Una canción a la vida

Recordando a Consuelo Ávila

Portada del libro. Acuarela por Calarcá en 1987.

Portada del libro. Acuarela por Calarcá en 1987.

Armando Orozco Tovar

El Festival anual del Semanario VOZ, realizado en la capital colombiana, y en muchos otros sitios del país, sirvió siempre para que se dieran los encuentros amorosos, los saludos con los compañeros, y los abrazos fraternos en medio de las intervenciones políticas, recitales de poesía, orquestas invitadas, cantautores famosos, y grupos musicales invitados nacionales y extranjeros. Felipe Santos y Consuelo Ávila en uno de ellos se conocieron y enamoraron hasta llegar a estar juntos ocho años.

“Nos enamoramos profundamente y nos fuimos a vivir juntos”, dice Felipe Santos. Añadiendo que todas las pertenencias de ambos cabían en un Renault 4. En aquel momento en que nos conocimos estaba vigente el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala, y era para los dos una situación muy crítica. Yo era funcionario del Partido y Consuelo, funcionaria de la Juventud Comunista, pero en ese tiempo ya habíamos comenzado en la coordinación del trabajo dirigido, que fuera ideado por Teófilo Forero, para los sectores fundamentales de la producción y los servicios. En esta labor estaban Miguel Ángel Díaz, Leonardo Posada, Román Vega, Roya y muchos cuadros importantes formados en este trabajo.

Teníamos una visión futurista, la cual después cuajó con la participación de los comunistas en la UP. Yo venía del trabajo agrario y Consuelo se desenvolvía como dirigente de la Juventud Comunista, con mucha estructuración, porque era poseedora de una personalidad muy transparente, de carácter y alegre.

Consuelo era rumbera y poeta. La recuerdo como una persona excepcional, siendo uno de los cuadros de mayor proyección política de toda la historia del partido. Vivimos muertos de miedo en todas las circunstancias que nos tocó actuar pero muy felices y optimistas. No tuvimos hijos, aunque ella perdió uno a raíz del trabajo. Vivíamos de la solidaridad porque no devengábamos salario. Como poeta con María Isabel Mazo, y Gloria Leal, conformaron un grupo poético, presentando sus creaciones en reuniones y en actos culturales.

Nos fuimos a Arauca, dejando el trabajo dirigido, para adelantar la estructuración de la Unión Patriótica en esta región. Fue una escuela maravillosa de una intensidad grandiosa, donde Consuelo asumió la secretaría general del Partido. Con ella y otros compañeros valiosos construimos una Unión Patriótica real, amplia, con diferentes sectores, dirigentes del liberalismo, directores del conservatismo, y sectores independientes.

Construimos una Unión Patriótica de masas que aún hoy conserva su espíritu. Con la gente se construyó un proyecto de desarrollo económico del cual todavía hay aspectos vigentes. Allá en Arauca Consuelo dio toda su dimensión. También se produjo un atentado contra nosotros, costándole la vida al compañero Leonel Forero, por lo cual a Consuelo le tocó salir, quedándome yo un poco más tiempo.

Consuelo viajó a Bogotá, alcanzándola después yo en un momento crítico para la tregua que se firmó en el 84. Fue cuando nos fuimos para Sumapaz, donde ella se enfermó afectada por un extraño virus, tocándole regresar a Bogotá donde murió. Su fallecimiento representó algo muy profundo en el corazón de la militancia. De su libro “Bajo mis pies no florecen amapolas”, ilustrado con un retrato de Consuelo Ávila hecho por Calarcá, impreso en la Editorial Colombia Nueva, Bogotá- Colombia, 1988, se seleccionaron los poemas.

Poemas a la lucha
1974-1987

Caracoles

Van con su casa a cuestas
recorriendo:
ríos
selvas
montañas carreteras
páramos
cañadas
con su casa a cuestas
y su vida pendiente de un cable
son los caracoles
rompiendo caminos
detrás de la alegría
defendiendo sus sueños
edificando amaneceres.

A la vida 1974-1980

Quisiera buscar palabras
como flores perfumadas
para cubrir de color y olores
las letras sosas
del poema de la vida
hallar en el fondo de una barca
tesoros de piratas
adornar de perlas
el ruido de sus voces
y como sirena danzarina
encontrar el amor de los
marinos.

Sensación

Varias veces al lado de la muerte
he tenido cerca su respiro
sentido cerca su dulzor
no es un viento helado y frío
ni un hedor omnipresente
es el descanso dulce melancólico que se siente
acompañando a los que se han ido
en las primeras noches de muerte
dejando dolor soledad e inmensa paz.

Frío

Siento la tibieza de tu cuerpo
en el frío abrasador
que nos rodea
mis labios te dicen adiós
te dejo con tus selvas y tus ríos
mi cuerpo te dice hasta siempre
te deseo!

Una canción a la vida

Quiero morir dejando una
estela de alegría
Quiero morir dejando sembrada
una semilla.
Quiero morir algún
día, porque ahora quiero vivir.

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