de los machos que dan en la cara, marica, que recomiendan aguantarse el gustico, que persiguen a políticos y funcionarios impíos, terminará generando nuevas formas de violencia, física y simbólica. Y ese país de machos cabríos usará el poder represivo del Estado para alcanzar sus oscurantistas objetivos.

En el 2018, Alejandro Ordóñez Maldonado y Uribe Vélez liderarán ese proyecto regenerador y neoconservador que defienden sectores tradicionales que prefieren vivir enclosetados, al tiempo que validan y tratan de ocultar, sin lograrlo, las dobles vidas que llevan curas, políticos y miembros de prestigiosas familias.

En el escenario electoral que se avecina, la doble moral será, para muchos, determinante, pero lo será más aún la perversa mezcla que vienen haciendo de esos temas, asuntos y hechos que confluyen en la búsqueda de la paz, la reconciliación y la felicidad.

Adenda: la cartilla más peligrosa es la de la Seguridad Democrática, porque no solo desconoció la existencia del conflicto armado interno y las víctimas, sino porque sirvió para perseguir a librepensadores, a la izquierda democrática; además, esta cartilla validó aquello de dar en la cara, marica, y de aguantarse el gustico. Más premoderna no se puede.

Revista Virtual Caja de Herramientas
Edición 508 – Semana del 19 al 25 de Agosto de 2016

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