Los jóvenes también hablan de la paz

Estudiantes de secundaria relatan a través de sus textos su visión frente a la realidad del país y sus deseos de paz

Carta de una estudiante de secundaria frente a sus anhelos de paz.

Carta de una estudiante de secundaria frente a sus anhelos de paz.

Victoria Raquel Alean Cárdenas

Durante los últimos días los medios de comunicación se han encargado de emitir noticias de toda índole frente al proceso de paz, pero casi nunca se han tomado el trabajo de escuchar las opiniones de los niños, niñas y jóvenes. De ahí surge la inquietud por saber qué están pensando en este momento en el que el futuro del país depende de una decisión tan importante.

La escuela, la casa, el parque y los diferentes escenarios en los que habitan deben ser un punto de referencia para la construcción de un mejor país, por eso me di a la tarea de preguntarle a los estudiantes de grado décimo y once del Colegio Fernando Soto Aparicio qué pensaban sobre el proceso de paz.

Fue así como descubrí que las aulas de clases funcionan como un micropaís en donde se pueden encontrar diferentes puntos de vista. Lo grato de esta experiencia es poder sentir que en las generaciones venideras hay esperanza. A pesar de haber visto el conflicto desde sus televisores y escuchar diferentes versiones de lo que es la guerra en Colombia, hay posiciones muy interesantes que pueden dar enseñanzas a muchas personas que aún no se atreven a darle un sí a la paz.

En palabras de la estudiante Tania Daniela Trejos podemos encontrar una necesidad de solidaridad con nuestros vecinos y también una invitación a pensar por qué es importante mirarnos desde los ojos de quienes han estado durante tantos años afrontando las atrocidades de la guerra: “No seamos egoístas, pongámonos en los zapatos de los desplazados, de las víctimas mayores de la guerra. Al intentarlo podemos cambiar muchas cosas. Di sí a la paz, di sí a la fe, algún día lograremos nuestro objetivo que es una Colombia más bonita”.

Por otro lado Juliana, una estudiante que está a punto de culminar su último año escolar, recuerda las razones por las cuales hay que seguir creyendo que aún existen muchas personas de gran corazón que día a día se preocupan por el país y ven más allá de la euforia de unos pocos: “No he vivido la guerra, no he visto un guerrillero frente a frente, no he escuchado el primer disparo del arma de uno, pero he leído el conflicto, lo he sentido entre páginas y lo he visto en televisión. Tal vez no sea un problema que me afecte directamente, pero está afectando a mi gente y a mi tierra”.

Sus palabras son valiosísimas pero en ocasiones no son tenidas en cuenta porque hay un imaginario en el que los niños, niñas y jóvenes son vistos como algo menor porque aún no tienen la suficiente edad o criterio para temas que únicamente les competen a los adultos. La invitación para todos apunta precisamente a darle una mirada a las intenciones de esos seres que nos rodean, a valorar sus opiniones y creer en el potencial que tienen, a admitir que siempre van a tener muchos temas para contarnos y son ellos quienes necesitan que les garanticemos un país con condiciones mucho más dignas en las que la paz no sea simplemente una utopía.

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