Bosque sin árboles, sin río y sin gente

En el cañón del río Cauca, en Ituango (Antioquia), EPM inició la tala de 4.500 hectáreas de un bosque escaso en el mundo.

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Bibiana Ramírez – Agencia Prensa Rural

Una gran herida se empieza a ver en las montañas de Ituango, Antioquia. Parece ilógico que en estos momentos, cuando hay tanto movimiento ambientalista en el mundo, cuando tantas organizaciones intentan defender el territorio, empiecen a talar el bosque seco tropical del cañón del río Cauca. Y más aun que no se sepa qué va a pasar con la fauna y la flora que allí habita.

Empresas Públicas de Medellín inició la tala de 4.500 hectáreas de un bosque que es escaso en el mundo. La empresa argumenta que protegerá una pareja de cada especie animal que allí habita, y que restaurará 17 mil hectáreas. Los habitantes de las veredas altas del cañón están preocupados porque casi todos los animales están migrando hacia esas zonas y se han prendido las alarmas porque son especies que no han vivido cerca de los humanos y que de algún modo están buscando dónde protegerse.

Se inició la prueba con la tala de 104 hectáreas. Uno de los empleados para esta labor, que es campesino y habitante de Briceño, cuenta que hasta la fecha no han cogido ningún animal ni han estado acompañados por los biólogos que la empresa dice tener.

Y otro gran problema que no ha sido solucionado, y que desde hace años se viene denunciando, es la situación de los barequeros que se resisten a salir del río, pues no ven otra opción de empleo y EPM no quiere reconocerlos. Ahora sí se ven encerrados y perseguidos, pues ya hay orden de que nadie debe estar por el río trabajando.

No quieren dejar el río

Marina es de la vereda El Líbano. Su familia ha sido desplazada en varias ocasiones y siempre han perdido lo poco que han conseguido con el trabajo. Se llena de angustia cuando le toca pensar cuál es el camino que debe coger pues no ve ninguno. “Yo llevo treinta años viviendo del río, desde Oro Bajo hasta Sardinas hemos trabajado. Se nos acaba una playa y seguimos con otra, el oro nunca se acaba por aquí. He levantado a mis hijos al calor de este río, barequiando. No sé qué vamos a hacer, ya estamos viejos. No tengo casa, tengo un hijo discapacitado, perdí una niña de diez años en este río”.

Los barequeros han sido sacados a la fuerza del cañón. Desde abril del 2015 EPM los viene desalojando con antimotines, policía y hasta la misma seguridad privada que se han encargado de intimidarlos y hostigarlos. Ante esto la empresa no da respuesta.

“Hemos sido amenazados, nos han sacado y como es nuestra manera de sostenernos, seguimos allá, sin el gusto de ellos, pero nosotros nos negamos a salir, corriendo el riesgo de perder la vida, como han hecho con algunos de nuestros compañeros”, dice Albeiro, habitante de la vereda Altos de Chirí.

“Nos están violando nuestros derechos, ya no podemos estar barequiando, con la tala del bosque y el embalse vamos a quedar sin nada. Ya no podemos hacer los paseos de olla con la familia. Anteriormente era una vida libre, donde podíamos disfrutar. Es nuestro río, nuestro territorio, pero hoy vemos que de verdad lo estamos perdiendo”, dice Luz Fany.

Los temores ante esta situación son infinitos igual que la incertidumbre. “Necesitamos que miren qué van a hacer con nosotros porque la verdad no tenemos para dónde irnos. En las tierras que teníamos ya no podemos cultivar porque las compraron para el proyecto”, agrega Albeiro.

La tala del bosque también representa un peligro para estos barequeros que no han querido salir del río. “Los palos y las piedras nos caen encima, además que los nacimientos de agua se secan”, dice José.

Organización para no perderlo todo

Los pocos barequeros que quedan han decidido organizarse porque creen que juntos pueden exigir a EPM una indemnización por los daños ocasionados a las familias. Sin embargo, la mayoría dice que ya no se oponen al proyecto, pues es evidente que este se realiza, pero sí reclaman justicia para ser reubicados y en condiciones dignas.

Han creado un comité de barequeros del norte donde el principal objetivo es hacer un censo de cuántos quedan en las playas. “La experiencia nos ha mostrado que si no tenemos un número exacto de barequeros, no nos van a indemnizar. Muchos no han querido asociarse porque perdieron las esperanzas. No queremos pasar de ser barequeros a ser desplazados”, recalca Luz Fany.

Una de las formas de presión que empezó a usar el comité fue hacer una asamblea en el puente Pescadero de Ituango. Unas cuarenta personas estuvieron allí debatiendo la situación y buscando alternativas para salir, de la mejor manera, de ese nudo que los tiene atrapados. Eligieron unos voceros que serán los encargados de dialogar con EPM. Dicen que van a exigir para todos igual.

Los vigilantes, al ver la gente en la carretera haciendo un sancocho, decidieron acercarse con el jefe de seguridad de EPM. En un tono conciliador les dijo que no fueran a bloquear la vía ni que fueran a hacer ningún paro y que iba a llevar todas las inquietudes a la empresa.

Otra de las formas de evadir la verdadera problemática, pues un jefe de seguridad no tiene voz ni voto en las decisiones de la empresa, simplemente está cuidando los bienes de unos particulares.

“Queremos dialogar con EPM y llegar a acuerdos, pues siempre han pasado por encima de nosotros, y ahora necesitamos ser escuchados. Igual vamos a perder lo que nosotros vivimos anteriormente, nuestra cultura, va a cambiar el clima, a eso le tenemos miedo, y la incertidumbre es por el futuro de nuestros hijos”, termina diciendo Luz Fany.

Hasta la fecha no han logrado ningún acercamiento con EPM, no les han respondido a los derechos de petición. Lo que dicen muchos es que creen que la empresa cerró las negociaciones con la gente del río, pues después de los desalojos creen que las playas quedaron vacías.

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