La tumba de Antígona: Mi carta por la paz

No soy una personalidad importante en este país, pero así como muchas figuras reconocidas lo hicieron, yo también escribiré una carta a mis hijas e hijo, sobre la paz de Colombia

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Renata Cabrales

Querida Sofy: no sé si sentirme orgullosa o impotente con tus deseos de ser la mejor cineasta desde que tenías 10 añitos y atesorabas varios guiones de películas de tu autoría.

Ha sido muy difícil para nosotras, por diferentes motivos, lograr tus propósitos, pero eso no te ha quitado las ganas de luchar y de ser la mejor de tu clase, con el fin de ganar una beca y poder seguir estudiando, o pasar ese examen de la Nacional, que, según afirmaste, era “qué visaje” por lo difícil. Pero aun así, te esforzaste.

Lo que más me enorgullece es tu optimismo por la paz, pues no solo piensas en las mejores oportunidades que tendrás para conseguir tus objetivos, sino que piensas siempre en ese otro: “Te imaginas, con todo ese dinero que ya no será para la guerra, ¿cuántos muchachos podrán ir a la universidad y no a prestar el servicio militar?, qué dicha, si la universidad es lo máximo. Yo soy muy feliz estudiando y desde el cine contribuiré con la memoria de mi país”.

Gabriela: querida hija, quiero decirte que nunca dejarás de asombrarme, ya que al verte encerrada en tu mundo propio, siempre pienso que lo que sucede en el mío, poco te importa, y resulta que al abrir la boca, las pocas veces que lo haces, me demuestras ¡cuán enterada estás de todo! Confieso que a veces me aturdo con los no, y no respondo tan asertivamente como tú. Pero no te preocupes, pronto este país dejará de polarizarse en bandos ridículos y tus compañeros y tú aprenderán a coexistir con tolerancia y amor hacia el otro, esto último es el principio de la verdadera paz.

Lucas: alguna vez soñaste con ser presidente, apenas tenías ocho años. Pero de tanto andar conmigo esta triste realidad, te desesperanzaste y viste imposible tu deseo. Pensaste que no había solución y aún continúas pesimista.

Afortunadamente no eres un no, pues tu espíritu humanista te empuja a diario a creer que aún se puede, y aunque estás seguro de que esta no es una paz perfecta, prefieres aportar para construirla poco a poco y gozar de un futuro mejor, antes de creer las incoherencias de los que prefieren votar no para que sí haya paz, “yo digo Sí, por una mejor educación, pues en el colegio siempre me enseñan lo que ya he visto hace años, ah, y para que la gente deje de creer en bobadas. ¡Cómo así que los niños se volverán homosexuales? Qué falta de lógica!”. Así es hijo, votaremos Sí por una paz verdadera, que nos garantice dejar de escuchar tantas insensateces, pero por supuesto, para que no sean asesinados más niños y niñas inocentes como su hermanita Alejandra.

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