Dos hechos de la historia del conflicto

El Frente Nacional bipartidista tras la caída de la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla, y el bombardeo a la pequeña localidad de Marquetalia en 1964.

Manuel Marulanda Vélez habla con Isauro Yosa y otros dirigentes de la resistencia antes del bombardeo a Marquetalia. Foto archivo.

Manuel Marulanda Vélez habla con Isauro Yosa y otros dirigentes de la resistencia antes del bombardeo a Marquetalia. Foto archivo.

Carlos A. Lozano Guillén

Los historiadores burgueses, que siempre cuentan la historia a su medida e intereses de clase, presentan dos hechos importantes del siglo XX, que marcaron el conflicto armado colombiano, de forma tergiversada y de acuerdo a la conveniencia oficial dominante.

Se trata del Frente Nacional bipartidista tras la caída de la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla, y del bombardeo a la pequeña localidad de Marquetalia, en 1964, donde Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez, resistió con heroísmo, acompañado de un puñado de hombres, el bombardeo y la invasión militar, mientras esperaba que el gobierno de la época aceptara la propuesta de dialogar y pactar acuerdos políticos y sociales para evitar el camino de la insurrección armada.

Estos hechos que han sido falsificados en su esencia histórica, se constituyen en antecedentes del surgimiento de las FARC-EP, como se lo reconoció el comandante Manuel Marulanda Vélez al autor de este artículo en una de las tantas visitas a los campamentos del jefe guerrillero. Desde finales de los años cuarenta del siglo XX debido a las luchas agrarias, al asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y al estallido popular que produjo, conocido como El Bogotazo, hasta 1964, antes de la agresión a Marquetalia, las guerrillas habían existido bajo la modalidad de resistencia armada campesina para enfrentar la violencia latifundista y el terrorismo conservador.

El Frente Nacional

El Frente Nacional fue la carta de navegación de los partidos tradicionales (liberal y conservador) para establecer un régimen bipartidista con el compromiso de restablecer las libertades democráticas y las garantías políticas cercenadas desde 1946, cuando se estableció la hegemonía conservadora que practicó formas terroristas de estado para perpetuarse en el poder y metió al país en un oscuro túnel de violencia por el enfrentamiento de los dos partidos tradicionales, caracterizado por algunos historiadores como “guerra civil no declarada” que dejó 300 mil muertos en el territorio nacional.

Se prolongó hasta 1953 cuando el general Gustavo Rojas Pinilla dio el golpe militar, considerado por historiadores y políticos liberales y conservadores de “golpe de opinión”, porque lo que trató, según ellos, fue de poner fin a la violencia “fratricida” y encaminar el país bajo la divisa de libertad y orden.

El dictador fue apoyado por el Partido Liberal y los sectores ospinistas del conservatismo, porque el gobernante depuesto fue el conservador Laureano Gómez, elegido en 1950 gracias a un monumental fraude a través del voto fantasma de un millón de personas con cédulas falsas. Las directivas de los partidos tradicionales respaldaron graves hechos del gobierno militar de facto, como la ilegalización del Partido Comunista, la masacre de los estudiantes el 8 y 9 de junio de 1954 y la persecución a ex guerrilleros desmovilizados que habían entregado sus armas.

Rojas Pinilla impuso un régimen dictatorial de fuerza, de persecución y asesinato de los opositores. El Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC) del Estado, que precedió al DAS, acudió a métodos criminales y de terror contra las personas que no apoyaran a la dictadura.

Sin embargo, en 1954, Rojas Pinilla dicta una amplia amnistía para guerrilleros, aceptada por la mayoría de los liberales alzados en armas, liderados por el célebre Guadalupe Salcedo, asesinado el 6 de julio de 1957, cuando la junta militar de gobierno en tránsito de la dictadura al Frente Nacional ofrecía la “pacificación” del país. Varios de los jefes ex guerrilleros terminaron trabajando como agentes e informantes de los militares.

Los pactos de Benidorm y Sitges

En la medida que Rojas se distanció de las directivas políticas tradicionales y de los poderes económicos, se convirtió en dictador incómodo y el bipartidismo se encaminó a su derrocamiento el 10 de mayo de 1957.

Laureano Gómez, refugiado en España, se reunió el 24 de julio de 1956 con Alberto Lleras Camargo, principal figura del liberalismo, en Benidorm, en la Provincia de Alicante, en las costas del Mediterráneo español, donde suscribieron el pacto bipartidista, reafirmado el 20 de julio de 1957 en Sitges, Barcelona, y confirmado el 21 de noviembre de 1957 en el Acuerdo de San Carlos en Bogotá.

Realizado el plebiscito el 1 de diciembre de 1957 se introdujo en la Constitución el pacto bipartidista, conocido primero como Pacto Cívico y luego como Frente Nacional. Liberales y conservadores se alternaron en el poder durante 16 años y se distribuyeron los cargos públicos de a mitades para cada uno en las tres ramas del poder, mediante un régimen de democracia restringida, de estado de sitio permanente, y de represión a las luchas populares y sociales.

Se estableció la exclusión de otros partidos que sufrieron la muerte política institucional. El funcionario público, en cualquier nivel, para posesionarse de su cargo tenía que hacerlo bajo el juramento de ser liberal o conservador. Una aberración antidemocrática, que se prolongó más allá de los 16 años pactados, quedando aún secuelas del peso bipartidista que no fue eliminado de la práctica política ni siquiera con la aprobación de la Carta de 1991.

Durante el Frente Nacional se violaron los derechos humanos, se perpetró la masacre de Santa Bárbara en Antioquia, bombardearon a Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero en desarrollo del Plan LASO impuesto por el imperialismo de los Estados Unidos, se realizó el escandaloso fraude electoral que llevó a la presidencia a Misael Pastrana Borrero y se agudizaron las luchas sociales por los altos índices de desigualdad y de explotación del capital. Todo lo contrario a lo prometido de hacer el tránsito a la democracia cuando cayó la dictadura.

Marquetalia

Con la expectativa democrática del Frente Nacional las guerrillas liberales se desmovilizaron y las comunistas se resguardaron esperando el desenlace de la situación política. Pedro Antonio Marín se vinculó como inspector de obras en el Huila y muchos campesinos regresaron a sus tierras. Pero la violencia no llegó a su punto final. El 11 de enero de 1960 fue asesinado en Gaitania (Tolima), cabecera de la localidad de Marquetalia, Jacobo Prías Alape (Charro Negro), dirigente agrario comunista y cuñado de Pedro Antonio Marín. El vil asesinato fue atribuido a Mariachi, ex guerrillero liberal, colaborador del Ejército. Este asesinato desató una nueva ola de violencia y la ofensiva militar contra los campesinos.

Marulanda volvió a enmontarse y se instaló en Marquetalia con unas pocas familias campesinas. A los pocos meses Álvaro Gómez Hurtado, conservador y de ideología ultraderechista, hijo de Laureano, inició una campaña para que el Ejército atacara lo que él calificaba como “repúblicas independientes”. El 27 de mayo de 1964, durante el gobierno conservador del Frente Nacional de Guillermo León Valencia, 12 mil militares por aire, tierra y ríos, atacaron a Marquetalia. Entre los combatientes se encontraba Jacobo Arenas, quien había viajado desde Bogotá a unirse a los campesinos guerrilleros. Allí comenzó de nuevo la guerra, una nueva etapa de la violencia en Colombia, en la cual se consolidó la fuerza guerrillera con el nombre de las FARC-EP.

Guillermo León Valencia no escuchó los llamados de los campesinos de Marquetalia a dialogar y a buscar acuerdos políticos y sociales, respaldados por monseñor Germán Guzmán, el sacerdote Camilo Torres, los dirigentes políticos Alfonso López Michelsen y Gilberto Vieira, entre varios. La arrogancia y la prepotencia del régimen excluyente de la oligarquía bipartidista prefirió la tierra arrasada, creyó que el escaso número de campesinos era fácil presa de su poderío bélico.

“Fueron 42 los campesinos, bajo la dirección del legendario Manuel Marulanda Vélez, quien antes estuvo vinculado a las guerrillas liberales, que resistieron como héroes al ataque por tierra, aire y río de 12 mil hombres de las Fuerzas Militares. Sobrevivieron, en su mayoría, para crear a las FARC, más adelante con el agregado de EP. Surge así la organización guerrillera política y militar con un programa agrario y con el objetivo fundamental de lograr el poder, conquistando a las masas populares para la revolución”.

Así lo escribimos en la presentación del texto “Diario de la Resistencia de Marquetalia” de Jacobo Arenas, hace pocos meses reeditado por Ediciones Izquierda Viva. Se hubiera podido evitar lo anterior, con una simple decisión en las alturas del poder: Dialogar. El país se hubiera ahorrado 52 años de guerra.

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