Tratado de Libre Comercio con Corea: Perdedores netos

En el fondo lo que se pactó es que Corea desgrava productos que Colombia no produce, en tanto Corea concede un margen de tiempo para introducir sus productos en Colombia, bienes que si produce, y por tanto los puede comercializar.

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Iván Posada P.

En julio de este año entró en vigencia el tratado de libre comercio entre Colombia y la República de Corea luego de cuatro años de negociaciones y debate en dos legislaturas en el Congreso, incluso en la Corte Constitucional estuvo a punto a hundirse este controvertido tratado.

Desde muchos sectores de la economía colombiana -sindicatos, organizaciones del sector agropecuario, pequeños y medianos industriales entre otros- hubo una fuerte resistencia a este nuevo tratado por las implicaciones en pérdida de puestos de trabajo y aumento de la informalidad en el sector industrial colombiano.

Asimetría

Las diferencias entre las economías colombiana y coreana son evidentes: el país asiático es la novena economía mundial y cuarta en Asía con un ingreso per cápita de 32000 dólares por año, es potencia en el sector automotriz, autopartes, naval, bienes de capital y electrónica. De otro lado, es altamente dependiente de la importación de alimentos para sus 49 millones de habitantes que ocupan un área equivalente al departamento de Amazonas.

Los negociadores presentaron como un logro el hecho que Corea elimina el arancel para el 98 por ciento de los bienes del sector industrial colombiano que ingresen a ese país. En contraprestación Colombia desgrava a mayor plazo, entre 5 y 12 años, la maquinaria, petroquímica, automóviles, autopartes, electrodomésticos, productos químicos y siderúrgicos, entre otros. En el fondo lo que se pactó es que Corea desgrava productos que Colombia no produce, en tanto Corea concede un margen de tiempo para introducir sus productos en Colombia, bienes que si produce, y por tanto los puede comercializar.

Sectores afectados

La industria automotriz y autopartes va ser la más afectada, dados los altos índices de productividad de este sector en Corea. Sólo la empresa Hyundai produce en sus ensambladoras que tiene ubicadas por todo el mundo, 11.000 autos al día, volumen de producción que permite reducir costos y en consecuencia, vender más barato.

Entre tanto, la industria automotriz colombiana quedó reducida a dos ensambladoras: Colmotores que surte el 26 por ciento del mercado interno y Sofasa – Renault con su planta en Envigado, la Compañía Colombiana Automotriz, CCA, que producía vehículos Mazda en Bogotá fue cerrada recientemente y se trasladó a México. Es un sector obsoleto por los bajos nivel de producción, plantas de producción distantes de los puertos y una infraestructura vial atrasada que eleva los costos de transporte.

Hay que resaltar que la línea automotriz es clave dentro del sector industrial en cualquier economía. En la colombiana representa el 6 por ciento del PIB y genera el 2.7 del personal ocupado; entre la actividad propiamente de ensamblaje y de autopartes, genera unos 25.000 empleos.

Sumados estos dos factores, la obsolescencia del sector a nivel interno y la imposibilidad de competir en el marco de los TLC con economías altamente industrializadas, en el largo plazo el sector automotriz colombiano podría desaparecer. Otro sector que se verá seriamente afectado es el de electrodomésticos de línea blanca, cocina y limpieza de hogar. En esencia, este nuevo tratado con la potencia asiática, en nada se diferencia de los anteriormente pactados: exportar materias primas, recursos minero-energéticos (petróleo y carbón), productos del sector agropecuario, artesanías, o sea, bienes con poco valor agregado, y por el otro lado, importar los bienes de capital, perpetúa la dependencia con relación al bloque de naciones desarrolladas.

La alternativa

En lo que tiene que ver con el sector industrial y manufacturero, la política de sustituir la producción nacional con importaciones en el marco de los tratados de libre comercio, está acelerando aún más el proceso de desindustrialización que se inició en la década de los ochenta del siglo pasado, con la mal llamada apertura económica, con un fuerte impacto en el empleo y la informalidad.

Un balance preliminar de este tratado, más los tratados con Estados Unidos y la Unión Europea, nos permite concluir que somos perdedores netos. Estos tratados son una herramienta más de la apertura económica y la globalización.

Lo anterior obliga a replantear la política económica en el sentido de renegociar los tratados hoy vigentes y retomar la vía de la industrialización fortaleciendo el aparato productivo en los sectores claves de la economía colombiana, caso específico, el industrial.

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