¿Aplicar el modelo birmano?

A través de organizaciones de fachada de ‘derechos humanos’, organismos de inteligencia de los Estados Unidos financiaron, hace pocas semanas, un viaje desde La Habana a Rangún de un grupo de líderes de la contrarrevolución cubana, con el objeto de que observen la “transición a la democracia” que ha tenido lugar en Birmania, después de que ese país tuvo un gobierno socialista.

El costoso viaje fue financiado por la Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA, y el Instituto Internacional Republicano, con fondos gubernamentales asignados a la financiación de programas de desestabilización política en la isla del Caribe. Participaron en el periplo Jorge Luis García Pérez, Berta Soler, Antonio Enrique Gonzales-Robles, Laritza Diversent, Kisenia Yalit y Bernardo de Quesada Salomón, entre otros activistas de grupos contrarrevolucionarios en La Habana.

A partir de 1962, Birmania tuvo un gobierno socialista que no fue del agrado de los Estados Unidos. De inmediato, la Casa Blanca organizó actividades desestabilizadoras, como lo hizo también en Vietnam, Camboya, Laos y otros países de la región. Washington apoyó con abundantes recursos la “oposición interna”, un proyecto muy similar a lo que se conoce hoy como las “Damas de blanco” en La Habana. Enfrentaron a sectores religiosos y bloquearon económicamente a Birmania, con el apoyo de la Unión Europea, bajo el pretexto de que se violaban los derechos humanos.

Estados Unidos sueña con que la conspiración birmana, que provocó el derrocamiento de un gobierno legítimo y frustró los anhelos de liberación de un pueblo, constituye un modelo que se puede aplicar en Cuba.

Barack Obama en visita a Birmania.

Barack Obama en visita a Birmania.

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