Heidegger y el nazismo

Sin duda alguna, el filósofo alemán tuvo un compromiso indecoroso con el nazismo, no de manera anecdótica ni superficial, sino deliberada, profunda y persistente, acompañada de un silencio cómplice, con el exterminio de millones de judíos.

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Hernán Ortiz Rivas

La publicación de los Cuadernos Negros, denominación creada por Martin Heidegger, para referirse a treinta y cuatro libretas, escritas entre 1930 y 1970, donde consigna unas “reflexiones”, “señas”, “anotaciones”, ha resucitado un asunto complejo y doloroso, en la vida del gran filósofo de Alemania: su vinculación a un régimen totalitario, el peor de todos del siglo XX, por su ideología nefasta y sus crímenes horribles: el nazismo, liderado por un personaje mediocre y brutal, Adolf Hitler.

Como bien se sabe, Heidegger fue rector de la Universidad de Friburgo, en el año de 1933, bajo el gobierno nazi; al tomar posesión de su cargo dijo que iba a desempeñar una “misión espiritual”, al servicio del trabajo, las armas y el saber, su discurso termina con una cita de Platón, que dice: “Todo lo grande está en medio de la tempestad” (República, 497 d. 9.). Esta frase de Platón revela que Heidegger sabía que su “misión espiritual”, en la universidad, se rodeaba de tiempos agitados, de tormentas, la más mala: el nazismo. Su adhesión, pues, no es fruto de una existencia elevada, por la filosofía, sino una identidad abierta con el nazismo criminal y antisemita. No se puede reducir al desvarío pasajero de un hombre brillante, cuya obra merece admiración y respeto.

Nazismo

Se ha pretendido disculpar a Heidegger con el argumento de decir que en su obra, no hay un contenido nazista, argumento quizá valedero que no descarta el vínculo innegable de Heidegger con el nazismo, al cual pagó sus cuotas mensuales, por varios años, permaneciendo en el partido hasta su caída. Se trata de un momento absurdo y aciago en la vida y la obra de Heidegger, sin tener justificación válida, para ese salto al vacío, al abismo negro del nazismo, así su obra no contenga precedentes ideológicos del mismo.

No se puede obturar o disminuir el compromiso político de Heidegger, con ese argumento, que altera en grado considerable el núcleo de su analítica existencial y de la ética de su filosofía; ese compromiso envileció la reflexión cultural del gran pensador. Para Heidegger, el espíritu alemán remite a la verdad del Ser, emparentado con la filosofía griega de la Antigüedad. Cuando al espíritu se le piensa con lengua griega o alemana, se le piensa de manera correcta, como un viento que viene del paraíso del Ser, actitud extraña a la ideología nazista.

Sin duda alguna, Heidegger tuvo un compromiso indecoroso con el nazismo, no de manera anecdótica ni superficial, sino deliberada, profunda y persistente, acompañada de un silencio cómplice, con el exterminio de millones de judíos. La vida y la obra de Heidegger están cubiertas con esa mancha monstruosa del nazismo, aunque fuese momentánea o circunstancial, seguida de arrepentimiento a medias, lo grave es que el filósofo se puso al servicio del mal. Algunos consideran que se trata de un error fatal transitorio, que fue superado; otros piensan que es un horror indeleble, imperdonable, protagonizado por un hombre de su calibre.

La potencia filosófica de Heidegger se inclinó y arrastró ante la potencia criminal del nazismo. ¿Cómo explicar éste infeliz paso del filósofo, al caer a un abismo de lodo ideológico y de sangre inocente? Las respuestas son múltiples y variadas, sin que podamos ahora ni siquiera reseñarlas, queda claro que Heidegger no sólo aceptó un rectorado, bajo el gobierno nazi, sino que afilió al partido, contribuyó con dinero, permaneció varios años, al servicio del totalitarismo hitleriano, actitudes no fáciles de explicar, en un hombre de las cualidades intelectuales del gran filósofo alemán, cuyos escritos deben estudiarse como expresiones del pensamiento conservador, en el siglo pasado, muchas veces antidemocrático y reaccionario, expuesto con altura y peculiaridad.

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