Ante el gran revés, serenidad y sapiencia política

¿Qué hacer? Insistir, persistir en la paz con justicia social. El presidente ha llamado a todas las fuerzas políticas. Hay que asistir para sustentar el proyecto sobre qué tipo de paz necesita Colombia.

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Nelson Lombana Silva

Los resultados del plebiscito son catastróficos y contradictorios, sobre todo si se reafirma lo dicho por el presidente Santos de que si ganaba el no era el fin del fin. Es más, si se consideraba que la pugna era entre la paz y la guerra. Así las cosas, tendríamos que decir que ganó la guerra.

Sería demasiado apocalíptico pensar así. Imposible creer que el pueblo colombiano esté porque siga la cruda violencia que merodea los 52 años. Que siga el pueblo pobre matándose con el pueblo pobre, mientras la rancia oligarquía se ufana y le saca partida para sus intereses de clase.

No se puede hacer una lectura plana en esos términos, realmente no nos llevaría a dimensionar sobre lo que realmente pasó ayer en Colombia. Tampoco se puede interpretar el estrecho margen como un espaldarazo a la extrema derecha, a la corrupción y a la apátrida clase dirigente que entrega el país sin sonrojarse.

No hay que caer ni en la desesperación, ni en la incertidumbre, ni en el desfallecimiento por encontrar una paz justa, democrática y real para todos y todas. En la adversidad, serenidad y decisión.

Hay que analizar crítica y autocríticamente por qué sucedió lo que sucedió. Para ello habría que comenzar por la abstención, esta ronda el 62.50 por ciento. El grueso del pueblo colombiano apto para sufragar no entendió lo que se estaba definiendo. Terrible. Lamentable.

Hay por supuesto, muchas razones, en la inmensa mayoría válidas, sobre este comportamiento del pueblo colombiano. Una de entre muchas es que votar no es sinónimo de democracia. El pueblo colombiano vota, pero no elige. No hay una compensación real y efectiva que estimule este derecho.

La imagen del presidente Santos en conjunto es deplorable. Su modelo económico, la danza de la corrupción en las alturas del poder, la pobreza galopante, el desempleo, su casamiento perenne con las multinacionales y transnacionales, son apenas pinceladas contadas a vuelo de mariposas amarillas.

El desconocimiento del acuerdo final suscrito en La Habana (Cuba) por parte de los electores. Prácticamente, el pueblo colombiano fue convocado a ciegas a un plebiscito. Fue de gancho ciego, como dice el pueblo.

Eso lo aprovechó la extrema derecha con sevicia, cabalgando sobre la mentira, la intriga, la tergiversación y el ocultamiento de la verdad. Es una pírrica victoria del mal, una irresponsabilidad extrema de anteponer el ego al interés colectivo. Ganó por ahora la impunidad, por cuanto el acuerdo tenía clara su posición frente a las víctimas: verdad, justicia, reparación y no repetición. Era a lo que más le temían Álvaro Uribe Vélez y su patota, por cuanto ellos persisten en su engaño de presentarse ante la faz de Colombia como personas de bien, cuando realmente no lo son. Uribe –por ejemplo– no ha presentado públicamente su declaración de renta. ¿Eso es propio de una persona decente y de bien?

El papel mediático fue deplorable. Criminal. Manipuló. Alienó. Embruteció. Enajenó. El pueblo colombiano no pudo libremente expresarse. La forma como los medios presentaron y presentan a la insurgencia es realmente decepcionante. No hay neutralidad, no hay objetividad, no hay imparcialidad.

La derecha que estuvo supuestamente por el sí, se preocupó más por armar su tinglado para quedarse con la mayor tajada del proceso de paz que por hacer realmente pedagogía por la paz y el acuerdo final. No sudaron la camiseta. Se movieron en busca de los recursos para sí. En el Tolima –por ejemplo– no hubo un solo evento masivo, claro y contundente liderado por la derecha. Quizá sigue pensando que el pueblo es borrego que con simple declaración de prensa resulta suficiente.

Vino el ministro del Interior a la ciudad de Ibagué y en vez de reunirse con el pueblo en el parque Manuel Murillo Toro, se reunió en el Club del Comercio con los lagartos aduladores. El secretario municipal de Gobierno impidió que el Partido Comunista le comentara y denunciara el asesinato del líder comunista en Coyaima y de la campaña del no armada que se venía desarrollando en varios municipios del departamento. Panfletos amenazantes circulaban casi que libremente, especialmente en el sur del Tolima.

Sin exagerar, y desde luego teniendo que hacer el análisis crítico y autocrítico de la izquierda, la votación del sí fue en sumo grado obra de ésta. Sin recursos económicos y cada quien por su lado, realmente hizo ingentes esfuerzos por desalienar y explicar el contenido del histórico acuerdo en Colombia, especialmente en el Tolima.

¿Qué hacer? Insistir, persistir en la paz con justicia social. El presidente ha llamado a todas las fuerzas políticas. Hay que asistir para sustentar el proyecto sobre qué tipo de paz necesita Colombia, la cual se ha dicho: paz con justicia social. No es la paz por la paz, ni la pax romana, es decir, la paz de los vencidos. Paz como producto que resuelva en parte las causas que dieron origen al conflicto.

Pero la izquierda también debe reunirse para evaluar y proyectar acciones conjuntas. Hay que superar la ambivalencia de algunos sectores que a veces asumen una postura cantinflesca y triunfalista. La pelea es peleando.

Debemos reconocer el esfuerzo del movimiento insurgente. Su vocación de paz y su interés de abandonar la guerra para asumir el debate político. Los medios masivos de comunicación deberían ser autocríticos. Qué mal les hacen a Colombia con esta postura del unanimismo, una sola versión.

Los que votaron por el sí sinceramente, no se deben sentir derrotados; que se sientan derrotados los que votaron por el no, por cuanto con su voto han contribuido a perdurar el drama de la violencia en Colombia. No supieron lo que hicieron, parodiando la frase de Jesús en la cruz, pues fue tal la ceguera que no acogieron el cálido llamado del Papa Francisco, siendo supuestamente católicos a morir muchos de los que votaron por el no. Perdón para ellos, se equivocaron de cabo a rabo, diría Gabriel García Márquez.

Finalmente, ¡Qué vergüenza ante la comunidad internacional! Tuvimos la paz entre las manos y la descartamos, todo por el capricho de los que pudiendo hacer la paz no la hicieron y se dedicaron todo el tiempo a la guerra contra el pueblo.

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