Los caminos de la duda: Triunfó la estupidez

Al movimiento popular le espera un período en el cual se hace necesario templar el carácter, acentuar el trabajo de organización y profundizar la movilización por la paz, por la democracia, por la soberanía, por la defensa de los intereses de las mayorías; por la construcción de una nueva Colombia.

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Alfonso Conde C.

Los abanderados de la guerra, aquellos que durante una centuria se han beneficiado de ella, tuvieron la capacidad de tocar las fibras emocionales de una porción mayoritaria de los votantes del plebiscito que prefirieron la opción de negar la construcción de acuerdos entre las FARC y el gobierno nacional para civilizar la política colombiana.

Dejarse arrastrar a una decisión trascendental para el futuro de una nación, para la vida de sus integrantes, por tales motivaciones hepáticas es, por lo menos irresponsable y a todas luces estúpido. Peor aún si se entiende que la reacción emocional se basó en la mentira y la desinformación sin que muchos se preocuparan por constatar la veracidad de lo profusamente divulgado por las redes sociales y los medios cercanos a quienes, además, ven su propia seguridad amenazada por el compromiso de construcción de la verdad sobre todo lo ocurrido. Graves consecuencias de nuestra deformada “democracia”.

Pero importa más el camino hacia adelante. Sin la lámpara del adivino para predecir el futuro, parece evidente que la implementación de los acuerdos se detiene. Su detención significa el rompimiento unilateral forzado de los acuerdos, incluyendo aquellos tendientes a la democratización de la vida nacional. Ante la evidente crisis política que se desata por los resultados del plebiscito, seguramente se planteará una alianza entre la coalición de gobierno y el triunfante uribismo, con ventaja del último, para golpear unidos a los sectores populares y a los sectores del espectro de la izquierda.

Al movimiento popular le espera un período en el cual se hace necesario templar el carácter, acentuar el trabajo de organización y profundizar la movilización por la paz, por la democracia, por la soberanía, por la defensa de los intereses de las mayorías; por la construcción de una nueva Colombia.

La pelota está en el campo urbano. Al fin y al cabo los sectores agrarios, los indígenas y la comunidad afro elevaron con fuerza su voz por la paz. A la mesa siempre le faltó la pata de los trabajadores urbanos que vieron sólo con interés de espectadores lo que otros considerábamos la tragedia nacional que siempre se ensañó con todos los explotados sin que como clase, se sintieran directamente afectados. La muy escasa participación de los más de veinte millones de trabajadores, organizados o no, es evidencia suficiente de lo afirmado.

La postura de las FARC, aún no oficial en el momento de escribir esta columna, seguramente será la insistencia en ganar la paz.

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