Carlos A. Lozano Guillén: “La izquierda debe administrar la paz”

La voluntad política de las partes, la afinada política de las FARC y el apoyo de actores sociales son el secreto de la firma de los acuerdos de La Habana. Entrevista a un arquitecto de la paz

Enrique Santos Calderón y Carlos A. Lozano Guillén, dos protagonistas que contribuyeron para abrir camino a los diálogos de paz. Foto Ramón Jimeno.

Enrique Santos Calderón y Carlos A. Lozano Guillén, dos protagonistas que contribuyeron para abrir camino a los diálogos de paz. Foto Ramón Jimeno.

Hernán Camacho
@camachohernan

Siguiendo la línea trazada por el XIII Congreso del Partido Comunista Colombiano, PCC: la apertura democrática, Carlos Lozano comenzó una tarea política que ha cumplido a carta cabal. Aunque trabajó desde el gobierno de Belisario Betancur en los diálogos de La Uribe, su trabajo se destacó en el Caguán en la Comisión de Notables y por el Acuerdo Humanitario. Finalmente, en los diálogos de La Habana, hizo parte de los acercamientos secretos, por petición del gobierno cubano. En este especial de paz hablamos con él sobre la perspectiva de un nuevo país.

–¿Tres personajes que a su juicio han trabajado por la paz?

–Henry Acosta, Álvaro Leyva y Piedad Córdoba, entre otros. Pero hay que destacar la labor de varios prelados de la Iglesia Católica, así como del Partido Comunista Colombiano. Siempre el Partido estuvo allí trabajando, desde La Uribe, con Gilberto Vieira, hasta La Habana con camaradas destacados para esa tarea.

–¿Con los antecedentes históricos, de traiciones y frustraciones, pensó que este nuevo intento tendría la misma suerte?

—No pensé que tuviera éxito porque Santos representaba la nefasta política de “seguridad democrática”, que adelantó en el gobierno de Uribe una feroz ofensiva contra las FARC. Demostró su inconsecuencia al comienzo de los acercamientos con la orden de atacar a Alfonso Cano, quien fue asesinado en las montañas del Cauca. Esta observación se la hice a los cubanos. Tras la muerte de Cano creí que no habría diálogos.

El Encuentro de Barranca

–¿Qué considera que fue clave para que las FARC acogiera la propuesta de Santos?

–A mi juicio lo clave fue la participación de un hombre del establecimiento como Enrique Santos Calderón, el hermano del Presidente. Curiosamente eso le dio mucha confianza a Alfonso Cano para percibir la seriedad de la propuesta y no creer que se trataba de un engaño. Quizás la confianza es por lo que representa Enrique, siendo un hombre del establecimiento tiene una posición decente en asuntos como la paz, el conflicto y los cambios sociales. Un hombre abierto, tolerante y de espíritu democrático. También generó confianza el emisario Henry Acosta.

–¿Cómo se le acaba el escepticismo y ve posible una agenda de conversaciones?

–La certeza de que se podía llegar a un proceso fue el encuentro de Barranca, que es un antecedente de la creación de Marcha Patriótica, se presentó un mensaje en video de Alfonso Cano en que plantea cinco propuestas frente a la posible negociación. Una agenda muy similar a la que se discutió en La Habana. Una reunión con Timoleón Jiménez, después del Encuentro de Barranca, me permitió entender la seriedad de los cinco puntos y la disposición de las FARC de dialogar si había esa posibilidad.

–¿Timoleón Jiménez le contó algo del proceso en ciernes?

–Conversamos de muchos temas pero no de que existieran acercamientos en ese momento con Santos. Lo que sí me quedó claro es que las FARC siempre mantuvieron la posibilidad de sentarse a dialogar sobre los cinco puntos que planteó Alfonso Cano. Esto fue antes de su muerte.

–¿Y qué seguía después del asesinato de Cano?

–Con la incertidumbre de saber qué iba a pasar con los acercamientos, me encontré de nuevo con Timoleón, ya como nuevo comandante en Jefe de las FARC-EP. Me sorprendió la madurez y el realismo político que tenía, muy a pesar de la muerte en estado de indefensión de Alfonso Cano. Me dijo que la decisión del Secretariado era seguir con el proceso como un homenaje a Cano. Por eso el día de la firma de los acuerdos Timoleón dijo: ¡Alfonso, cumplimos!

Timoleón me puso al tanto de los pormenores del diálogo secreto y de las razones para seguir adelante. Con eso ratifiqué que las FARC estaban cohesionadas y en disposición de establecer diálogos de paz, en ese momento incierto en sus resultados, es evidente que la muerte de Cano y las vacilaciones de Santos no les generó confianza.

Intenso trabajo

–Las crisis del proceso, ¿cómo se superaron esos momentos?

–Hubo momentos difíciles. Sin embargo se superaron, porque las partes escucharon distintas opiniones y en eso jugó un papel importante Henry Acosta. También la dirección del Partido Comunista. Pero lo más importante fue la decisión y la voluntad de ambas partes. Hubo el convencimiento de las dos de que la vía militar estaba agotada.

–¿Cómo era el trabajo de la delegación de paz insurgente en las conversaciones?

–Ellos trabajaban más por fuera de la mesa que en ella misma. Vi una guerrilla disciplinada que trabajaba a fondo, casi las 24 horas del día. Me sorprendía la cantidad de documentos que elaboraban, propuestas, alternativas, planteamientos de los temas críticos. Por ejemplo, con VOZ circuló el libro de las 100 propuestas agrarias. El trabajo era muy fuerte, incluso iba gente de todo el mundo a conversar con ellos y sacaban tiempo para atenderlos, con todo y las restricciones que pretendió imponer el gobierno.

–¿De qué depende el cumplimiento de los acuerdos? ¿La oligarquía cumplirá?

–Esta oligarquía es la más atrasada del continente y le tiene pavor a los cambios. Ellos saben que cuando se abra la democracia y existan garantías para un nuevo momento político su poder se vuelve frágil. El desafío está en preservar lo alcanzado y eso se garantiza con la vigilancia y la movilización social y popular.

–¿Un pacto político?

–Sí. Pero aclarando que no puede ser un pacto de cogobierno con algún sector de la oligarquía, no. Es un pacto por la democracia para sacar adelante los acuerdos de La Habana.

–¿Cuál es la ruta de la unidad: la unidad comunista y luego la unidad con los sectores de izquierda?

–Esa sería la ruta ideal, lo que no podemos permitir es que ese proceso sea un obstáculo. Ojalá se den las condiciones para un solo Partido Comunista, pero hay que a la par avanzar por la unidad de todos los sectores de izquierda, la paz no puede estar administrada por la derecha.

La unidad de la izquierda

–¿Ve a la izquierda madura para ser esa alternativa?

–Siempre que superemos las ataduras, el sectarismo. Tenemos que hacer un programa común de la izquierda, ver la perspectiva de los que será el 2018 con unas reglas de juego que surgen de los acuerdos de La Habana. Frente Amplio para defender los acuerdos, empujar la unidad de la izquierda, ser alternativa de poder y convertirnos en gobierno.

–¿La próxima vez que se encuentre con Timoleón Jiménez en persona qué le va decir?

–Le daré un gran abrazo. Él ha demostrado mucha capacidad, mucha serenidad para manejar el proceso de paz. Llegar a los acuerdos fue un esfuerzo colectivo de toda la organización guerrillera, la conducción de Timoleón fue muy importante y talentosa. La paz es un triunfo de las FARC, es un triunfo de la política. La delegación de La Habana merece un gran reconocimiento nacional. Y lo segundo decirle que hay que buscar la unidad. Estoy seguro que las FARC no se van a cocinar en su propia salsa. Es el momento de la unidad y ellos deben ser unos de los promotores de esa unidad revolucionaria y democrática que el país necesita para su transformación.

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