Mantener en alto la bandera del cambio democrático para la paz

Declaración del Partido Comunista Colombiano

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El resultado del plebiscito del 2 de octubre que ha favorecido al no por una ventaja de 53.894 votos, en una votación total de 13.066.047, con una abstención cercana al 63%, pone en evidencia una división de la opinión interviniente en los fenómenos político-electorales a propósito del respaldo a los acuerdos de paz entre el Gobierno nacional y las FARC-EP. Este resultado, inesperado hasta para los partidarios del no, resalta nuevamente la polarización inducida por los factores dominantes de la ultraderecha y del guerrerismo que ganan pírricamente en un escenario de estupefacción y de peligrosa crisis política en la conducción del Estado.

La campaña por el no desplegó la bandera del odio y la retaliación, agitó los gastados espantajos del anticomunismo pero, sobre todo, alentó el miedo y la incertidumbre entre sectores populares atemorizados por los cambios que el proceso de solución política trae para el país. El Gobierno de Santos tiene grave responsabilidad en estos resultados: persistió tercamente en un plebiscito innecesario y riesgoso, después de concluir con éxito evidente los acuerdos, favorecidos por la actitud afirmativa y constructiva de las FARC-EP, el empeño diligente de los dos equipos negociadores, el apoyo de los países garantes, Cuba y Noruega, acompañantes, Venezuela y Chile, de las NN.UU. y de la opinión internacional.

El ansia irrefrenable del establecimiento de mostrar el acuerdo como una victoria exclusiva suya y de sus descomunales despliegues militares, el tratamiento de terroristas, criminales, narcotraficantes y todas las formas de denigrar de la condición humana dado a la contraparte por el poder del gran capital mediático, agrandaron la perplejidad de muchos votantes que dudaron entre un no temeroso y la abstención.

Triunfo formal

El triunfo formal del no, sin argumentos racionales, con recurso a las reacciones primarias, muestra la desesperada angustia del gran capital para detener los cambios inevitables. El nuevo Plan Cóndor del imperio, contra los procesos democráticos en el continente, con sus cuantiosos recursos publicitarios en RCN y personeros como el ex presidente Pastrana, no podrá impedir la consolidación de una paz justa y duradera en Colombia.

Para el Partido Comunista Colombiano la campaña por el sí, en un tiempo en extremo corto, no es una derrota del pueblo. 6.377.482 ciudadanos, principalmente jóvenes, mujeres y trabajadores, se han pronunciado a favor de una solución política, a través del diálogo civilizado y el acuerdo, y han rechazado el resurgimiento del viejo país del paramilitarismo y del exterminio. Este es un hecho trascendental que implica la convergencia significativa entre el Acuerdo logrado por el gobierno y las FARC-EP y esos millones de ciudadanos que han comprometido su voto para que estos acuerdos puedan desarrollarse, aplicarse y cumplirse de acuerdo con los cronogramas originalmente establecidos.

De acuerdo con la sentencia de la Corte Constitucional que declaró exequible la ley de convocatoria al plebiscito, el no mayoritario inhibe la aplicación del acto legislativo que autorizaba la vía rápida, las facultades extraordinarias y otros mecanismos de agilización para integrar tales acuerdos al bloque de constitucionalidad. No obstante, este acuerdo entre un Gobierno en ejercicio legítimo y un movimiento rebelde que ha decidido buscar una solución política, guarda plena validez, ha sido depositado ante el Consejo Federal de la Confederación Helvética como garante de éstos como acuerdos especiales y por lo tanto tiene una validez de cara a la constitucionalidad colombiana, de cara al Estado colombiano y de cara a la comunidad internacional.

Cumplir acuerdos

El Partido Comunista Colombiano, integrante de la Plataforma La Paz Sí es Contigo y de la política de Frente Amplio por la Paz con justicia social, democracia y soberanía, llama a la opinión popular, a los sectores que respaldaron con su voto afirmativamente los acuerdos, a todos aquellos que se abstuvieron de votar e incluso a quienes, habiendo votado no, lo hicieron bajo los efectos del engaño por parte de los grandes medios de comunicación comprometidos con el guerrerismo, a apoyar en adelante no solo la aplicación de estos acuerdos sino su cumplimiento estricto por las partes, comenzando por el cese al fuego bilateral y definitivo y el papel de la Verificación Tripartita que ya está desempeñando un papel de guardiana de ese cese al fuego.

El oportunismo en la coyuntura es la pretensión de Uribe, con el apoyo abierto de sectores del gran capital, de modificar los acuerdos en sus principales puntos de contenido político relativos al fin de la guerra como la justicia y reparación para las víctimas, la amnistía y el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición y el Tribunal Especial para la Paz que Uribe considera una sustitución de la Constitución.

La ultraderecha uribista pretende que los dirigentes de las FARC-EP vayan a la cárcel y que nunca puedan ejercer sus derechos políticos. El uribismo en particular le teme a la creación de un Tribunal Especial de Paz y de todas las medidas que favorecen a las víctimas, entre ellas las de la verdad histórica. El gran temor a la verdad es el principal argumento de la ultraderecha en contra de los acuerdos y procesos concertados.

Después de una guerra contrainsurgente de 68 años, contra varias generaciones de rebeldes no derrotados y una solución política ya acordada, la ultraderecha intenta eternizar el sistema político excluyente que justificó la rebelión y lograr una victoria de última hora para cambiar a favor de la impunidad y de sus cómplices más de cuatro años de complejas negociaciones y acuerdos, respaldados por la comunidad mundial.

El PCC respalda la necesidad de una Pacto Político Nacional, tal como está concebido en el punto 3.4 del Acuerdo, es decir como el compromiso de poner fin al paramilitarismo, al uso de las armas en la política, de otorgar plenas medidas de seguridad para todos en la vida pública y en la concreción de las disposiciones constitucionales y legales para la No Repetición. De ninguna manera puede ser otro “frente nacional” de la derecha ni un medio para asegurar la gobernabilidad de Santos en la revisión de los acuerdos y la implantación de decisiones antipopulares.

La única actitud consecuente es el respaldo a los acuerdos de paz en todas sus implicaciones y hasta concretar su implantación completa, incluido el diálogo con el ELN y el EPL. El Pacto Político de garantías para la vida, las libertades y la No Repetición debe despejar el camino a una Asamblea Nacional Constituyente que materialice institucionalmente los cambios y reformas democráticas más importantes.

Entendemos que la crisis política se puede profundizar por las pretensiones del gran capital financiero de apropiarse de las pensiones de los jubilados; continuar las privatizaciones de entes públicos, incluidas Ecopetrol, la ETB, lo que queda de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, entre otras. Los acuerdos de paz no implican una reforma tributaria centrada en subir el IVA y ampliarlo a los productos de la canasta familiar.

Paz con justicia social

La lucha por la justicia social es parte de la lucha por la paz. Los despidos y el desempleo proliferan. En nombre del Estado, el Esmad mata, hiere y atemoriza a los humildes que protestan contra la entrega de los territorios al gran capital transnacional. La fuerza pública de la nación no puede continuar al servicio del capital y en contra del pueblo trabajador.

Ahora la paz dependerá también de la movilización popular, incluyente de las reivindicaciones y exigencias de la lucha social. Todas las vertientes de la lucha social por la paz y toda la izquierda revolucionaria, política y social tienen que estar presentes e intervenir en el Pacto Político para consolidar el acuerdo de paz.

Apoyamos la unidad de todas las corrientes y campañas comprometidas con los acuerdos, de las fuerzas de la izquierda que integran las iniciativas de movilización del Frente Amplio y propugnamos por el acuerdo nacional para la acción unitaria de masas con el Comando Nacional Unitario, la Unión Sindical Obrera, la Mesa Minero Energética y Ambiental, la Cumbre Agraria, Indígena y Popular, el estudiantado en movilización y todas las plataformas de lucha que hoy convergen en la necesidad de darle sentido transformador al momento histórico que está construyendo el pueblo colombiano.

Partido Comunista Colombiano
Comité Ejecutivo

Bogotá, octubre 3 de 2016.

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