Me resisto al olvido

Lo que buscan quienes me encarcelaron es eso, invisibilizarme para borrarme del paisaje, recordando las palabras del poeta Pablo Neruda en su obra Confieso que he vivido: “Estos contradictores se sienten estimulados y quieren apagar la luz para que a uno no lo vean”.

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David Rabelo Crespo

Durante todos estos años de encarcelamiento, no solamente me resisto a las injusticias por las que estoy pasando, sino que en la medida que pasan los días, los meses y los años, ello trae consigo de manera inexorable el paso del tiempo y llega el olvido. A eso me resisto, a no ser borrado con el paso del tiempo.

Lo que buscan quienes me encarcelaron es eso, invisibilizarme para borrarme del paisaje, recordando las palabras del poeta Pablo Neruda en su obra Confieso que he vivido: “Estos contradictores se sienten estimulados y quieren apagar la luz para que a uno no lo vean”.

Precisamente, esa luz me la han apagado en diversas ocasiones y de muchas maneras, para que no me escuchen y no me vean, es decir buscan por todos los medios silenciarme, borrarme del mapa o más bien de la faz de la tierra. Seguramente esos detractores están convencidos de que sus malignas pretensiones son fáciles de cumplir, y no es para menos, porque a alguien, como en mi caso, al que han puesto en la picota pública, me han estigmatizado y enlodado, utilizando los métodos más bajos, ruines y viles; ese cometido perverso es fácil de conseguir, el de reducirme a cenizas, eso piensan y buscan. Pero me resisto, no solamente al olvido, sino también a las funestas pretensiones de hundirme en el fango de la falacia por quienes utilizan el engaño para conseguir sus fines perversos.

Sin olvido y sin silencio, porque como dijo Elie Wiesel, Premio Nobel de Paz en 1986: “El silencio alienta al torturador, nunca al torturado”. Claro, nunca me he callado, la tortura y vejámenes a los que me han sometido de manera permanente se han estrellado con el eco de mi voz que clama justicia. Justicia contra la injusticia y verdad contra la mentira. No puedo callarme, porque el silencio alienta la injusticia, alienta a los falsificadores y a los torturadores.

En este calvario al que me han sometido durante tanto tiempo, pareciera que la injusticia se está imponiendo, porque son tantas las arbitrariedades cometidas en este proceso judicial, aparentando que la mentira está triunfando sobre la verdad. Son tantas las injusticias, pero también tantas las evidencias que demuestran el descaro de este proceso, que me hace recordar al poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, quien escribió: “Cuando los que luchan contra la injusticia están vencidos, no por eso tiene razón la injusticia”. Porque no tiene la razón la injusticia es que me resisto, persevero para que ese torrente de luz de la verdad brille con todo su fulgor y se imponga ante la sombra oscura de la falsedad.

En estas circunstancias donde la incertidumbre es el pan de cada día, no me someto al olvido y menos me puedo acostumbrar, y, como el ave fénix me levanto de las cenizas, insisto en descubrir la verdad y sale a flote todo el andamiaje del plan criminal que utilizaron para encarcelarme.

No puedo desfallecer, me lleno de energías e ilusiones y siempre recordando al poeta Víctor Hugo, quien afirmó: “El alma tiene ilusiones como el pájaro tiene alas: es lo que la sostiene”

Claro, no solamente me mantiene la moral en alto el hecho de que paulatinamente se está conociendo la verdad de los hechos, sino que la solidaridad ha sido un eje esencial para que esa moral siga incólume evidenciando y venciendo a las fuerzas oscuras que tejieron todo el andamiaje de este montaje criminal.

Como la vida es la sumatoria de muchos momentos y el olvido es la resta de los acontecimientos no realizados, en ese sentido cobran vigencia las palabras del poeta Marcos Ana, quien estuvo en las mazmorras del franquismo español durante 23 años de su vida: “Hay momentos tan tremendos en la vida que el corazón no puede desahogarse con el llanto sino con la acción y la solidaridad”.

Desde luego que a las vicisitudes del encierro y la persecución hay que inyectarle muchas energías, fortaleza y acción permanente, eso lo he hecho, tratando que lo difícil se vuelva fácil. Sin lugar a dudas que mis lágrimas siguen siendo invisibles, invisibles como el viento, bajan al fondo del alma como sembrando semillas. Semillas de esperanza, semillas de dignidad y semillas de libertad, ese ha sido mi trasegar en todos estos días, meses y años en prisión. Pero también la solidaridad que he recibido ha sido fundamental para que esas injusticias y ese olvido no se aniden, sino que por el contrario afloren todas esas verdades que harán posible mi libertad.

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