“Juegos” de guerra de EEUU empeoran crisis de Corea

En este momento, el Pentágono está inmerso en otro de sus muchos ejercicios de demostración militar contra la República Popular Democrática de Corea.

El almirante Choi Yoon Hee, del estado mayor conjunto de la República de Corea, se dirige a miembros del I Cuerpo del Ejército de los EEUU, en preparación del ejercicio Guardián de la Libertad de Ulchi en 2014. Foto: Daniel Schroeder - DOD.

El almirante Choi Yoon Hee, del estado mayor conjunto de la República de Corea, se dirige a miembros del I Cuerpo del Ejército de los EEUU, en preparación del ejercicio Guardián de la Libertad de Ulchi en 2014. Foto: Daniel Schroeder – DOD.


Deirdre Griswold

El pueblo de los Estados Unidos se está cansando de pagar por las múltiples guerras en el exterior con su sangre, su esfuerzo y con los miles de millones de dólares que pagan en impuestos a este país. Además de la esperada oposición progresista a la guerra imperialista, ahora hay un nuevo fenómeno: Un creciente cansancio de las guerras se puede detectar incluso entre los abanderados de la extrema derecha que siguen a Donald Trump.

Sin embargo, esto parece tener poco efecto en el Pentágono. Este lleva a cabo sus planes para nuevas armas, nuevos “juegos” de guerra, nuevas bases en todo el mundo, como si el dinero no importara, ni el estado abyecto de los veteranos que sufren una miríada de problemas físicos y psicológicos.

En este momento, el Pentágono está inmerso en otro de sus muchos ejercicios de demostración militar contra la República Popular Democrática de Corea. Éste, llamado eufemísticamente “Guardián de la Libertad de Ulchi”, envuelve un personal militar estadounidense de 25 mil miembros, basados no sólo en Corea del Sur, sino también en la parte continental de EEUU, Hawái y Japón. Ellos están coordinando las operaciones con unos 50 mil soldados de Corea del Sur.

Es una versión moderna de cuando los gobernantes coloniales llevaban a las batallas los soldados de los países que habían conquistado. Los opresores daban las órdenes; los pueblos sometidos tenían que proporcionar la mayor parte de la carne de cañón. Excepto que hoy, con la guerra organizada por vía electrónica, quienes dan las órdenes pueden estar cómodamente sentados en el otro lado del globo.

Hay dos estados coreanos: la República Democrática Popular de Corea (norte) y la República de Corea (sur). El norte se ha comprometido a la construcción del socialismo, mientras que el sur se convirtió en el suministro de la mano de obra barata a disposición de las empresas transnacionales del capitalismo estadounidense.

Sin embargo, sólo hay un pueblo coreano, que comparte un linaje, un lenguaje y una península. La mayoría de los coreanos del norte y del sur quieren la reunificación. Es la ocupación militar de Corea del Sur por Estados Unidos e impulsada por las corporaciones estadounidenses la que impide que esta herida cicatrice. Y es esta ocupación la responsable de las grandes tensiones existentes entre el norte y el sur.

Desde el comienzo de la guerra de 1950-1953 en la que EEUU no logró conquistar el norte, a pesar de la invasión y la campaña de bombardeo que mató a millones, Washington ha amenazado constantemente la RPDC con armas nucleares. En los últimos años, el norte ha sido capaz de contrarrestar estas amenazas mediante la construcción de sus propias bombas nucleares y un sistema de misiles que ahora incluye la capacidad para lanzar las bombas desde submarinos.

Debería ser obvio que las guerras de agresión estadounidense en este período, que han terminado en la destrucción total de gobiernos soberanos -en Irak, Yugoslavia y Libia, por ejemplo- han aumentado la determinación de los líderes de la RPDC para reforzar sus defensas, cualquiera que sea el costo.

Desde que la Guerra de Corea terminó en un punto muerto hace 63 años, la RPDC ha hecho un llamado a un tratado de paz y al fin de la ocupación estadounidense del sur, para que los coreanos puedan trabajar hacia la reunificación de su país. La respuesta estadounidense ha sido una creciente militarización de la zona y una demonización del norte, que está a la par con la peor propaganda inventada por los nazis para degradar a quienes el imperialismo alemán quería conquistar.

Los “juegos” de guerra estadounidense son vistos por la RPDC como práctica para una invasión de su país. Si esto ocurriera, las consecuencias serían incalculables. El fin de esta situación crítica debe ser perseguida por los movimientos progresistas y pacifistas: ¡EEUU fuera de Corea! ¡Alto a las amenazas y al estado de guerra! ¡Firma de un tratado de paz ya!

Workers World

Traducción al español de Berta Joubert-Ceci

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