Mirador: ¿Por qué se perdió?

No hubo la iniciativa suficiente y mucho menos ruptura en definitiva con el cordón umbilical de la “seguridad democrática”, programa guerrerista de los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez del cual hizo parte como Ministro de Defensa el actual mandatario de la nación.

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Carlos A. Lozano Guillén

La responsabilidad del resultado adverso al Sí en el plebiscito del pasado 2 de octubre es del Gobierno Nacional. Hizo bien el presidente Juan Manuel Santos en no aceptar la renuncia del jefe de la Delegación de Paz en La Habana, Humberto de la Calle Lombana, porque de lo contrario se hubiera convertido en un chivo expiatorio de la catástrofe gubernamental. En realidad, la responsabilidad es colectiva y recae en un equipo cuya cabeza visible siempre fue el Presidente de la República.

Revisando las páginas de las ediciones de VOZ de los últimos cuatro años, desde cuando comenzó la etapa pública de los diálogos de paz, siempre hubo la crítica recurrente a las posiciones oficiales vacilantes, con concesiones innecesarias y gratuitas a la extrema derecha uribista contraria a los acuerdos de paz. No hubo la iniciativa suficiente y mucho menos ruptura en definitiva con el cordón umbilical de la “seguridad democrática”, programa guerrerista de los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez del cual hizo parte como Ministro de Defensa el actual mandatario de la nación, como también varios de sus altos funcionarios.

Para no ir muy lejos, apenas comenzaba la fase pública del diálogo de paz en la capital cubana, el presidente Santos para apaciguar la rabia y la cantaleta de Uribe, dijo que este era el segundo libertador de Colombia y aludió a que gracias a la “seguridad democrática” las FARC estaban sentadas en la mesa de negociación. Una y otra vez, inclusive en los peores momentos de discordia con su contradictor y antiguo jefe, el presidente decía que la guerrilla había sido derrotada política y militarmente y que a ello obedecía el proceso de paz.

Fomentó el odio visceral contra las FARC y dio a entender que la modalidad de dialogar en medio del conflicto, negando la posibilidad del cese bilateral de fuegos, era para ablandarla mediante los golpes en el campo de batalla y en la represión militar.

Esa opinión la mantuvo hasta el día de la firma del Acuerdo Final en Cartagena, cuando la irrupción provocadora de los aviones Kfir casi que dañan la fiesta. Una y otra vez se le llamó la atención al Gobierno Nacional por la pretensión de imponer decisiones unilaterales. Tendencia que puso en peligro el logro de una paz digna, sin vencedores ni vencidos como la proclamó Timoleón Jiménez.

Como también el señalamiento tendencioso de que solo las FARC debían darles la cara a las víctimas, negando la responsabilidad del Estado y de sectores del establecimiento, que participaron en forma activa en la degradación del conflicto con el argumento criminal de que “todo es válido para derrotar a los terroristas”, dándole la razón a los uribistas en el argumento principal contra la paz. ¿Todavía preguntan por qué se perdió el plebiscito?

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