Diego Rivera, en busca de la moral humana

El artista fue, al tiempo que desarrollaba su trabajo creativo, un agitador a la vanguardia de movilizaciones tumultuosas, bajo las banderas del Partido Comunista Mexicano, del cual fue fundador y militante.

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Libardo Muñoz

Un antiguo documento parroquial, casi borrado por el tiempo, archivado en una iglesia de Guanajuato, México, da cuenta del bautizo de un recién nacido, a quien llamaron Diego María De La Concepción Juan Nepomuceno Estanislao De La Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez. El futuro pintor nació el 8 de diciembre de 1886, tuvo un hermano gemelo que no llegó a vivir dos años por los estragos de un raquitismo que, en las limitaciones del hogar del viejo Diego y de María Del Pilar Barrientos, no era algo de extrañar.

En el propio Diego, las penurias y la mala alimentación durante los primeros años de infancia estuvieron a punto de cambiar la historia de la pintura mural mexicana y el acontecer político del país durante las primeras cinco décadas del siglo XX, pues el artista fue, al tiempo que desarrollaba su trabajo creativo, un agitador a la vanguardia de movilizaciones tumultuosas, bajo las banderas del Partido Comunista Mexicano, del cual fue fundador y militante.

Faltaban por lo menos treinta años para que Diego Rivera obtuviera el meritorio lugar que las artes plásticas le tenían preparado como alto representante de la escuela muralista mexicana, al lado de David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo, también actores de la sociedad sacudida por el huracán de la primera epopeya revolucionaria del siglo XX, con Pancho Villa y Emiliano Zapata al frente.

Para Diego Rivera fue definitiva en su formación humanística y artística la proximidad del inmortal Lázaro Cárdenas, presidente de México, patriota defensor del petróleo de su país, quien le da el apoyo para que vaya a España donde vio obras originales de Goya, El Greco y Brueghel que lo dejan maravillado.

El arte universal

El siguiente contacto de Rivera con el arte universal sería en 1909, cuando conoce París y luego viaja a mediados de 1916 por Ecuador, Bolivia, Argentina.

Pero es en la capital francesa donde Diego Rivera se codea con lo más importante de la intelectualidad de la época, Pablo Picasso, Ramón María Del Valle Inclán, Alfonso Reyes Ochoa con quienes compartiría conceptos entre vinos y largas noches de juergas.

Un pintor en especial despertaría en Diego Rivera las claves para su paso al postimpresionismo: Paul Cezzane, con sus lienzos de colores vivos y audaces.

Pasa Rivera a Italia en 1920 y entra en contacto con la pintura del Renacimiento donde comienza la figura humana a adquirir un puesto importante.

A su regreso a México en 1921 es cuando Diego Rivera entra a desempeñar su papel en el renacimiento del muralismo. Alternaría con Siqueiros, Orozco y Tamayo, no solo en la pintura sino además en el terreno político.

Aparece el primer gran mural de Diego Rivera, “La Creación” en el anfiteatro Simón Bolívar, enorme fresco que tiene como tema central la formación de la raza mexicana, obra firmada en 1922.

“La creación” se considera la piedra angular de la postura política de Diego Rivera, funda el Partido Comunista mexicano y al lado de los trabajadores, los artesanos y los campesinos participa en agitados mítines de solidaridad con la Revolución Rusa. La efigie de Lenin encabeza aquella multitud rugiente y de ahí en adelante Rivera orientaría toda su obra a lo social.

Diego Rivera ocupa desde ese momento titulares de la prensa mexicana. Entre 1929 y 1935 trabaja sin descanso y en el Palacio Nacional de Ciudad de México pinta un mural narrativo de los aztecas hasta el siglo XX. En agosto de 1929 ocupó la dirección de la Escuela Central de Artes Plásticas pero de manera efímera, debido a diferencias con varios estudiantes.

Frida Khalo

Aunque Diego Rivera tuvo vida sentimental con otras mujeres de su tiempo, su relación más difundida es la que sostuvo con Frida Kahlo, también artista, hija de un inmigrante alemán y poseedora de un temperamento volcánico, que lo acompaña y con quien comparte apariciones en los escenarios políticos y artísticos, hasta su muerte en 1955. Frida Kahlo entra a la vida de Diego Rivera en 1928.

La muerte de Frida destroza a Rivera, y alrededor del féretro de esta mujer excepcional se concentra lo más expresivo del arte y la política mundial. El propio Lázaro Cárdenas va a la cámara ardiente en el Palacio de las Bellas Artes.

Para Diego Rivera fue de gran importancia su visita a Moscú en 1927, invitado a los festejos de los primeros 10 años de la Revolución Rusa.

Pero a Rivera lo esperaba otro episodio del que sería protagonista en 1933, con el magnate Nelson Rockefeller, quien lo contrata para que pinte un mural en el amplio vestíbulo del edificio de la RCA en Nueva York, que era parte de lo que se conoce como el Rockefeller Center en la Fifth Avenue.

Rivera concibe para el Rockefeller Center un mural que titula “El hombre en el cruce de los caminos” y entre los rostros que aparecen en el fresco incluye un retrato de Lenin. La reacción de Rockefeller fue inmediata, se sintió insultado y ordenó la demolición del mural.

La prensa estadounidense se ocupó del episodio del Rockefeller Center, y Rivera al regresar a México pintó el mismo mural en el tercer piso del Palacio de las Bellas Artes.

Rivera y Trotsky

En acontecimientos políticos de su tiempo tanto Frida como Diego tuvieron mucha figuración, en 1936 solicitan al presidente Lázaro Cárdenas el asilo político para León Trotsky, alojado en la famosa Casa Azul, hoy un museo que conserva muchas obras de los dos y se mantienen señales de su modo de vida.

Otra obra inmortal de Diego Rivera es la ilustración del “Canto General” de su amigo Pablo Neruda, con la que obtiene el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México.

En el Estadio Olímpico de la UNAM Rivera dejó “La Universidad, la familia mexicana, la Paz y la juventud deportiva”.

La calle que lleva al Museo de la Casa Azul se llama Diego Rivera y en 2010 el Banco de México imprime el billete de 500 pesos con su cara en el anverso y en el reverso la de Frida Kahlo.

Fallece Diego Rivera el 24 de noviembre de 1957, en San Ángel Ciudad de México, en la casa estudio. Fue velado en el Palacio de Las Bellas Artes, cerca de algunos de sus murales.

Un monumento a Diego Rivera se alza en la Plaza de San Jacinto y sus restos se llevaron a la Rotonda de Los Ilustres.

La vida misma de este pintor y militante comunista fue dramática, como lo fue la temática humana de su obra artística, contenida tanto en sus murales como en su pintura de caballete.

Fue Diego Rivera un apasionado por la creación, atormentado por el sufrimiento de los débiles, alguna vez dijo que su idea era ir en la búsqueda de una moral que fuera al mismo tiempo, un homenaje al esfuerzo honrado de seres anónimos pero protagonistas de la vida.

Al morir, Rivera tenía 71 años de nacido y bautizado en aquella vieja iglesia de Guanajuato.

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